España: la dificultad de crear gobierno

diciembre 2, 2019

España es un país complicado. Formado por pueblos individualistas, su integración siempre ha sido difícil. Porque los intereses son diferentes, el individualismo cimarrón y la capacidad de dominar los impulsos encabritados, es un esfuerzo no siempre exitoso. Salvador de Madariaga decía que España era un país invertebrado. Y muchos han dejado escrito que la guerra civil no la ganó Franco – que entre sus méritos, además de sus capacidades militares no siempre valorados por sus enemigos, tenía las de un calmado gallego, que sabía mucho de sus compatriotas – sino que la perdieron los republicanos que, individualistas y orgullosos hasta el tuétano, eran incapaces de ver lo global, ante la pequeñez de sus orgullos amenazados por la metralla y el riesgo de las bombas sobre Barcelona. Orwell, que vino románticamente a combatir a su lado, lo reconoce en “Canto a Cataluña”. Y casi todos los historiadores, no dejan de valorar la capacidad de Carrillo en la transición del franquismo sin Franco a la democracia – que no tenía otra alternativa que pactar con Fraga que, entonces era político acabado, en fase terminal, no por las abolladuras de su talento, sino por el mal olor de un régimen que había vivido demasiado tiempo–  de ceder, aceptando la Monarquía, el sistema parlamentario y el régimen autonómico, como expresión de un realismo que se nota que hace mucha falta en este momento.

Llegué a Barcelona en la noche del 10-N. A tiempo para conocer los resultados. Y desde el principio me di cuenta, en una aritmética simple que, para que Pedro Sánchez del PSOE – que obtuvo el mayor número de escaños en el Congreso – pudiera ser envestido como Presidente, necesitaría de los votos de Esquerra Republicana. O de su abstención. Y que, sería difícil, porque los de Esquerra son un grupo de políticos apurados que quieren los resultados ahora mismo; que carecen de la paciencia de los británicos y la disciplina emocional de los alemanes. Parecen por el carácter, más urgidos que los italianos, apasionados, explosivos, directos y apasionados por el logro inmediato de objetivos que, en condiciones realistas, requieren mucho tiempo. O son imposibles. Como les ocurre a políticos de este tipo, tienen más conciencia de su ombligo que de la opinión y los sentimientos del entorno. Quieren separarse de España que, –uno, llegado de Honduras, heredero de un país fragmentado, ofendido e irrespetado, dividido en cinco aldeas con luz eléctrica como decía Mendieta–, no puede disimular su inquietud. Y creen que ha llegado el momento, pasando por alto un fenómeno visible para todo el mundo, menos para un pueblo que posiblemente basa su valentía y arrojo más en el menosprecio de sus adversarios que en la valoración de sus propias fuerzas y la capacidad de anticipar el riego de ser destruido por el otro que tiene enfrente. Los líderes de Esquerra Republicana, menosprecian a VOX, la más rancia derecha española de los últimos años que está a los “cojones de la pérdida de tiempo”, de discusiones teóricas que sienten que es pérdida de tiempo y que, para defender la unidad de España – que la sienten amenazada por un “gobierno de izquierdas”, como dicen aquí. Por ello, no le han prestado atención al duro de Aznar, – calcáreo y consistente, incluso en contra de su voluntad, porque no puede ser de otra manera–, cuando ha dicho que son capaces de pactar con el PSOE, con tal que prescindan de Sánchez. Suena difícil; pero es una fisura, una indicación que españoles como los del Partido Popular, son capaces de todo, con tal de frenar el impulso independentista de España. Menos perdonar a Sánchez; ni siquiera en este momento en que si no se ponen de acuerdo, tendrán que ir a nuevas elecciones



Por su parte, los ER no valora mucho los resultados electorales. Pese a su éxito, debido más que todo a la calidad tranquila y moderada de su encarcelado líder; no toman en cuenta que el voto independentista ha ido disminuyendo de elección en elección; que es un voto disperso en varios partidos con dificultades para pactar entre sí, como ocurriera durante la Guerra Civil. Y lo peor, la fortaleza de la monarquía; la tranquila espera de las Fuerzas Armadas españolas y la falta de un entorno externo con el cual, pudo Franco efectuar una guerra a su paso, con el apoyo de los alemanes y los italianos, entre otros. Ahora el entorno internacional es contrario a otra balcanización, en la que los desgajes, vengan desde la orilla — como es Cataluña pese a su fortaleza económica – o fruto de la falla del núcleo que se salió de su eje, por fallas internas, como ocurrió con Belgrado, son inadmisibles.

Las apuestas son varias. Mañana martes continuaran las negociaciones entre PSOE y ER. Y el 8 de diciembre es la primera sesión de investidura. La integración de la mesa del Congreso, donde le darán, como corresponde, una vice presidencia a VOX, más los electos indicados, puede facilitar una solución que en el caso de España, nunca pasará de ser provisional. ER puede abstenerse. Cualquiera cosa puede pasar. Este es un pueblo inestable en el que nosotros los latinoamericanos, nos vemos reflejados en un espejo nublado; pero cercano, a nuestros afectos y recuerdos. Y nuestras debilidades.