Entre lo sano y lo malsano

junio 17, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

¿Qué de extraño tiene que Juan Orlando Hernández se haya contagiado del coronavirus? Si este hombre cumpliendo su función presidencial ha estado en la primera línea del combate al COVID-19. Pudo haberse quedado tranquilo y confortable en su oficina, tele-dirigiendo las misiones encargadas a sus subordinados para evitar el riesgo del contagio, pero entonces le habrían reprochado quedarse en la sombra mientras los demás estuvieran exponiendo el pellejo haciendo centenares de cosas que deben hacerse en esta crisis.



No hay que olvidar que la capacidad nacional, en principio la refleja el gobierno y como en Honduras siempre hemos vivido bajo un régimen presidencialista, en los momentos cruciales las acciones del país las debe encabezar el Presidente de la República. Lo hemos visto en los momentos de tragedia nacional, en tiempo más reciente, durante el Huracán Mitch, el presidente Carlos Flores asumió la primera línea para actuar como un general en todas las tareas de Estado que demandaban de la acción inmediata para el proceso de reconstrucción.

Grosero hubiera sido que JOH se hubiera escondido en su casa o en su oficina para eludir las mortales consecuencias del coronavirus, pero si hubiera asumido esa conducta, el hueco que hubiera dejado en la conducción del país habría quebrado las reglas básicas que debe observar todo presidente que se considere responsable en los momentos difíciles que viven los hondureños. Estar presente en los muchos eventos donde se han estado realizando las múltiples actividades para enfrentar las consecuencias de la pandemia significa estar metido en la zona de riesgo, porque lo grave de este virus es su enorme poder de contagiosidad, que al mínimo descuido se cuela en el cuerpo de las personas, por eso es que médicos, enfermeras, bomberos, policías, militares, reporteros y otras personas auxiliares han resultado contagiados.

Puede andar una persona cubierta con la mascarilla, puede guardar la distancia física, puede lavarse las manos con jabón a cada paso, pero el virus tiene una omnipresencia por su tamaño microscópico que lo hace permanecer donde uno menos se imagina que puede estar, a eso se debe que últimamente entre las personas más contagiadas están las amas de casa, que aunque viven dentro del hogar, al recibir las compras de los supermercados algunas no se percatan que en las bolsas y en las cajas el virus viaja con tranquilidad al interior de los hogares donde uno cree estar a salvo las 24 horas.

Tienen que tener una mente cochambrosa los que creen que Juan Orlando Hernández salía a acompañar las tareas de gobierno con el propósito de contagiarse, igual podría decirse de toda aquella inmensa cantidad de personas que por hacer su trabajo están donde está el riesgo de contagiarse, pero la verdad es que con la propagación del virus hasta los niveles que está alcanzando, asistir a cualquier acto público de manera constante representa el máximo de riesgo de infectarse. Hay que leer LA PESTE de Albert Camus escrita en los años 40 del siglo pasado para conocer las consecuencias que una epidemia deja en una ciudadanía y todo lo que aflora en los buenos y malos sentimientos de las personas. Porque en una crisis sanitaria que provoca una pandemia, salen a relucir lo sano y lo malsano de la humanidad.

En el Wall Street Journal vimos recientemente un artículo suscrito por el eminente político norteamericano Henry Kissinger, abordando la crisis originada por la pandemia en EEUU, tratando de encontrar parangón con eventos similares que han producido incertidumbre mundial, especialmente durante las guerras, pero la conclusión de Kissinger es que este coronavirus no tiene comparación. En la parte final de su artículo en el Wall Street, Kissinger afirma que «el mundo nunca será el mismo después del coronavirus porque las alteraciones políticas y económicas debidas a la pandemia durarán generaciones y para superarlas se requiere de la urgente necesidad de eliminar las barreras nacionales y de concebir y desarrollar un programa global de cooperación, tanto en la parte interna de los países como entre los países».

El enfoque del señor Henry Kissinger, ilustre político que asumió tareas que incidieron en el mundo, propone una radical mejora en la actitud de los países y de las personas. El COVID por lo que dice Kissinger no es ni parecido a una guerra, es peor todavía y lo que toca a los ciudadanos de todo país es unirse a las tareas de Estado. No se puede enfrentar las consecuencias de esta pandemia como lo proponen algunos políticos hondureños, a los que, lo único que les brota son las recetas politiqueras. Unos critican ciertas decisiones y acciones que se han tomado con los epítetos más duros, pero en el régimen democrático que vivimos eso está permitido, porque donde hay tanta democracia como si la hay en Honduras, el menos agresivo es aquel que le puede mentar la madre desde el Presidente de la República para abajo. Y como padecen de amnesia se han olvidado de las tropelías que se cometieron en el período 2006-2009, que en su mayoría, por esas cosas de los arreglos políticos, se quedaron en las sombras de la impunidad.

Volviendo a esto del contagio, cuando alguien sale a la calle, cualquiera que sea, a cumplir sus funciones enfrentando el riesgo del contagio, más bien hay que admirarlo, porque las cifras del contagio de la pandemia no se inventan, son cifras reales que forman esa contabilidad especial que va sumando día a día, noche a noche, a todas las personas que resultan contagiadas, entre las que se recuperan y las que no lo logran porque su organismo no ha podido resistir el embate del virus.

No es necesario traer a colación la cantidad de dramas personales que se están registrando en el país para hacerse la idea de las consecuencias que esos dramas encierran en la vida y en el futuro inmediato de muchos hondureños. Cada persona que resulta contagiada asume un porcentaje de peligro para su vida. Por eso es que, aunque algunos lo creen innecesario, el quedarse en casa es una forma de evitar el contagio. Pero, en el caso del ciudadano que dirige los destinos del país, no asumir su papel estando en el frente de lucha contra la pandemia, le hubiera significado la muerte cívica por el reproche nacional que lo hubiera aplastado por quedarse tranquilo en la comodidad de la oficina o de su casa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 17 de junio 2020.