Guaidó ha perdido la iniciativa

mayo 14, 2019

Juan Ramón Martínez

En la medida en que la comunidad internacional siguió creyendo que bastaba el apoyo verbal para forzar la renuncia de Maduro de la titularidad del ejecutivo venezolano, la calle, la protesta pública y los cambios de embajador, han sido sustituidas por la superioridad decisoria de los militares. Y demostrado, desafortunadamente, que la única solución a la problemática venezolana es la violencia militar. Vía el golpe de estado provocado por una sublevación de los altos jefes militares; o una invasión militar desde Colombia y Brasil, respaldada inmediatamente por los Estados Unidos.

Otra salida, como la que se ha ensayado hasta ahora, solo le permite a Maduro, ganar tiempo y concitar a su alrededor, el respaldo de los militares que, están seguros que al entregar el poder, serán víctimas de las represalias de los Estados Unidos que, por medio de sus voceros, ha anunciado vinculaciones de muchos de los miembros de la más alta cúpula castrense en el comercio de estupefacientes hacia el territorio estadounidense. Por ello es que el intento de golpe – reconocido como tal por ambas partes, Maduro y los voceros de Estados Unidos – fracasó estrepitosamente, mostrando las costuras de la estrategia de Estados Unidos que, siempre ha tenido suerte, cuando ha contado con militares locales que le son leales. O por lo menos, amigos y compañeros en estas andanzas. Cosa que esta vez no ocurrió. Porque la cúpula militar no confía en el juego limpio a sus intereses de parte de Estados Unidos.



La explicación sobre el involucramiento de Rusia, que supuestamente desanimó a Maduro a que se exiliara en Cuba o República Dominicana, al principio fue considerada razonable. Lo extraño es que al paso de los días, el Presidente Trump se ha encargado de negar, después de una llamada telefónica con Putin, que Rusia no ha tenido nada que ver con el asunto, poniendo en duda las declaraciones de los titulares del departamento de Estado y de varios órganos de seguridad de los Estados Unidos. Y confirmando que fue que los militares involucrados, echaron pie atrás por el temor al incumplimiento de sus promesas por parte de los estadounidenses.

No cabe duda que el gobierno de Trump, carece de unidad.  Además abre demasiados frentes, confirmando que entre estos, le interesa más Irán que Venezuela. Y que, para proteger la navegación en el estrecho de Ormuz, así como defender a Israel que considera que Teherán representa un verdadero y real peligro para su existencia, está dispuesto a dejar a los venezolanos solos. En este orden  de prioridades, la continuidad de Maduro al frente de Venezuela, no representa un peligro inmediato para la seguridad de los Estados Unidos. Y más bien, puede ser usada la continuidad de Maduro como una pieza de cambio, garantizado la pasividad de Rusia y China, especialmente la primera, en el caso de una confrontación con Irán. Es en este juego, en donde Maduro consigue su fortaleza y Guaidó pierde fuerza, en vista que ya no importa su continuidad porque Maduro es un mal menor. Que no afecta sus intereses vitales, porque solo empobrece a un país que no tiene más alternativa que continuar vendiéndole lo único que le interesa, su petróleo. Lo único que desentona en este análisis, es el caso de Cuba que, Trump continúa considerando que su revolución es una espina en la garganta de una nación que siempre ha considerado a la patria de Mar  como algo muy cercano a sus afectos. Por ello cree que, –  así lo ha insinuado Trump – solo basta con cercarle nuevamente, endurecer el embargo y, amenazar a los inversionistas europeos con demandas sobre propiedades incautadas por la revolución y ahora utilizadas especialmente en la industria turística.

Si la estrategia funciona en el mediano plazo, Maduro puede seguir empobreciendo a Venezuela, Guaidó rendirse y terminar asilándose en la embajada española, hasta que dominada Irán y neutralizada China, Trump puede de alguna manera, asegurar una reelección imposible, por lo menos hasta ahora, si no logra algunos triunfos internacionales que tendrán que ser muy impactantes para impresionar a electores desencantados de su retórica ramplona y sus errores en el manejo del tema de la inmigración. Ganar una guerra – ya lo demostró Bush padre con Irak – no es suficiente. Tiene que ser algo contundente, para lo cual, tiene que ceder más espacio a los halcones, sin interferir y descalificar a sus propios estrategas. Y mostrar siquiera que está dispuesto a desalojar a Maduro, por lo menos apoyando a Colombia y Venezuela para que le hagan el trabajo sucio. Cosa que puede salir más costosa, porque aunque los dos países pueden derrotar a Venezuela, la guerra sería de costos y dolores muy elevados. Confirmando que Trump, no tiene orden y es incapaz de vincular su política interna con sus acciones externas. Y tampoco habilidad para justificar ambas en valores morales, que no tiene capacidad de manejar, como excusa de sus decisiones.