Evaluación y mediocridad

julio 19, 2017

Por tradición, Honduras ha sido un país que no resiste las evaluaciones y las calificaciones de organismos internacionales, debido a la baja calidad de ejecución por el ambiente de mediocridad en que nos hemos desarrollado como nación. Y esto es, debido a que por razones culturales, desde niños los hondureños le hemos tenido un pánico a los exámenes y a las evaluaciones. Siempre que podemos evadimos todas las pruebas que se requieren afrontar para cumplir metas o requisitos para pasar de un nivel a otro superior.

El temor a las evaluaciones se volvió un mal epidémico de generación en generación entre hondureños, lo cual se observa  en el momento que el sistema educativo ha querido modificar la calificación para mejorar la calidad por la vía del rigor. Apenas se habla de aumentar de 60 a un 70% el nivel de aprobación y los estudiantes se revuelven y terminan invocando que, con este paso se les violan sus derechos humanos, algo absolutamente absurdo, pero como los organismos de derechos humanos, tanto extranjeros como hondureños, se han convertido en alcahuetes de la mediocridad y de los transgresores, hasta en esto, en lugar de ayudarle a Honduras, contribuyen a mantenerla forzada a un statu quo en el campo educativo.



Así que, no ha sido posible escalar posiciones en los diferentes campos, al no tener las mediciones de organismos con credibilidad que nos indiquen en que debemos mejorar o corregir las fallas, y es lo que nos ha mantenido en la lista de países subdesarrollados del planeta. Porque igual que un estudiante que no resiste las pruebas o evaluaciones, un país vive en una eterna reprobación cuando nadie lo audita, nadie lo evalúa y nadie lo califica.

Sin embargo, en los últimos años es agradable recibir la noticia de organismos financieros y calificadoras extranjeras que nos dan un buen crédito en calificación por cumplir el gobierno las metas en cuanto a obligaciones internacionales. Estas son noticias gratas, porque por lo general siempre de los países subdesarrollados lo que se dice es que se acostumbran a vivir en medio de la miseria humana, en donde el incumplimiento de los compromisos los hace vivir en una permanente “tramposidad”, es decir, con la bandera de tramposos por no disciplinarse en el cumplimiento de las obligaciones.

La calificadora ‘Standard & Poor’s’ es una las agencias internacionales de calificación de riesgo que practica las evaluaciones de la forma más rigurosa para saber cuándo un país está reflejando la mejora fiscal que conlleva al saneamiento de las finanzas públicas. No hay forma que esta agencia calificadora proporcione datos inexactos o sesgados para favorecer a un gobierno, porque la misma está regida por mecanismos de verificación del gobierno de EEUU y organismos financieros internacionales, que la podrían cancelar si sus reportes llegaran a faltar a la veracidad.

Una calificación de ‘Standard & Poor’s’ es una expresión verídica, lo que la hace una especie de “olimpo financiero” cuyos informes no admiten rebates o discusión, todo lo contrario, constituyen una declaración pétrea e inamovible. Salva a quien anda caminando bien, así como es capaz de hundir a aquellos gobiernos que son incapaces de cumplir con disciplina fiscal los compromisos financieros de país. Por lo que, subirle la calificación a nuestro país es un reconocimiento que nos otorga un crédito favorable de lo que no pueden vanagloriarse  varios de nuestros vecinos del circuito centroamericano.

Esta calificación favorable que le otorga a Honduras la firma ‘Standard & Poor’s debe ser aprovechada como nación por todos los sectores, porque como país crecemos en credibilidad, lo cual significa que Honduras está logrando salir del sótano internacional, a fuerza de buenas decisiones de alto nivel, dejando atrás los años de  crisis, especialmente cuando después del 2009 nuestro país fue sumido en un brutal desconocimiento internacional, por la tergiversación que se empeñaron en difundir al mundo malos compatriotas que antepusieron sus intereses políticos particulares, propagando una mala imagen que durante tres años le pasó una costosa factura a más de 8 millones de hondureños.

Hoy, el buen trabajo de ordenamiento financiero que ha hecho el gobierno nos devuelve el crédito internacional y la bandera de Honduras cuelga de una forma muy meritoria en los organismos y gobiernos extranjeros. Sin duda que aquí se ha conjugado todo un contexto de orden, esfuerzo y sacrificio. El orden lo ha puesto el gobierno, indudablemente, pero el esfuerzo y el sacrificio lo hemos puesto los hondureños que pagamos al día nuestros impuestos, demostrando que somos los contribuyentes el alma financiera que sostenemos la nación. Pero la cuota vale pena, porque siempre y cuando las cosas se enderecen y se lleven por buen camino y sin trapicheos, no hay de que quejarse. Porque al final, si a Honduras las autoridades la conducen por buen camino, a todos nos irá mejor. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 19 de julio de 2017.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *