Extremismo y fútbol trágico

agosto 19, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El fútbol es el deporte favorito para la mayoría de los hondureños, igual que lo es en la mayor parte de países del planeta. Nunca se vio mal que, como deporte, despertara pasiones en los públicos, mientras estas consistían solamente en llevar la contraria al adversario, sin que trascendiera a la ofensa y mucho menos a la agresión. Pero, como los tiempos han cambiado, los ambientes en el fútbol se llenaron de una hostilidad violenta y peligrosa. Fue en Europa y Suramérica, con el surgimiento de las barras, donde grupos de verdaderos fanáticos sobrepasaron la pasión para convertirse en extremistas.



Nuestros principales estadios han sido escenarios de varios episodios de violencia, el anterior al ocurrido el sábado pasado, fue en mayo de 2017, en el Estadio Nacional, cuando varias personas murieron en una avalancha inexplicable que dejó dos personas muertas, en la final entre Motagua y Honduras de El Progreso. Como inexplicable fue que aquel partido se jugara como si nada había ocurrido, habiendo dos cadáveres envueltos en plástico dentro del Estadio Nacional, evidenciando la insensibilidad humana de autoridades y dirigentes del fútbol que ignoraron el drama de las familias de los dos compatriotas fallecidos.

El extremismo llegó al fútbol en Inglaterra con los ‘hooligans’, y con las ultra barras en Argentina, donde ha habido tragedias espeluznantes, propias de las masacres donde la criminalidad terrorista ha hecho alarde de una ferocidad inhumana. Por obra del reflejo perverso que hace que todo lo malo del mundo pase de un país a otro, ese fenómeno odioso llegó al modesto fútbol hondureño, a través de las barras de los principales equipos, infiltradas por grupos antisociales que también son seguidores del fútbol.

La tragedia ocurrida el sábado anterior en los alrededores del Estadio Nacional, es producto de ese extremismo que nace en las mentes enfebrecidas de personas desquiciadas, agravado cuando se suman elementos antisociales que tienen el propósito festinado de hacer daño, que ya no son simples aficionados, sino seres irracionales que traspasan del fútbol al crimen, que van a los estadios no a celebrar a un equipo sino a buscar lo suyo, que es acabar vidas humanas.

El asunto que se presenta como problema de país, es como proteger el fútbol como la sana diversión de todo un pueblo, porque es una equivocación satanizar el fútbol así como estigmatizar determinados estadios, porque ni lo uno ni lo otro es la solución para evitar nuevas situaciones trágicas como la ocurrida el sábado. Se impone prevenir con acciones y medidas para evitar repeticiones de hechos lamentables. Por seguridad, los juegos cruciales como son los clásicos deben jugarse de día y no de noche, cuando el aspecto seguridad se vuelve más complejo, porque las sombras de la oscuridad facilitan que los delincuentes puedan operar con ventaja sobre la autoridad policial.

Se impone que antes de los clásicos, que los dirigentes y los entrenadores de los equipos guarden la cordura, porque cuando sus comentarios hierven de confrontación contra el adversario y los árbitros en las páginas deportivas de los diarios y programas radiales, se cocina el caldo que alimenta a los verdaderos fanáticos para que vayan predispuestos al estadio a picar pleito con la mínima excusa. Y la prensa deportiva en general, que, con el ánimo de fantasear y motivar el espectáculo al darle cabida a las declaraciones furibundas de dirigentes y jugadores, calienta los ánimos, creyendo que eso es parte del fútbol, pareciendo no darse cuenta que en gran medida, esas publicaciones son las responsables de convertir los estadios en auténticos hervideros de pasiones, que calentadas por los grados alcohol que se venden en cervezas y licores, en lugar de escenarios deportivos son verdaderas cámaras infernales.

Pero si en medio de esa prensa deportiva, hay un elemento que sin ningún reparo recurre a todo su depósito de inescrupulosidad política, atizando los ya caldeados ánimos de la fanaticada, de ribete tenemos la absoluta irresponsabilidad de un individuo que se aprovecha del alto impacto que da la cámara del más importante medio televisivo del país, para llevar agua a su molino, no importándole que sea agua teñida con la sangre de personas ingenuas que se dejan embaucar por sus peroratas politiqueras mezcladas con fútbol.

No todos somos responsables de esta debacle trágica del sábado, pero los hay que, sabiendo su irresponsabilidad, desafían los límites de la prudencia. No hay policía del mundo que evite o controle estos episodios cuando de antemano quienes organizan este tipo de eventos no toman las precauciones, lejos de eso, las omiten y desafían los riesgos, haciendo lo que no debe hacerse, a sabiendas de que vivimos tiempos en que los antisociales andan avispados buscando producir víctimas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 19 de agosto de 2019.

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