Garantías democráticas

junio 8, 2017

Tegucigalpa, Honduras

La democracia hondureña, reinstaurada desde 1980, ha viajado en un proceso donde hemos evolucionado con altos y bajos, hasta llegar a las elecciones del 26 de noviembre y creemos que aunque mucho se dice de los políticos hondureños, hay cabezas brillantes entre ellos que se han esmerado de manera estratégica para que nuestro país pudiera salir adelante haciendo el mejor papel.



Excepto por el desgraciado incidente del 2009, provocado en forma adrede por el deseo y la ambición de buscar la perpetuidad en el poder, las pocas veces que la democracia hondureña ha estado en situación de alto riesgo es cuando a los políticos se les ocurre cambiar las reglas del juego electoral, que como bien lo decía en su tiempo el inefable Sir Winston Churchill, son las garantías democráticas, que no pueden ni deben ser erosionadas a golpe de acuerdos bajo la mesa, porque terminan por enrarecer el ambiente electoral.

Ya no es tiempo de hablar de reformas electorales, el proceso está caminando con las reglas fijadas por la Ley, y pretender un manoseo brusco de último momento no es nada recomendable, si es que los políticos quieren mantener la salud del proceso electoral. En las circunstancias actuales, cuando estamos enfilados hacia unas elecciones diferentes, con el factor inédito de la reelección en juego, lo que más se exige de los políticos es la suficiente ponderación y serenidad para que no se lleven por delante las garantías democráticas que están contempladas en la Ley Electoral.

Acuerdos de última hora, porque un partido como Libre exija participación en el TSE, no es lo suficientemente legítimo para variar las reglas del juego, por el contrario, el Partido Nacional que gobierna y que lleva al Presidente JOH como candidato tiene la mayor cuota de responsabilidad, diríamos que está obligado a cumplir con el deber de cuidar esas reglas del juego, porque bastante gasolina ha quemado ya con el tema de la reelección, que por ser un factor inédito, amerita que se le cuide ante la opinión pública tanto nacional como internacional.

La reelección ya está caminando, nadie la detiene, es un hecho que solo los electores determinarán el 26 de noviembre si cumple con el objetivo de otorgarle o no a JOH un segundo período al frente de los destinos del país. Entonces creemos que para el Partido Nacional no vale la pena arriesgar el estado de aceptación que la reelección tiene en un sector de la nación, porque una crisis alrededor de las reformas electorales, que es lo que ya anunció Mel Zelaya, solo favorecerá a Libre, en desmedro del Partido Liberal, que es el acompañante lógico del sistema democrático. Y los Nacionalistas lo saben y lo entienden.

Mel Zelaya es un sujeto delirante que vive trabajando solo para distorsionar la realidad política del país, sin importarle el daño que le ocasiona a Honduras, lo demostró con su proyecto de la cuarta urna en el 2009. Para él, lo único que importa es volver al poder. Y hoy, quiere entrar a la fuerza al TSE, pero a estas alturas del proceso un arreglo entre Partido Nacional y Libre para acomodar esta situación en favor de Libre, en perjuicio del Partido Liberal, es un verdadero atentado a la estabilidad de la democracia. Es un ataque que pone en peligro las garantías democráticas que significan las reglas del juego, contempladas en la Ley electoral.

Puede que a estas alturas el Partido Nacional, con toda su capacidad estratégica que tiene, este creyendo que el Partido Liberal le represente una amenaza con el candidato Luis Zelaya, y que es mejor entenderse con Mel Zelaya, porque este está desgastado con su partido Libre, sin ninguna posibilidad de triunfo y que, de cara a las elecciones el candidato liberal es un adversario de peligro.

Este pensamiento sin embargo no es correcto en el campo de la apreciación, porque el Partido Liberal siendo un partido democrático no constituye una amenaza para el PN, todo lo contrario, en el contexto democrático el PL es parte de la plataforma para garantizar la democracia hondureña. En cambio Libre es un partido antidemocrático.

En pocas palabras, si los nacionalistas además de inteligentes son amantes de la democracia, entenderán perfectamente que necesitan a un Partido Liberal vivo. No tanto para pelearse la primacía electoral, porque eso lo determinará el electorado hondureño el próximo 26 de noviembre, pero si lo bastante para evitar que Mel Zelaya y la izquierda hondureña reclamen desde el TSE reformas que romperán las reglas del juego y con eso destruir las garantías democráticas, que es su gran objetivo.

El Partido Nacional con ventaja clara, pero insuficiente por el voto de los indecisos en las encuestas, no debe permitirse el arriesgado lujo de hacer alianzas con Libre para cambiar las reglas del juego electoral, porque eso si puede hacer que el sector indeciso salga en tromba a votar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 7 de junio de 2017.

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