¿Estamos en lo alto del pico del COVID-19?

enero 12, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Por las cifras de contagiados y personas fallecidas que han crecido en forma inquietante en las primeras dos semanas de enero del 2021, producto del desenfreno de muchas personas durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo, pareciera que estamos  atravesando el momento crítico que los virólogos denominan EL PICO DE LA PANDEMIA. La cantidad de personas infectadas que llegan a los hospitales y a los triajes significa que la previsión solicitada por las autoridades y los medios de comunicación no ha sido escuchada, producto especialmente de la temeridad individual, más que por la necesidad de movilización que demanda la sobrevivencia.



Pocas veces ha existido en la humanidad la urgencia de apretar filas alrededor de la disciplina y la tenacidad para enfrentar a un enemigo común que por el enorme poder que le da la invisibilidad se ha esparcido por todo el planeta, con la tendencia de ser una especie de tormenta duradera por más del tiempo que se pensó. La intensidad de esta pandemia tiene acorralados desde los países más desarrollados para abajo, de manera que no podemos decir que por estar en el confín de los países tercermundistas somos víctimas por excelencia del COVID-19, producto de nuestra pobreza, porque países más pobres como Haití están respondiendo a fuerza de disciplina para evitar la propagación.

Todo pasa por el estado de conciencia que asuman las personas para cuidarse y no ser víctimas del contagio, y no echar las campanas al vuelo por las noticias distorsionadas que trascienden sobre la vacuna, que nos estará llegando por partes, teniendo preferencia en la administración del fármaco como es natural, los médicos, enfermeras y demás personal que están en la primera línea de combate del virus. Lo que ha ocurrido para que se haya desatado un repunte del coronavirus es que una parte de nuestra población le ha perdido el miedo, sea por un estado de inconsciencia o por el prurito de manifestarse rebelde a todo aquello que es advertido por las autoridades y los medios de comunicación. Y ahora tenemos el resultado que no se deseaba, miles de personas haciendo cola en los triajes y centenares hospitalizados, muchos de ellos, infortunadamente, requiriendo de los cuidados intensivos.

El asunto no es de asumir falsas posturas de valor frente al COVID-19, se trata que, de continuar subiendo la propagación, los hospitales y los triajes serán insuficientes y el personal médico y de enfermería caerá en un agotamiento tal que no tendrán capacidad para dar una atención eficiente a tantas personas contagiadas. Hoy libramos una auténtica guerra contra una pandemia liderada por un General invisible, el COVID-19, que ha demostrado su poder de contagio y de letalidad, y que aunque es subestimado en varios países donde hay muchas personas que se quejan de las medidas que restringen la circulación, enfrentamos una realidad que es escalofriante: el COVID-19 no solo afecta a los mayores de edad, también contagia a jóvenes y niños.

En esta lucha contra la pandemia, no podemos enfrascarnos en trivialidades para desconocer el peligro que representa para nuestra salud el coronavirus, ya son miles los hondureños que han perdido la capacidad de respuesta para sobrevivir porque no le prestaron atención desde que sintieron los primeros síntomas, que es cuando debe acudirse en busca de ayuda médica. El sistema de Salud Pública ha trabajado y sigue trabajando intensamente prestando el servicio a los hondureños, lo podemos testimoniar de manera fehaciente y sin el ánimo de hacer propaganda. Las actuaciones de los funcionarios de Salud Pública han sido admirables en todo momento, a costa de un riesgo supremo de su propia vida. No hay nada que reclamar a los equipos de la Secretaría de Salud, tanto en atención a los pacientes como llegado el momento de proveer el tratamiento para que el contagiado se recupere. El equipo de Salud Pública es todo un ejército de héroes al que no se le puede reprochar ninguna culpa, pero podría pasar que si el pico de la pandemia sigue creciendo los hospitales y los triajes serán insuficientes, no habrá camas si llegan más contagiados, también el personal será insuficiente y aunque haya medicamentos los pocos médicos y enfermeras que siguen prestando su servicio pueden colapsar físicamente por el trabajo agobiante.

Para que el General COVID-19 no nos venza en esta guerra los hondureños debemos ser responsables y conscientes de que hoy más que nunca se nos impone cumplir las tres medidas sanitarias: usar la mascarilla todo el tiempo, mantener la distancia física de las demás personas y lavarnos las manos con jabón y agua con la mayor frecuencia posible. Pero si nuestra población sigue haciéndose la desentendida al peligro del coronavirus, entonces compinchados con el Gral. COVID-19, habremos perdido la batalla de la sobrevivencia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 12 de enero de 2021.

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