Entre halcones y palomas

mayo 21, 2019

Tegucigalpa, Honduras

Fue el Presidente Eisenhower, el primer gobernante de los Estados Unidos, que se refirió a la peligrosidad de la influencia de una alianza entre empresarios industriales y los militares. Creía que allí había el germen de un grupo de presión que, podría en algún momento, empujar al gobierno de los Estados Unidos a una acción guerrera, para proteger los intereses de esta alianza de industriales y militares. Ahora es Trump que, con el desenfado que la caracteriza y en forma pública, critica al Pentágono porque según él, está interesado en una guerra en contra de Irán. Él, por su parte, rescata el valor de las sanciones económicas, antes que exponer al mundo a una guerra terrible en la que, inevitablemente, se verían implicadas muchas naciones: China, Rusia, Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita y la Unión Europea.



Estas inauditas declaraciones, en que nunca antes había mostrado sus diferencias con el Pentágono en forma pública, hacen eco a los informes que se han venido manejando en la prensa mundial, sobre la lucha entre halcones y palomas, alrededor del inquilino de la Casa Blanca. En momentos anteriores, las palomas habían evitado que Trump, en su afán confrontativo, arruinara sus relaciones con sus aliados. El general Mattis, en su renuncia, dejó establecido que el poder de los Estados Unidos, está basado en su capacidad de mantener buenas relaciones con los países aliados. Con lo que, criticó la conducta de Trump que, en su guerra comercial, destinada a reducir el déficit comercial de los Estados Unidos que en realidad no le afecta como a otras naciones, entre en conflicto con aliados importantes como la Unión Europea e incluso con Japón y Canadá.

Ahora es Trump el que critica a Bolton y Pompeo, asesor de seguridad el primero y el segundo Secretario de Estado, por su afán guerrerista y su propensión de ir directamente a la confrontación armada, a partir de amenazas específicas. Como se puede ver, la diferencia entre las dos posturas es que Trump, juega a la guerra comercial y al ejercicio diplomático final, consecuente con su visión de provocador, como medio para lograr acuerdos favorables a los Estados Unidos; mientras que Bolton y Pompeo quieren pasar a la acción. Y negociar después. Desde la diplomacia hacia la provocación guerrera como un mecanismo para forzar las negociaciones.

Entre las dos posturas, es un error aplicar consideraciones morales que, en este momento en los Estados Unidos han sido abandonadas. Más bien, lo que es obligatorio es preguntarse si la eficacia que se busca para lograr resultados favorables a los Estados Unidos, cosa natural en toda nación que se precie de tal, es si la aplicación de una estrategia de provocación militar, puede por error o nerviosismo de más de alguno de los actores implicados, provocar un conflicto militar que incendie el oriente y afecte los intereses económicos de occidente especialmente.

La movilización de  portaviones y tropas hacia el estrecho de Ormuz, por donde circula el 40% del petróleo del mundo, es una apuesta arriesgada que, sin duda ha llamado a la preocupación de Trump. Es contraria a su estilo. Él provoca y negocia. Bolton y el Pentágono, con la operación que tiene alarmado al mundo, se acercan peligrosamente a una guerra que puede producir resultados imprevisibles.

Como en todos los desacuerdos, desde afuera, uno está obligado a anticipar algún desenlace. En este caso, Trump, que no tiene nada de paloma y tampoco de halcón, sabe los riesgos, no tanto para el mundo occidental, sino que para sus intereses electorales. Una guerra con Irán, que no puede  imaginarse de corta duración excepto que Israel recurra a sus armas atómicas y destruya la capacidad de Teherán, es negativa para los intereses electorales de Trump. Los Estados Unidos, posiblemente le daría, mucho más que lo ha hecho hasta ahora, las espaldas al actual inquilino de la Casa Blanca. Por ello es que Trump, siendo el Jefe del Pentágono, recurre a la opinión pública para detener a quienes quieren, posiblemente con razón, detener a Irán antes que desarrolle su potencial atómico con lo cual,  complicar no solo la existencia de Israel, sino que la paz del oriente y la comodidad de Occidente.

De cara a estos hechos, hay que anticipar que los guerreros nerviosos le quitarán los dedos a los disparadores de sus armamentos. Y que Irán, entienda que necesitando tiempo, debe negociar con los Estados Unidos. El problema suyo es que Estados Unidos, ha roto las negociaciones y amenazado su existencia como nación. De repente, la jugada de Trump, solo busca darle una oportunidad para que Irán sepa que, todavía hay tiempo para negociar. Y lograr un acuerdo.