Hay que parar a Bukele

septiembre 13, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En las últimas dos semanas el influyente periódico norteamericano The New York Times ha publicado dos artículos, estilo ensayo, el primero la semana pasada con el título agresivo: HAY QUE PARAR A BUKELE. El segundo aparece este lunes con el título: BUKELE ACABÓ CON LA DEMOCRACIA Y LO PEOR ESTÁ POR VENIR. Si bien los dos artículos están suscritos por periodistas salvadoreños, al tener cabida en las páginas del New York Times, obtienen el respaldo del periódico más prestigioso e influyente del mundo, y como tal, suman al diario neoyorkino a una campaña que busca exponer a la opinión pública internacional la nueva situación que prevalece en El Salvador desde que Nayib Bukele asumió la presidencia.



En los dos ensayos, el New York Times, un abanderado inclaudicable de las libertades públicas, expone con absoluta claridad como la Asamblea Nacional, controlada por Nayib Bukele, reemplazó a centenares de jueces y fiscales, unos 630 en total, sustituyéndolos con personas incondicionales a Bukele, rompiendo la independencia del Poder Judicial en El Salvador. Y completando el desbaratamiento de las instituciones, el 3 de septiembre, la Asamblea Nacional bukelista reinterpretó la Constitución salvadoreña, autorizando la reelección inmediata con especial dedicatoria para Bukele, que no tendrá necesidad de renunciar para ser reelecto al terminar su primer período.

El New York Times, considera que Bukele, siguiendo la ruta que escogió Hugo Chávez, se prepara para instaurar en El Salvador un régimen autoritario a perpetuidad. El New York Times sentencia en su artículo de este lunes que «Bukele acabó con la democracia en El Salvador y que lo peor está por venir, porque Bukele no se detendrá en su ejercicio de poder absoluto». El camino escogido por Bukele incluye las urnas y los votos, porque Bukele llegó al poder por la vía democrática para concentrar el poder absoluto por la vía autoritaria. Es evidente que con el inmenso respaldo popular que tiene, Bukele ha concebido un proyecto de poder a perpetuidad y que de ahora en adelante hará lo que tenga que hacer para consolidar su régimen autoritario que ha quedado expuesto ante el mundo con las decisiones adoptadas.

Si bien los hondureños no debemos entrometernos en los asuntos de los demás países, de acuerdo a la política exterior de nuestro país, eso no significa que debemos descuidarnos o confiarnos de ningún país, especialmente cuando tenemos fronteras comunes e intereses permanentes que cuidar, que son asuntos de Estado, sumamente delicados y complejos, cuya defensa es asunto de soberanía nacional. Cuando un gobernante de un país vecino escoge la ruta para modificar la forma democrática de gobierno, es capaz de recurrir a artimañas para provocar conflictos externos, con el fin de distanciarse de la amistad convirtiendo en enemigos a sus vecinos, con el fin avieso de unificar a todos los sectores de su país, incluso a los que le adversan, invocando la unidad nacional para enfrentar al enemigo, la perfecta cortina de humo para consolidar sus propósitos continuistas.

Bukele ha tenido un política agresiva contra el gobierno de Honduras sin que este le haya lanzado siquiera una mala mirada. Esto no es fortuito, Bukele ha urdido una política en la que ata sus propósitos continuistas, teniendo a Honduras como un sparring de boxeo, al que le puede dirigir cuantos golpes sean necesarios para encubrir sus objetivos internos. Su política, supuestamente dadivosa, de regalar vacunas a varios alcaldes hondureños, no corresponde a una solidaridad sincera, de la forma más hábil Bukele ha pretendido hacerse una imagen de gobernante solidario si llegara el momento que decidiera enfilar baterías contra nuestro país, lo que es casi seguro que mantiene entre sus fines encubiertos. Porque como lo ha develado el New York Times, lo peor del gobierno de Bukele está por venir. Bukele ha querido jugar a lo grande en el ajedrez de la geopolítica, prefiriendo a China y desdeñando y hasta desafiando a EEUU. Bukele ve a Honduras como una pieza pequeña en su juego, pero completamente útil, en el momento que dé el gran salto para prolongar su mandato mucho más allá de los 4 años. No significa que Bukele nos declarará la guerra o que nos invadirá dentro de dos años; como su proyecto no es para estar otros cuatro años más, sino mantenerse en el poder en forma indefinida siguiendo el patrón de Hugo Chávez, cuando llegue ese momento tendrá la excusa del conflicto con Honduras. Eso pasará tarde o temprano, por eso Bukele desde que llegó al poder ha tomado distancia del gobierno hondureño, mientras tanto, hábilmente ha endulzado el gusto de varios alcaldes hondureños poniéndolos de su lado por el momento.

Los análisis publicados por el New York Times, ameritan la atención de los políticos hondureños; especialmente porque Bukele ha robustecido las Fuerzas Armadas salvadoreñas, poniéndolas en un plano superior a los demás ejércitos del área, haciendo de El Salvador una potencia militar frente a sus vecinos. A estas alturas, los hondureños debemos mantenernos alerta  frente a las acciones y aspiraciones del presidente salvadoreño Nayib Bukele, que teniendo el respaldo de una inmensa mayoría de salvadoreños, para sus fines políticos puede usar la excusa de Honduras para inflamar cualquier incidente y no le resultará difícil incitar a todo su país para crear una conflagración bélica que le sirva de plataforma ideal para invocar una falsa unidad nacional, el argumento exquisito que han usado otros dictadores para perpetuarse en el poder.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 13 de septiembre de 2021.

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