Evo y los militares

noviembre 11, 2019

Honduras

Al final, fueron los militares los que le quitaron la peana y dejaron a Evo Morales, en el aire, provocando su caída. Durante sus casi trece años al frente de Bolivia, Morales mantuvo muy buenas relaciones con las cúpulas militares y policiales de Bolivia. Les ha dado todo. Lo que quedó establecido desde la revolución de 1952, hasta involucrarlos en el manejo de los problemas del hambre y la necesidad del pueblo.



Ellos fueron los encargados de la distribución de los bonos a los pobres, manejaron los sistemas de riego a nivel nacional y tuvieron bajo su control las áreas estratégicas de la economía boliviana. Pero cometió un error que los militares en ninguna parte aceptan de muy buen grado: que les juzguen por los actos ejecutados en el cumplimiento de sus deberes represivos legítimos.

En el 2003 durante la revuelta en contra de Sánchez de Lozada, los actos de represión en las calles, fueron juzgados en los tribunales respectivos. Y ya presidente Evo Morales, exhibió una conducta en que más que justicia, pidió venganza en contra de los militares que dentro de los esquemas correspondientes, habían cumplido con su deber.

Y si hay cosa que los militares no perdonan es que les castiguen por el cumplimiento de sus obligaciones, esa es la causa por la que los escuadrones policiales se resistieron a defender al gobierno de la revuelta callejera y los militares dijeron que no usarían las armas para enfrentarse a su pueblo.

Ratificando su voluntad de no respaldar a un presidente que se había mostrado hostil en su contra cuando, en un gobierno que no era el suyo, haba recibido iguales órdenes y cumplido su deber. Porque Evo Morales en vez de defender la institución, se mostró vengativo, pensando más en Sánchez de Lozada que en la institucionalidad y el espíritu de grupo de los militares, esencial en su existencia jurídica.

Ello explica el realismo de Morales, inmediatamente que le sugirieron que renunciara, lo hizo con una asombrosa prontitud.

Hay aquí varias enseñanzas útiles para todos los gobernantes de todos los tiempos. Napoleón dijo que las bayonetas eran muy útiles, excepto para sentarse sobre ellas. Los militares dan lealtad; pero exigen lealtad. Y la primera de ellas es el cumplimiento de sus leyes internas – antigüedad y méritos – y defensa moral y jurídica cuando cumplen con su deber. Morales las   irrespetó todas, creyendo que con los militares basta comprarlos. Haciéndoles regalos.  Zelaya Rosales repartió dinero a manos llenas, los mejores salarios a los militares y fue muy cercano a ellos. Pero cuando estos tuvieron que escoger entre la lealtad a un  presidente que les habría tratado bien y la lealtad a su institución, optaron por la última, porque era evidente que Zelaya, una vez con el control total del país, dañaría la institución que solo le sería útil como guardia pretoriana para garantizarle su estadía en el poder. Optaron por la ley y por ese medio, defendieron la institucionalidad que les garantiza sus derechos de profesionales de las armas.

La lección de Evo Morales es muy clara. Los que no la quieran aprender, se tendrán que someter a las consecuencias como le ha ocurrido al Presidente de Bolivia que nunca pudo olvidar que no siempre fue leal a la ley a y a sus amigos. Y que la voluntad de los militares no se compra tan solo con favores.

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