Garafulic: el buen tejedor

septiembre 26, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los reconocimientos que se le han brindado a Igor Garafulic, representante de la ONU, por su contribución a la paz social mediante la concertación del diálogo nacional, es la demostración de un país agradecido por el enorme empeño que este amigo de Honduras puso desde el primer día que vino a realizar un trabajo urgente, serio y sumamente complicado. El clima social, gravemente alterado desde el 2009 y retorcido por las elecciones del 2017, requerían de un hábil manejador de conflictos y la ONU asumió la responsabilidad enviando a Igor Garafulic, de nacionalidad chilena, para que ayudara a los políticos hondureños, muy reacios a buscar salidas a las crisis mediante los acuerdos.



Garafulic llegó a Honduras sabiendo muy bien que venía a enfrentar una dificultad seria, conociendo que la bilis de los políticos hondureños se había salido de su depósito y amargado el escenario hondureño en perjuicio de toda la nación, porque cuando los políticos exhiben toda su incapacidad para comportarse como verdaderos dirigentes nacionales, no digamos como estadistas que es mucho pedir, los que sufren son los ciudadanos, cuando los obcecados y extremistas deciden paralizar al país para hacerse sentir en sus pretensiones. Era necesaria la presencia de un mediador con capacidad y carácter, para convencer a los políticos que debían poner los intereses de Honduras por encima de sus intereses inmediatos y sus egoístas apuestas y pretensionesparticulares.

El trabajo de Igor Garafulic, fue el que realiza el buen pescador, tejedor de redes, con las que atrapa hasta los peces más lisos y resbalosos, porque Garafulic, aunque algunos digan que no arregló el conflicto, con su persistencia logró que los más desaforados se sentaran con los menos intransigentes, manteniéndolos en la mesa de conversación, alejándolos de la actividad callejera. Ese es un gran mérito que no cualquiera hubiera obtenido, lograr que aquel desencuentro desembocara al final en el congreso nacional, donde resultaron electos los miembros de los nuevos organismos electorales.

Es indudable que nuestra democracia urgía de estos cambios estructurales y reformas institucionales que no soportaban más aplazamientos en el tiempo. Todo comenzó hace más de un año, cuando después de las elecciones del 2017, Honduras empezaba a deambular sin rumbo fijo sumergida en una confrontación que nos hacía perder el tiempo, por lo que se precisaba un mecanismo de diálogo para enderezar el destino de nuestra nación. En los primeros meses del 2018 vino Igor Garafulic, precedido de ser un manejador de conflictos, de carácter afable pero a la vez con mucha templanza, diplomático con experiencia que sabe hasta donde se puede permitir estirar la cuerda.

Pese a sus experiencias, ha de haber pasado momentos de angustia al encontrarse con grupos que apenas se miraban se enseñaban los colmillos, manteniendo la distancia al grado de negarse la palabra. No parecían políticos, en ese momento eran individuos tribales, verdaderos sapiens, que cuando levantaban la cabeza se fulminaban con la vista. Apaciguar a todos esos toros búfalos le ha de haber costado muchas horas de paciencia a Garafulic, pero para él valió la pena, porque una vez aprobadas las reformas electorales con una conducción hábil del presidente de la Cámara Legislativa, las ansiadas reformas electorales se convirtieron en una realidad que llegó como un remanso de tranquilidad social y política.

Honduras necesitaba de un buen manejador de conflictos y la ONU nos envió al más indicado. Hubo momentos en que Garafulic vio la situación muy oscura, porque a veces todos los representantes de los partidos se pusieron los moños, una vez el PN exigió tener doble representación, otra vez fue Luis Zelaya, que con el mismo desatino político que llevó al fracaso al PL, se ausentó de la mesa por más de una semana mientras estaban en Honduras observadores internacionales de buena fe que darían testimonio del diálogo entre hondureños. Pero el que rebasó los límites de la irracionalidad fue Salvador Nasralla, cuando firmó el acta de compromiso, agregando de su puño y letra una serie de barrabasadas que anularon el documento.

Durante esta etapa del diálogo Garafulic fue capaz de conducir a los políticos como cuando el buen domador logra introducir a los potros más rebeldes hasta el fondo del corral del que no pueden salir hasta que alguien les pone el freno y la montura. Habiendo concluido su misión en Honduras, se lleva la satisfacción de haber contribuido con el diálogo que con habilidad condujo hacia el Congreso Nacional donde el presidente de la cámara hizo su buena parte.

Igor Garafulic está listo para asumir su nueva misión en Perú, donde la próxima semana será nombrado embajador de la ONU. Se va llevándose el buen sabor de Honduras, donde al final de una tensa jornada de diálogo, saborea los numerosos testimonios que recibe de una nación agradecida.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 26 de septiembre de 2019.