Grandeza americana

septiembre 6, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Algo que caracterizó la grandeza de la Unión Americana, llámese EEUU, fue su tradicional magnanimidad con sus aliados menores, casi a manera de proteccionismo, aspecto derivado de la nobleza de sus políticas, sin que esas políticas pudieran ser afectadas por los peligros de la gratuidad, porque ni es gratis otorgar toda la ayuda posible a los amigos, ni lo es abrir sin control las compuertas de la inmigración. Pero quizás EEUU ha sido un ejemplo permanente y útil para entender que solo una potencia democrática como es ese gran país, podía practicar una generosa cooperación hacia países subdesarrollados de todo el planeta.



Esa cultura de apoyo y protección que ha caracterizado a EEUU hasta la llegada de Donald Trump a la presidencia, no tenía restricciones más que las que se relacionaban con sus propios intereses económicos y cuidados internos por asuntos de seguridad nacional. Nunca hubo en EEUU un gobernante que practicara una latinofobia como la que manifiesta Trump desde su campaña.

Levantar un muro irracional, expulsar a la mayor cantidad de inmigrantes y mantener a distancia todo lo que huele a inmigrante latino indeseable, nunca fue materia de alguna política estadounidense. Hasta que llegó Trump a babor y el futuro de los inmigrantes latinos está en el filo de la navaja, incluyendo al sector denominado “los soñadores” los famosos dreamers, inmigrantes ilegales que llegaron a EEUU siendo niños, en su mayoría latinos, hoy personas casi mayores que amparados en el DACA estudian y trabajan.

De estos hay más de 18,500 hondureños que podrían ser expulsados si Trump mantiene su obsesionada decisión anti-latinos, de abarcar a los soñadores en su gigantesca ola inmigratoria. La decisión de Trump fue turnada a la Cámara de Representantes, pero el presidente de esta, el republicano Paul Ryan, ha expresado que busca un consenso con Trump para aprobar una ley que permita proteger a los soñadores. Y en las últimas horas, Trump ha dado algunas señales de adherirse a la postura de Ryan, con lo cual ambos buscarían eliminar la iniciativa de Obama y poner una ley con el sello republicano, que no sería tan fatídica para los soñadores.

Si esto fuera así, los 18 500 hondureños soñadores estarían acogidos y salvados para continuar residiendo en EEUU, por ahora su futuro depende de los acuerdos que logren los miembros de la cámara de representantes con el impredecible presidente Donald Trump. Aunque no debemos dejar de reconocer que EEUU, como cualquier otro país, está en su legitimo derecho de salvaguardar sus intereses internos, económicos, políticos y sociales, tomando sus medidas que, innegablemente, tienen sus consecuencias en todos aquellos que viven en esa nación sin ser ciudadanos americanos.

Solo que medidas como las que toma Trump, en lugar de fortalecer la grandeza tradicional de EEUU, la debilitan, porque mientras en otros países del mundo se le ha tenido un enorme temor a la inmigración, pensando que además de suponer una carga para los servicios sociales, podía destruir las fuentes de empleo para los ciudadanos americanos, en EEUU la política era de puertas abiertas a todos los latinos que quisieran aportar su fuerza de trabajo en fábricas, empresas, industrias, granjas, negocios, hoteles, constructoras, etc.

La diferencia es que mientras EEUU sabía que la inmigración fortalecía su economía, los países europeos, y de otros lados del planeta, se estancaron en el declive de un nacionalismo que rechazaba los principios del dinamismo cultural y económico que contrae la inmigración.

Con Donald Trump en la presidencia, EEUU entra a ese mundo de los países débiles y temerosos, porque el nuevo presidente no acepta la diversidad y se pronuncia abiertamente por una supremacía blanca que le puede causar mucho daño, como ya lo hizo en el  pasado cuando surgieron agrupaciones como el ku klux klan, que han vuelto a renacer como sector de apoyo a las políticas de TRUMP.

El peligro para los inmigrantes está a babor, inclinado por la latinofobia que ha manifestado TRUMP. La suerte de los dreamers hondureños y demás, y de la extensión del TPS, ya no radica en la voluntad del Presidente, queda ahora del lado de los senadores y congresistas norteamericanos, a los que habría que hacerles llegar la suficiente retroalimentación histórica para que conozcan que la grandeza señorial de EEUU, que lo convirtió en la primera potencia del mundo, radicó en la generosa protección que prodigó a sus pequeños aliados, que se han mantenido siendo aliados fieles a sus políticas.

Si Trump se empeñara en mantener su desdén contra sus aliados más cercanos en la geografía, llevará a EEUU a entrar en un declive acelerado y peligroso, que lo convertiría en otro país más, perdiendo el liderazgo que solo los grandes y poderosos son capaces de mantener con su dinamismo y capacidad económica. Abandonar la generosidad con sus aliados, sería una señal que en EEUU la fortaleza económica es cosa del pasado. Y sin esto y sin aliados, cualquier país es un país acabado.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 6 de septiembre de 2017.

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