¡Hay que parar la matanza!

mayo 17, 2021

Juan Ramón Martínez

Aunque suene bonita la expresión que “la guerra no es otra cosa que la continuación de la política por otros medios”, la irracionalidad de pueblos, tribus o naciones, matándose unos con otros, es algo abominable. Sin justificación. Porque no hay una guerra buena, muerte justificada; ni sangre derramada que le provoque complacencia a Dios, cualquiera sea la forma como se le conciba. Por ello, nos causa mucho dolor lo que está pasando entre Israel y Gaza, en donde se destruyen edificios, mueren centenares de personas o se derrama sangre y destrucción de propiedades en territorio Israelita. Por más que las grandes potencias y la ONU, en el límite de su incompetencia, hipócritamente, se llamen al silencio.



Nosotros, no ponemos en duda la existencia de Israel: ni mucho menos, el derecho suyo a la legitima defensa, lo que reclamamos es el fin de esta desigual pelea en la que, un país, posiblemente de los mejor armados del mundo, se enfrenta al pueblo palestino arrinconado en Gaza, sin recursos, energía eléctrica incluso, tan solo con el orgullo que les hace creer que con unos cuantos misiles pasados de moda, creyendo en el David bíblico, van a doblegar a Israel que, como lo aceptaba el historiador judío Tony Yudt, ha pasado del débil que se defendía, al fuerte y corajudo, estado arrogante que, destruye a sus adversarios con lujo de prepotencia. Tan fuerte fue su reacción que, públicamente aclaró que no defendería a Israel, nunca más. No llegamos a esos extremos. Creemos legítimo el derecho a la defensa, pero su conducta debe ser más congruente con su historia, y obedecer más a las leyes humanitarias y a las organizaciones que defienden los derechos humanos.

Lo que ocurre en la zona que ocupan dos pueblos, aparentemente enemigos, tiene larga data. La Biblia, que para algunos teóricos es – especialmente el Antiguo Testamento—el más antiguo texto de guerra escrito en occidente, define sus inicios como la lucha de dos tribus que se confrontan contra los diez restantes, y provocan una división que dura hasta ahora. O que, por lo menos, se justifique. Sin embargo, estudios más serios confirman, más que las palabras de los israelitas, que siempre tuvieron derecho a un territorio como los armenios y los chechenos, solo para poner dos ejemplos, carecen del derecho para impedir que los Palestinos, que cada día que pasada, tengan menos espacios para efectuar sus actividades cotidianas. O que Gaza este totalmente aislada y encerrada como un gueto de Varsovia, frente a la indiferencia del mundo, como hicieron los políticos cuando Hitler, empezó a destruir al pueblo judío.

La decisión de la ONU de 1948 – especialmente su aplicación incompleta—tiene mucho que ver con el actual orden de cosas. En aquella fecha, se le dio carta blanca a la creación del estado de Israel; pero también, dándole el mismo derecho al pueblo palestino. Honduras, me lo recordaba el domingo pasado el embajador Ricardo Flores, votó en contra de la resolución. Posiblemente por las buenas relaciones que mantenía el Presidente Carias Andino, con Salomón Barjun el patriarca de los palestinos en Honduras. Pero visto en la distancia, la postura de Honduras fue justa e inteligente. Porque partió de dos consideraciones que no tenían igual valor histórico y práctico. La primera es que reconoce como suyo Israel, un territorio para el cual carecía de derechos. Y la segunda es que le daba a un pueblo que entonces contaba con la simpatía mundial – por la feroz persecución de Hitler contra ellos, solo por ser judíos y no querer ser otra cosa – la oportunidad de crear un estado, para lo cual, contaba con el respaldo de muchas naciones y especialmente de la diáspora judía que, con recursos, apoyaba la iniciativa. Mientras que los palestinos, sin respaldo se les negó en la practica, la oportunidad de crear un estado propio – que a estas alturas habría logrado alguna fórmula de sobrevivencia con sus vecinos—especialmente Israel, entonces enemigo histórico e invasor según estudiosos de sus tierras y sus oportunidades—sin contar con el respaldo internacional, convirtiéndolos en una colonia de los judíos que. Hay que reconocerlo, por lo menos en los últimos años, con una dureza que es inaceptable.

De tal manera que lo civilizado, así como ha terminado la intervención militar de Estados Unidos en Afganistán y la guerra siria parece estabilizarse con vista a algún arreglo, nosotros creemos que también, entre Israel y el pueblo sometido a su voluntad y su fuerza, debe prevalecer la paz. Y la ONU y las grandes potencias, deben ayudar a poner fin a la matanza que, nos avergüenza a todos, a superar la inseguridad de dos pueblos obligados a vivir en un mismo territorio, por medio de negociaciones y sin ayudar a uno o al otro, para que se maten y se destruyan, en una simetría que el Israel, justo – pueblo de Dios – asume la mano colérica para castigar a quienes aunque amenacen su paz y la vida de su pueblo, pueden ser neutralizados, por medio de negociaciones inteligentes como en el pasado hicieran Carter, Clinton y los Bush en su momento.

Cualquier sacrificio en favor de la paz, tiene justificación. Y, hoy por hoy, un imperativo moral insoslayable.

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