Frente al coronavirus hay que cerrar filas

marzo 10, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El avance del coronavirus por el mundo en tiempo real es una amenaza frente a la cual todos los países del mundo se están preparando, y Honduras no ha sido la excepción. Estamos viendo al aparato de salud de nuestro país complementado por organismos que son propiamente auxiliares, que se han estructurado en un solo equipo para hacer las dos tareas exigibles en un momento como este: la primera es conceptualizar en la ciudadanía los hábitos de higiene que son de obligatorio acatamiento y que vemos que cuesta que los hondureños los adoptemos, porque la fuerza de la costumbre prevalece; estamos acostumbrados a extender la mano para saludar con un apretón mientras que las mujeres ofrecen la mejilla como una cortesía tradicional para expresar el afecto a la otra persona. De mi parte, en estos últimos días he tenido que recordarles a mis amigos y demás personas que ya no es tiempo de dar la mano, tampoco besar las mejillas. Y aunque la gente diga que no hay agua, no se requieren litros del líquido para el aseo de las manos, con un vaso de agua perfectamente se puede lavar el jabón. La segunda tarea es preparar hospitales y personal médico y de enfermería con todos los elementos necesarios para atender a los eventuales contagiados.



Un hábito que está resultando difícil posicionarlo en nuestra gente es cubrirse la boca cuando se estornuda o cuando se tose, con una servilleta o un pañuelo. Y si no hay tiempo, cubrirse la boca con el codo y no con las manos. Estos movimientos que parecieran muy fáciles de hacer, a la hora llegada, a la gente se le olvidan, porque puede más la fuerza de la costumbre que el peligro que representa el virus. Estamos frente al predominio de las malas costumbres y los malos hábitos que nuestra gente ha practicado por generaciones y que no son fáciles de sustituir de un momento a otro, por lo que somos los medios de comunicación los que debemos asumir la responsabilidad de cambiar una cultura de cortesía y educación que en estos tiempos del coronavirus resulta inconveniente de seguir practicando.

Es la hora en que los hondureños debemos cerrar filas, porque no solo debemos unirnos cuando juega la selección nacional de fútbol o en otros casos de emergencia. La amenaza del coronavirus solo la podemos enfrentar con tranquilidad y sin pánico si somos conscientes de prepararnos mental y emocionalmente para practicar los hábitos de higiene recomendados por la OMS. En primer lugar, cambiar la cultura de los saludos y observar el respeto cubriéndonos la boca al estornudar o toser.

Cuando un amigo nos ofrezca la mano, con amabilidad hay que recordarle que ese saludo pasa a la historia por razones de cuidar la salud; entre mujeres y hombres ya no debe haber roce de mejillas y la práctica del frecuente lavado de manos en la debida forma debe volverse algo rutinario. El coronavirus nos dejará esta herencia positiva que son los buenos hábitos de higiene y aseo, y que muchos hondureños no han aprendido a cultivar y otros los han olvidado por aquello de que lo más fácil es hacer o practicar lo que no requiere mover ni un dedo.

La alarma sanitaria mundial aconseja reducir las reuniones sociales que impliquen grandes congregaciones y aún las de pequeña dimensión, como las misas y las congregaciones, que están siendo desaconsejadas en los actuales momentos. En los países asiáticos y Europa le están recomendando a las personas rezar en su casa; en Nueva York, los primeros dos casos de contagio se dieron, uno en una iglesia protestante y el segundo en una mezquita judía. En El Vaticano circula la recomendación que la ostia se le entregue en la mano a los parroquianos.

En fin, las costumbres en el mundo están cambiando, y aunque todos hablan de no fomentar la histeria ni darle cabida al pánico, la historia está plagada de situaciones similares que ocurrieron en el pasado. Y hay muchos que se aprovechan del miedo para sacarle partida, entre ellos están los escritores que han encontrado en las epidemias y pandemias un filón de argumentos para escribir sus mejores obras. Ha habido una especie de epidemia literaria en la que encontramos grandes obras como «La Peste» de Albert Camus, «Némesis» de Phillip Roth, «Pálido Caballo y Pálido Jinete» de Katherine Ann Porter sobre la gripe española de 1918 que mató a 40 millones de personas, y la «Historia de la Columna Infame» de Manzoni sobre la peste de Milán en 1630.

Hoy se habla que los chinos inventaron el coronavirus para reducir su población, como antes se acusó a frailes de envenenar las fuentes de agua pública. Algunos dicen que la paranoia del contagio se mueve entre la incomodidad y el ridículo, así, muchos se extrañaron al ver la actitud del ministro alemán del interior Horst Seehofer al negarle la mano a la primera ministra Angela Merkel y a ésta reconociendo tácitamente que la OMS ha prohibido los apretones de mano.

Gracias a esta ocasión que el mundo entero pudo ver por la televisión, en que el ministro alemán le negó el apretón de manos a Angela Merkel, es que posiblemente supone el fin de la costumbre del apretón de manos, por lo menos en Alemania; en Honduras quién sabe, porque por donde uno va, es lo primero que le ofrecen.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 10 de marzo de 2020.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *