Hay que pensar en los alimentos

febrero 20, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Una sociedad o una nación pueden caer en un estado de atribulación por diferentes razones, sea por inseguridad, por crisis económica y por amenazas epidémicas, pero no debe perder una perspectiva fundamental que es aquella que tiene que ver con la alimentación de sus habitantes. Todo país debe mantener entre sus políticas de Estado la que debe velar por el sostenimiento de un aparato productivo alimentario que sea eficiente y suficiente, porque nada en la vida de una nación es tan infaltable como el sistema agroalimentario formado por el más admirable de los conglomerados que tiene nuestro país, como son los diversos productores del agro y ganadería.



Cuando nos sentamos a la mesa a disfrutar los alimentos en los tres tiempos de comida, la mayoría olvidamos que para llegar a ese grandioso momento en que debemos dar gracias a DIOS por tener lo que nuestro organismo requiere para poder rendir las faenas de cada día, hay una buena cantidad de personas que trabajan de sol a sol en el campo o en las ciudades y que a la distancia conocemos como productores, que son los grandes y únicos responsables de llevar a cabo la titánica tarea de sembrar, cultivar, cosechar y criar las aves y el ganado, que constituyen la tabla alimentaria para los tres tiempos del día.

Cuando los precios de los productos sufren alteraciones es por razones inevitables, sea por los altos costos de los combustibles, o porque han subido las materias primas y por un sinnúmero de factores que inciden en la producción alimentaria; entonces muchas personas se quejan y lanzan expresiones peyorativas por una sencilla razón: porque desconocen lo complicado que es el trabajo de producir alimentos. Obtener una cabeza de repollo, una mata de tomates, un bulbo de ajo, una cabeza de cebolla, una matita de chiles verdes, criar gallinas que den los huevos, sembrar maíz y frijoles a expensas de perder la siembra si no llueve, son algunas de las variables adversas para el productor, que si pierde la cosecha por mucha lluvia o por la sequía, o una epidemia extermina su ganado, no hay seguro al que acudir, porque en Honduras ese mecanismo no funciona. Cuando por una de esas razones el agro-productor pierde la producción o la cosecha, se arruina económicamente.

Acaba de estar en nuestro país una delegación del parlamento alemán acompañada de varios cooperantes de ese país y del embajador alemán en Honduras, Tomás Wriessnig, reunidos con funcionarios de la secretaría hondureña de agricultura, elaborando una propuesta de cooperación para enfrentar el impacto del cambio climático en los productores del llamado corredor seco, donde cada vez es más escasa la lluvia, lo que prevé una temporada de sequía extensa que incidirá en las siembras de los pobladores. Fíjense bien, los alemanes están más preocupados que nosotros los hondureños por lo mal que la pueden pasar por la sequía las familias hondureñas de los municipios del corredor seco que viven de la agricultura y la ganadería en pequeña escala.

Además, los parlamentarios y cooperantes alemanes trataron con los funcionarios hondureños las exportaciones a otros mercados donde EEUU es el mayor comprador de nuestros productos agropecuarios pero en los últimos tiempos la UNIÓN EUROPEA con Alemania a la cabeza, se ha convertido en un buen cliente comprador de nuestros productos, además de haber un intercambio comercial positivo entre ambos países.

La atribulación que padecemos por asuntos de inseguridad, crisis económica, desempleo y otras cosas más, no debe hacernos bajar los brazos en el campo de la producción alimentaria. En este campo tan importante la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (FENAGH) ha sido un importante organismo gremial, que aunque por tiempos se vuelve invisible por alejarse de los espacios mediáticos, juega un papel concitador entre miles de familias hondureñas que se mantienen apegadas a las labores productivas en el campo, tanto en las siembras como en la producción ganadera.

En una conversación sostenida con la ingeniera Anabel Gallardo, la primera mujer productora que se atreve a presidir la FENAGH, me expresaba su preocupación por el notorio desafecto de las nuevas generaciones hondureñas con las labores productivas del campo, y a la vez me expresó su interés en inculcar una cultura por las labores agrícolas en las nuevas generaciones.

Es una misión que va más allá del desafío común, pero importante y necesaria. Es promisorio ver a escuelas de la capital y de otras partes del país donde hay maestros con verdadera vocación enseñando a los niños como se siembran los comestibles de manera orgánica para llevarlos a la mesa diaria. Ojalá la presidenta de la FENAGH encuentre el apoyo suficiente para trabajar en forma sostenida para inculcar esa cultura vital que es la de pensar en cultivar los productos de los cuales nos alimentamos para vivir.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 20 de febrero de 2020.