Estamos en el ojo de los huracanes

noviembre 13, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Como los hondureños vivimos en la indiferencia y el descuido no ponemos atención a los pronósticos que formulan a principio de año los organismos especializados en los asuntos de meteorología, lo cual debería ser una tarea que debe incorporarse en el sistema educativo, para ir formando en los niños la cultura de la observación del estado del tiempo, algo tan fundamental en diferentes aspectos de la vida de nuestra nación, por estar situada Honduras en la «ruta de los huracanes». Conocer cómo será el desarrollo del tiempo no solo nos ayudará a proteger la producción agrícola, a aliviar las inundaciones para cuidar las infraestructuras y sobre todo a salvar la vida de muchos compatriotas que habitan en lugares que son inundables en épocas lluviosas.



Desde enero de este año el Centro de Huracanes de Miami anunció que el 2020 sería un año plagado de huracanes, advirtiendo que todos los países situados en la ruta de estos fenómenos naturales debían mantenerse con el máximo de alerta, entendiéndose que debían tomarse todas las medidas con la suficiente anticipación, tanto en el aparato productivo como en la protección de las personas, sin embargo, ha llegado la hora de establecer medidas de Estado en los planes de gobierno que contemplen los preparativos cada inicio de año para amortiguar los efectos de las tempestades.

Este debe ser un asunto que debe estar contemplado en los renglones de alta prioridad nacional, sin siquiera esperar las advertencias del centro de huracanes de Miami, puesto que como hemos reiterado hasta la saciedad las tormentas son eventos que nos repercuten todos los años, en una determinada temporada. De cajón sabemos que la época de huracanes está debidamente comprobada en un período que abarca desde el 30 de junio hasta finales de noviembre, cinco meses que pueden extenderse unos días más conforme el ciclo de lluvias ha variado por el cambio climático. Esta etapa previsora debe comenzar de inmediato, es decir, ya desde diciembre los organismos del gobierno como COPECO, CENAOS, las Fuerzas Armadas y demás afines, deben sumergirse en una etapa de intensa preparación que comience por una revisión de las obras de mitigación que ya existen pero que en el período lluvioso sufren alteraciones y daños que deben ser reparados para la próxima temporada lluviosa. Debe haber un intenso examen de las estructuras, puentes y carreteras, para revisar las bases que pudieron sufrir algún deterioro por el golpe de las crecidas. Los cabezales de los puentes deben ser revisados y de ser posible reforzados en la etapa de verano, cuando no llueve.

El país no puede seguir esperando de brazos cruzados las próximas tormentas, que cada vez serán más intensas según los pronósticos de los expertos que se apoyan en los radares alimentados por el satélite especial que observa el comportamiento atmosférico. La ventaja, que aunque suene paradójico, es que el satélite tiene capacidad para vislumbrar conforme el movimiento del planeta los siguientes seis meses, cuántos fenómenos ciclónicos aparecerán desde finales de junio a finales de noviembre. Este avance grandioso que constituye el satélite del estado del tiempo ha hecho la diferencia, porque mientras hace unas tres décadas atrás vivíamos dando palos de ciegos, sin saber cómo sería el siguiente período de huracanes, dependíamos de las antiguas cábalas que consistían en calcular los ciclos, pensando en que si hace 20 años nos llegó un huracán, por fuerza este año tendríamos otro. El satélite del tiempo nos sacó de esa época primitiva, hoy gracias a ese valioso auxiliar que nos ha dado la tecnología podemos saber desde enero como será la temporada ciclónica del siguiente período de junio a noviembre.

Ya no hay excusas para las improvisaciones, que un huracán nos agarre con los pantalones en la mano es por la desidia o la indiferencia de todos. Y en esto debemos ser precisos, a las autoridades de gobierno y a los organismos les toca en gran medida la mayor responsabilidad en este trabajo preparatorio, pero el resto de la ciudadanía tiene la obligación de hacer lo suyo, tomando sus propias precauciones. Los que viven en zonas que por el bajo nivel del territorio son inundables, deben estar mentalizados que al escuchar la primera advertencia de huracán, deben estar preparados para evacuar a un lugar seguro. No es responsable escuchar a las personas decir que si bien fueron advertidos por las autoridades y por los medios de comunicación, se confiaron por creer que el huracán no tendría consecuencias. Esa confianza mata, porque como los huracanes cada vez son más fuertes, al no haber cortinas naturales de contención por la deforestación que ha dejado desprotegida a las montañas, las intensas lluvias erosionan las tierras convirtiéndolas en verdaderas avalanchas de lodo que tienen la suficiente fuerza para destruir todo lo que encuentra a su paso.

Después de ETA nos llega IOTA, y quien sabe si de repente aparecerá otra tormenta más, porque, aunque el Centro de Huracanes de Miami vislumbró tres tormentas en noviembre, en el lejano horizonte africano del Sahara todavía hay vientos ardientes que al llegar al mar se alimentan de agua y forman nuevas tormentas. No nos asombremos si llegamos a diciembre con nuevos anuncios de tormenta. Y para nosotros, Honduras y países vecinos, la cosa es muy seria. Y, aunque los meteorólogos no lo digan, por si no lo recuerdan nuestros amables compatriotas, vivimos seis meses del año en el ojo de los huracanes.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 13 de noviembre de 2020.

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