Hay que salvar la educación

diciembre 3, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La velocidad con que se debe afrontar el proceso de reconstrucción nacional no debe dejar a un lado la educación como si fuera algo secundario respecto a todo lo que debe reactivarse. La paralización de la educación, en el total del lucro cesante que le dejará al país la pandemia y los dos huracanes, es sin duda la pérdida más grande en el momento que se mida la cuantía de la pérdida que le significa a Honduras que más dos millones de niños y jóvenes hayan perdido el año escolar con el cierre de las clases presenciales. Paralizar la educación es lo más grave que le puede pasar a un país, por eso, cuando los maestros van a la carga por sus conquistas económicas a través de los frecuentes paros por cualquier razón, dejando a los niños sin recibir las clases, el daño que le producen al país es uno de los más insensatos que no admite justificación.



La idea de la Secretaría de Educación de extender el año lectivo hasta febrero de 2021 está más que justificada, cualquier idea que se ponga en práctica en procura de recuperar aunque sea una parte del año educativo es plausible, porque tratándose de nuestra niñez cualquier medida es mejor que quedarse de brazos cruzados. Este es el momento preciso para celebrar un pacto social por la educación que debe ser apoyado por toda la comunidad educativa, en el que deben estar en primera fila los maestros y las organizaciones magisteriales, las organizaciones sociales, los padres de familia, las iglesias, los medios de comunicación, los partidos políticos y desde luego las autoridades educativas del país.

Un pacto educativo es más que necesario en estos momentos. Pero que no sea un trabajo aislado de un solo sector, porque solo las autoridades educativas no pueden sostener esta carga que es demasiado pesada, tratándose que en este momento es un asunto de Estado, eminentemente es un problema de país en el que debemos estar involucrados todos los hondureños siendo que está en juego el futuro de un amplio sector que es la esperanza de Honduras en los próximos años, como es esta generación de niños llamada a conformar los cuadros que habrán de sostener la dirección del país en los próximos veinte o treinta años.

Es momento de detener por un tiempo el fragor partidista que no permite ver los problemas trascendentales de Honduras que requieren atención de todos los ciudadanos y que los políticos se integren al pacto educativo, si esto se lograra sería un buen comienzo. La Secretaría de Educación no puede seguir asumiendo el papel de actor puramente subsidiario, que administra el presupuesto educativo que es consumido casi en su totalidad por el salario de los maestros, pero demasiado pasivo en la toma de decisiones para resolver el problema fundamental de la falta de clases presenciales en las escuelas públicas. No se puede alabar la postura cómoda de esperar que los canales de televisión transmitan programas que son espacios de misceláneas educativas, porque no se basan en los contenidos de los programas educativos que determinan la formación de los alumnos para prepararlos en la debida forma para los siguientes pasos que deben dar para culminar la etapa escolar.

Para salvar la educación se requiere de un pacto educativo, que no sirva solo para que diferentes sectores se reúnan para hablar hasta por los codos sin que se pase a la acción, como ha acontecido en otras ocasiones en que no se ha conseguido una aproximación al pacto educativo porque los que llegan solo van a exponer sus posiciones irreconciliables por mantener conceptos confusos que no permiten llegar a ningún acuerdo.

Los padres de familia, que deben estar en primera fila en la consecución de este objetivo, deben tomar la palabra para pedir que se aproveche el esfuerzo que hará Honduras por acelerar el proceso de reconstrucción nacional y que uno de los aspectos prioritarios en este proceso sea el de reforzar la educación. La sociedad hondureña debe enfrentar este enorme reto que es salvar la educación, todo un gran desafío, no conformándonos con la educación que tuvimos en nuestros tiempos que hoy resulta una educación primitiva. Hoy tenemos que ver a la educación como el desafío digital porque la educación divorciada de la tecnología es una educación muy pobre, podríamos decir que sin el acompañamiento de la tecnología no es educación.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 3 de diciembre de 2020.

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