Guatemala nos juega la vuelta

enero 30, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Guatemala tiene una economía, que según los analistas económicos, es tres veces mayor que la economía hondureña. Solo la capital guatemalteca tiene un mercado que equivale casi al total del mercado hondureño; esta superioridad tiene una data histórica desde antes de la independencia, cuando los intereses españoles se concentraron en la Capitanía General que desde Guatemala velaba por los intereses del Reino de España. Guatemala ha caminado a un ritmo más acelerado que sus vecinos más próximos que somos Honduras y El Salvador. A pesar de que su poderío económico radica en la capital, y de tener una gran parte del país habitada por diferentes etnias que se mantienen fieles a sus costumbres ancestrales, Guatemala tiene muchos recursos y una envidiable pujanza empresarial e industrial.



Desde el año 2012, Guatemala inició un proyecto de canal seco interoceánico que consiste en una súper carretera que conecta al Atlántico con El Pacífico, que lleva aparejada un ferrocarril que igual que la carretera, va desde Puerto Barrios en el Atlántico hasta un puerto en el Pacífico. Es una apreciable inversión de 10 mil millones de dólares que los guatemaltecos consideran es su obra cumbre en infraestructura, que en el plano real se convierte en la alternativa al Canal de Panamá, para crear nuevas salidas desde el Pacífico hasta el Atlántico.

Por eso no debe sorprender que el nuevo presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, en forma pública le proponga al gobierno salvadoreño concesionarle uno de sus puertos en el Caribe, entre Puerto Barrios y Santo Tomás de Castilla, conocido anteriormente como Matías de Gálvez, con lo cual los salvadoreños cumplirían su sueño de tener una salida al Atlántico, puesto que la concesión les daría el derecho de administrar el puerto guatemalteco como si fuera una posesión de El Salvador. Este ofrecimiento del nuevo gobierno de Guatemala, en base a sacarle “millaje económico” a la súper carretera Guatemalteca, pone a Honduras en desventaja, porque el proyecto del canal logístico hondureño que va desde Comayagua hasta la frontera salvadoreña está fincado en que el comercio asiático que busca llegar a la costa Este de Estados Unidos, puede entrar por los puertos salvadoreños, usar el corredor logístico hasta Puerto Cortés, que tiene hasta ahora las mejores instalaciones portuarias.

El asunto es que, si los salvadoreños llegan a concertar la concesión del puerto Santo Tomás de Castilla o Puerto Barrios, usarían la súper carretera guatemalteca en lugar del canal logístico hondureño y desecharían a Puerto Cortés, que perdería una importante cuota de uso comercial con la preferencia de los salvadoreños volcada a su puerto en el caribe guatemalteco. Estas son las desventajas que aparecen en el camino cuando se forma parte de un área geográfica relativamente pequeña, en el campo del comercio; Guatemala tiene derecho a explotar de la mejor manera su inversión y los salvadoreños en el mismo sentido, tienen derecho a tener su anhelada salida al Atlántico, aunque sea por la vía de una concesión portuaria.

A Honduras solo le queda explotar por si misma nuestro canal logístico, por lo que ahora más que nunca la unión de Amapala a tierra firme se vuelve un imperativo categórico, para tener desde el puerto amapalino, vía canal logístico hasta Puerto Cortés, nuestra salida alterna del Pacífico al Atlántico.

Esto es, si llegara a concretarse el ofrecimiento del gobierno de Guatemala y El Salvador se decide a operar como propio mediante una concesión, uno de los puertos guatemaltecos en el Atlántico, no nos quedará otra salida, porque si las autoridades hondureñas se quedan de brazos cruzados, toda la inversión que se ha hecho en Puerto Cortés solo serviría para atender la demanda del comercio y el mercado hondureño que no es mucho.

Por otra parte, si el acuerdo de concesión portuaria entre Guatemala y El Salvador llegará ser una realidad, Honduras quedaría muy afectada en el esquema integracionista del triángulo norte centroamericano, porque nuestro país asumiría el papel de receptor, o usuario-consumidor, con la desventaja de que las empresas guatemaltecas nos inundan con sus productos variados, mientras que las empresas hondureñas, en su mayoría poco agresivas, irán resintiendo los efectos de una competencia comercial guatemalteca que evidentemente es superior.

Por ambos lados salimos perdiendo, la unidad aduanera con Guatemala pierde interés por la mayor capacidad comercial de ese país, y segundo, porque ese país nos quita actividad comercial al cederle uno de sus puertos a El Salvador, dejando mermado a Puerto Cortes. Esto es parte del juego comercial que cada país elabora para sacar mejor utilidad a sus estructuras. Entre tanto Honduras debe echar a andar sus mecanismos para sacarle provecho al canal logístico y a las modernas instalaciones de Puerto Cortes.

La moraleja en todo esto es que, así como no hay amigos fieles, tampoco hay vecinos que nos cuiden la espalda tratándose de sus propios intereses comerciales. Bien dice el refrán, en el campo de los negocios ¡CADA QUIEN TRABAJA PARA SALVAR SU PELLEJO!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 30 de enero de 2020.