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Un Estado laico a ultranza no es bueno

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El que un Estado sea laico no significa que excluya los conocimientos religiosos que inculcan valores y buenas costumbres en las personas; una cosa es que desde el punto de vista jurídico, porque así lo establece la Constitución, no se imponga en el sistema educativo público una religión o un credo religioso. El que se haya planteado en el Congreso Nacional que se puedan leer en las escuelas públicas principios bíblicos de los cuales emanan sabias enseñanzas, no cambia la situación laica de nuestra educación.

Los que arman un revuelo por el simple hecho de que en las escuelas se lean conceptos bíblicos, se colocan en la posición radical de defender un Estado laico a ultranza, lo cual es tan aberrante como el extremo de defender el fanatismo religioso. En ambos casos hay un extremismo que no es saludable en la formación de las personas desde su base. La fe religiosa es algo que cada persona alcanza desde que en su hogar le inculcan el ejercicio del libre albedrío, ya sea por sus padres o por sus amigos, más no por el gobierno.

La idea del Estado laico tiene su esencia en el liberalismo que es la plenitud de libertades, en que todo ser humano escoge la ruta de vivir en libertad, con el derecho a disponer de su vida, de sus bienes y de todo aquello que produce, de la manera que a él le convenga. Basado en este principio todo ciudadano desde que inicia su formación puede escoger el credo o la religión que le guste. El único límite a la libertad personal se lo establece la ley, especialmente en lo que concierne a respetar los derechos de los demás.

En la Biblia hay enseñanzas magistrales que son la esencia de la sabiduría, como las parábolas de Jesucristo, más o menos unas cincuenta, de las cuales hay siete que los expertos consideran que son las más importantes porque aportan mucho en valores a las personas. Una parábola es una historia que enseña una lección, Jesucristo las usó citando la cultura común, las normas y la situación de la época. Parábolas como “el rico insensato, el trigo y la cizaña, el tesoro escondido, la perla del gran precio, el señor de la casa, los dos hijos, el crecimiento secreto de la semilla, el sembrador, la casa sobre la roca, la oveja perdida, el hijo pródigo” y todas las demás, tienen un rico contenido en sabiduría y valores.

Oponerse a que los niños escuchen estas sabias escrituras es una aberración propia del radicalismo que solo profesan los extremistas y los radicales de pensamiento, muy propio de las sociedades cerradas que es la característica de los países del oriente medio, donde el fundamentalismo ciego no permite la libertad de pensamiento. Hay que entender bien el concepto de Estado laico y no confundirlo con el radicalismo. El Estado laico, desde el punto de vista jurídico significa que no hay una religión o credo oficial en la Constitución de la República, pero no excluye el conocimiento religioso que aporta valores.

En la sala de análisis de la NASA en Cabo Cañaveral, Florida, donde conviven los científicos más connotados del planeta, duchos en el estudio de la Física, la Astronomía, las Matemáticas y el Cálculo, hay un letrero de gran dimensión con la siguiente leyenda: “IN GOD WE TRUST” (en español significa EN DIOS CONFIAMOS). Los científicos que en su mayoría son físicos, son humanos, no son ángeles, pero le dan cabida a la fe religiosa en su vida y en su trabajo científico, porque la ciencia no excluye la fe religiosa. La mayoría de los médicos antes de practicar una operación delicada acostumbran decir que ponen su trabajo en las manos de DIOS para salvar una vida.

No hará ningún daño a los niños de las escuelas públicas que se les lean algunos pasajes bíblicos que les inculcarán valores, daño se les haría inculcándoles lecturas que atrofian el pensamiento humano transformándolos en individuos radicales en todo sentido. El Estado laico reconoce el principio que toda persona tenga la libertad de pensar en la manera que quiera. Limitarle un conocimiento sobre algo fundamental como son los valores, además de una aberración va contra la misma libertad de las personas que establece la Constitución de la República.

En el Estado laico hay tres situaciones: la primera es que cada persona puede ejercer y practicar el credo que más le simpatice, siempre y cuando no violente la libertad de los demás. La segunda es que el respeto por la libertad implica que el Estado no favorezca a ninguna religión o credo, es decir no habrá religión oficial. El tercero es que ni el mismo Estado, en respeto a la libertad individual, puede promover el ateísmo.

Como bien decía John Locke, uno de los padres del liberalismo: “el fin de la ley no es ni abolir ni restringir, sino el preservar y engrandecer la libertad individual”. Por lo tanto, consideramos que lo inmoral y a la vez ilegal, es prohibir o impedir que a los niños se les inculquen valores por medio de enseñanzas sabias contenidas en principios y pasajes bíblicos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 6 de junio de 2018.