Gente del mar

julio 9, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En su novela “El Viejo y el Mar”, el escritor Ernest Hemingway cuenta la historia de un viejo pescador de un pueblo costero cubano que vivía de la pesca, hasta que cierto día, tras una mala temporada de 84 días sin lograr ningún pez, se propuso pescar la presa más grande que se pudo imaginar, y la obstinación se le cumplió tras una afanosa jornada donde el viejo fijó en su pensamiento que el pez más grande estaría mordiendo su anzuelo, hasta que percibió la picada de un enorme marlín, con el que lidió por varias horas. Aquella fue una lucha de titanes, el viejo por cansar y vencer al enorme pez y este por zafarse del anzuelo, duelo en el que el pescador resultó triunfador, pero siendo el pez tan enorme, no lo pudo subir a la canoa y decidió llevarlo a flote hasta la orilla, sin contar que en el trayecto los tiburones se darían el festín con el pescado, que quedó totalmente desfigurado, y cuando el viejo se aprestaba a mostrarles a sus amigos la enorme presa, sorprendido vio que lo que quedaba prendido del anzuelo, era el espinazo del Marlin que en el trayecto a la orilla fue destrozado por los tiburones.



La novela “El Viejo y el Mar” de Heminghway es una obra clásica de la literatura que narra la pasión de la gente de los pueblos costeros por la pesca en el mar. El mar, que en su majestuosa extensión es todo un enigma, al que los pescadores le temen pero a la vez adoran, porque cuando se es pescador, el mar lo es todo. De niño, habiendo nacido yo a la orilla del mar y de la Laguna de Alvarado, escuché las más fantasiosas historias de los chinchorreros, que todas las madrugadas, partiendo a las dos de la mañana de cada día, desde sus canoas lanzaban el chinchorro, que es la red de la que no escapan ni los peces chicos, ni los manatíes hasta sirenas.

Los pescadores le temen más a las borrascas que a los tiburones, porque cuando los traicioneros vientos del norte y del sur azotan de imprevisto, sálvese quien pueda, porque los cayucos, las canoas y las lanchas son como plumas en el aire. Viendo los resultados de la tragedia en La Mosquitia, nada de lo que han dicho los periódicos se ajusta a la vida real de los pescadores. Así como ni esta ni otras tragedias que han ocurrido, detendrá a estos compatriotas continuar viviendo del mar. El reportero que escribió que solo el 5% de los misquitos tienen trabajo en aquella comunidad, es porque ignora que allá pueden poner todas las fábricas posibles y la gente seguirá prefiriendo vivir de las riquezas del mar. Porque los misquitos, como la mayor parte de nuestra población costera, es gente del mar, que nació, vivirá y morirá en el mar.

Porque cuando se nace cerca del mar, y se vive en el mar, la gente siente un atractivo natural indescriptible y son pocos los que logran alejarse para hacer su vida lejos del mar. Este fenómeno se da especialmente en zonas alejadas como La Mosquitia, donde la pesca sigue siendo abundante. Así que, si el Estado pudiera ayudarles a crear fuentes de vida a esos compatriotas, tiene que ser en relación con su pasión natural que está en el mar. El gobierno pudiera capacitar a los misquitos para que puedan realizar la pesca bajo el agua, dotados de los equipos de sumersión para no exponer la salud, que pierden cuando se sumergen sin los equipos de buceo para llegar a las profundidades.

Organizarlos en cooperativas de pescadores, dotarlos de cuartos de refrigeración para guardar el producto pescado y comercializarlo a mejores precios, para no ser explotados por los dueños de embarcaciones, que han sido pescadores superados, que con una visión mercantil lograron hacer sus ahorros y comprar sus botes de pesca. Hay que crearles un centro con cámaras hiperbáricas de compresión, en las cuales los buzos que se sumergen en profundidades para capturar langostas y caracoles, puedan mantener la presión del cuerpo para no sufrir desfiguraciones musculares.

Pensar en sustituirles sus formas ancestrales de subsistencia es arrancarles su cultura natural, misma que no abandonarán, no obstante que ellos saben los peligros que les representa cada jornada. Y además porque ninguna inversión que se haga en La Mosquitia superará las inmensas riquezas que hay en las profundidades del mar, donde hay más recursos que explotar que los que existen en todo el país.

Lo que procede es que las dependencia del gobierno, unifiquen acciones para organizar a los habitantes misquitos, capacitarlos y dotarlos de los recursos para que adquieran los enseres necesarios para realizar la pesca sin los riesgos que contraen por la improvisación. Y establecer una rigurosa regulación y supervisión para que las embarcaciones no se lancen al mar con sobrecarga. Porque, cualquier embarcación puede resistir una borrasca y una tempestad si no desafía el nivel de riesgos llevando más del peso de su capacidad.

Nada del mundo hará desistir a los compatriotas de La Mosquitia de seguir desafiando al mar, esa es la vida para la que nacieron, esa es su cultura. No es razonable arrancárselas, lo que hay que hacer es apoyarlos con capacitación y con recursos para que no se expongan más allá de lo razonable.

Así son las cosas y así se las hemos contado este lunes 8 de julio de 2019.