Exceso de estupidez

agosto 9, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Asombra como muchos hondureños toman el peligro de la pandemia como una especie de juego, como una ruleta rusa, porque, aunque están viendo y escuchando las noticias sobre la exagerada cantidad de personas que resultan contagiadas por el COVID-19, y que ya no hay cupo en las salas COVID de los hospitales públicos, en una actitud desafiante a la pandemia siguen sin usar las mascarillas y rehúyen vacunarse. En estos momentos las mascarillas sobran, sus precios en el mercado están al alcance de cualquier persona, y afortunadamente hay suficientes vacunas para buscar la inmunidad. Sin embargo, en las calles, en los eventos públicos, en centros de diversión nocturna y ahora en los estadios de futbol, casi todas las personas andan sin mascarilla y abultados o aglomerados, como se vieron en el reinicio del campeonato del fútbol nacional el fin de semana.



Cuando las personas no comprenden por falta de razón o por falta de conocimiento, que enfrentamos un peligro que representa una inminente amenaza que puede costar la vida, es porque han caído en un grado de estupidez por lo que resulta una tarea complicada hacerles entender que una pandemia con las variantes diversificadas que están apareciendo, exige que las personas actúen de la manera más cuerda y con la mayor prudencia posible, pero por los reportes en televisión y en los periódicos, que estamos viendo, hay innumerables compatriotas que los fines de semana se van a los bailongos en las discotecas y otros lugares, en su mayoría jóvenes, suponemos que en horarios que contravienen el toque de queda decretado por las autoridades. El caso es que, ver esa cantidad de jóvenes desjuiciados, ingiriendo bebidas alcohólicas, atestando un local de dimensiones pequeñas, nos provoca más estupor que asombro, porque es un exceso de estupidez confrontar un mal que en el mundo entero está provocando reacciones de las personas cuerdas que comprenden que con el COVID-19 no se puede jugar.

Esta actitud obsesivamente inmadura de miles de hondureños está haciendo que de nuevo el personal médico de los hospitales se sienta acorralado por la testarudez humana, porque no hay forma de hacer entender a toda esta juventud desjuiciada que, aparte del peligro que arrastrarán en contra de ellos mismos, de sus familiares y de sus amigos con los que se reúnen, constituyen una amenaza ambulante al convertirse en vectores del virus una vez que se contagian. Los indicadores de alto contagio que se reflejan en las pruebas que se practican en los triajes todos los días es el resultado del comportamiento alocado de estas personas.

Para terminar de agravar el vuelo del virus sobre nuestro país, al abrirse los estadios a los seguidores de los equipos de futbol, vemos que siguen el patrón del mismo comportamiento absurdo de aglomerarse. En las transmisiones de televisión vimos que en los partidos celebrados el domingo de nada sirve la medida de permitir un ingreso limitado de personas, porque los que ingresaron a los estadios se sentaron juntos, sin guardar la distancia. Las graderías estaban casi vacías, pero los aficionados que ingresaron se juntaron unos a otros, haciendo aglomeración, que es lo más contraindicado por las medidas biosanitarias. La gente estaba sin mascarillas, arremolinada en un solo sector de las graderías, como si todos estaban preparados para buscar contagiarse.

No puede ser que nuestra gente no despierte del estado de estupidez y no es posible que no vean ni lean las noticias de los medios serios, porque si se dejan atiborrar por las mil falsedades que aparecen en las redes sociales, donde hay un ejército de desinformadores de oficio en muchos países, contra-indicando las precauciones que deben tomarse y haciéndole la guerra a las vacunas, lo que se les espera es caer contagiados y sin poder acceder a una sala COVID. No tenemos miles de hospitales y el personal médico y de enfermería ha quedado diezmado por el buen número de médicos y enfermeras fallecidas.

Pero si todas estas personas, que no perdonan los bailongos en las discotecas y que gustan de llevar la contraria cuando se les pide que se distancien en las graderías de los estadios, es porque quieren despedirse de este mundo que les resulta demasiado cruel, entonces que lo digan para que los que quieren seguir viviendo no vayan al mismo lugar que ellos. En las advertencias del peligro del COVID-19 no hay una formulación teórica, la pandemia del COVID-19 es letal en personas de todas las edades, y ahora la variante Delta también se ensaña con los niños, de manera que nadie está salvo si no toma las precauciones para evitar ser contagiado.

Lo que tiene que entender la gente es que ahora ya no se puede andar entre el montón de personas, porque no se sabe quién es transmisor o vector del virus y quien no lo es, pero con una persona del grupo que esté contagiada y sea asintomática, es decir que no demuestre los síntomas, basta para que el montón de personas también se contagie. Cuando varias personas se aglomeran en una discoteca y entre los bailarines hay un contagiado, lo más seguro es que de allí salgan todos contagiados. Y todos ellos se llevan el virus a su casa donde contagiarán a las personas con las que conviven. Así de sencilla es la cadena de contagio. Pero, si toda esta gente tozuda, torpe, que se desenfrena en las discotecas y los fanáticos que pudiendo estar esparcidos en el suficiente espacio que hay en las graderías de los estadios prefieren estar casi montados los unos sobre los otros, y entiende bien lo peligroso que resulta aglomerarse y no usar mascarilla, es porque en ellos hay un exceso de estupidez. O padecen un afán de protagonismo para sentirse que son personas invulnerables o es que, sencillamente son estúpidos de nacimiento.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 9 de agosto 2021.

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