¿Existe la heroicidad en Honduras?

octubre 3, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Por la cultura de la reticencia y de no creer en nada ni en nadie, los hondureños no somos dados a buscar, muchos menos a reconocer la heroicidad, ni hoy, ni ayer, porque nos hemos criado en tal situación donde lo que más prevalece es descreer o ignorar las acciones sublimes y valerosas de aquellos compatriotas que aunque han realizado verdaderas hazañas, vivos o fallecidos, transcurren su vida sumidos en la más absoluta inferencia general de los hondureños. Por eso es valedero preguntarse si existe la heroicidad en Honduras, porque hasta de Francisco Morazán se duda a estas alturas, cuando muchas personas se refieren a este gran hondureño, calificándolo con denominaciones despectivas como la de Chico Ganzúa, que según algunos detractores, era el sobrenombre con que sus adversarios lo bautizaron, a manera de reproche por las acciones de saqueo qué hacían sus tropas después de cada batalla.



Esto, desde luego, es una infamia urdida por los detractores de su época y de tiempos más recientes, que mantuvieron una mezquindad contra el héroe de La Trinidad, porque la grandeza de Morazán llegó a trascender al mundo, que, tuvieron miedo que después de muerto el General Morazán los aniquilara con el peso de su personalidad, respetada en diferentes formas, como lo podemos apreciar en el recio poema de Pablo Neruda, donde sitúa a Morazán vigilando el continente en altas horas de la noche.

La heroicidad es una cualidad, es la virtud, es el carácter propio de héroe, que se manifiesta en la grandeza del alma, de la generosidad y la sublimidad que inspiran los altos pensamientos en una persona. Cuando un hombre o una mujer ejecutan acciones superiores, que son dignas de admiración y respeto, se merecen la calificación heroica. Una persona tiene el carácter de héroe cuando tiene la manera de pensar, de sentir y de obrar en forma desprendida y arriesgada para salvar una vida o rescatar a alguien que está en peligro.

Los bomberos, con frecuencia, se merecen la calificación de héroes cuando salvan vidas arriesgando la propia y a veces pierden su vida en aras de rescatar de un incendio a un niño o a un anciano, pero como vivimos en un mundo de incredulidad aquello nos parece poca cosa y hasta resulta, que alguien exprese con suma desconsideración, que “están haciendo su trabajo, y que por ello les pagan”.  ¡Vaya! Habrase visto que el deber obligue al extremo, a cambio de una modesta remuneración que es la que reciben los bomberos, de arriesgar la vida por salvar la de otras personas.

Por eso, a estas alturas, cuando ha transcurrido más de un siglo y medio de la epopeya morazánica, se está haciendo cada vez más difícil mantener en la población hondureña el concepto de héroe en la figura de Francisco Morazán. En las escuelas y colegios, a Morazán se le ha desfigurado según la ideología de los profesores. Unos lo exponen como un auténtico héroe, pero los hay que le endilgan una militancia marxista que se han sacado a saber de donde, pero quieran o no Francisco Morazán sigue siendo el gran héroe de la historia, cuyas acciones superiores son dignas de admiración y de respeto, por su ideal de conformar la República Federal de Centroamérica que lo llevó a ser traicionado en Costa Rica, donde murió fusilado, en un acto donde Morazán demostró un arquetipo de heroicidad extraordinaria, al ordenar de su propia voz al pelotón de fusilamiento que le apuntaran y le dispararan sobre su humanidad.

Pero así como hay muchas personas, que a Morazán le restan sus méritos heroicos, a pesar de sus verdaderas hazañas en pro de construir una nación grande en Centroamérica, la cultura de la incredulidad que prevalece en muchos compatriotas y que nos lleva a un estado de descreimiento absoluto, hace que la mayoría de los hondureños se manifiestan con una pasmosa mezquindad para no reconocer aquellas acciones admirables, donde manifiestan el grado de grandeza del alma, que los eleva al nivel de héroes.

Hace muchos años vi una filmación donde el periodista Nery Rivera, que entonces laboraba en otro canal, arriesgaba su vida por salvar a una persona a punto de morir electrocutado. Nery Rivera hizo una acción heroica destrabando los cables de alta tensión con lo cual salvó la vida de aquella persona. Por ese gesto, lo mandé a buscar y lo contraté para nuestro equipo de periodistas.

Aquí no solo desconocemos sino que negamos las acciones heroicas. Para el caso, quien le puede negar la condición de heroína a Sor María Rosa, que toda su vida se la ha llevado salvando a niños y dándoles protección en lugares adecuados para hacerlos personas de bien. Y quién le puede discutir la condición de heroína a Julieta Castellanos, que arriesgó su vida al desmantelar a un sindicato que, operaba al estilo de una auténtica banda delictiva, controlando el presupuesto y la dirección de la UNAH. Y cuántos soldados hondureños han realizado muchas acciones heroicas.

Pero estamos en Honduras, donde el plomo flota y el corcho se hunde. Y los antihéroes, aquellos que han desgranado a Honduras y le han robado al país hasta hartarse, son los que se ganan los grandes desplegados de las páginas sociales. Como dijo el poeta Daniel Laínez, ¡así es aquí, aquí así es!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 3 de octubre de 2017.

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