Entre el diluvio y la fe

noviembre 17, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Según la historia bíblica contada en el Génesis, Dios envió un diluvio durante 40 días y 40 noches para castigar a los hombres y a los ángeles por su mal comportamiento, que habría dado lugar a un desequilibrio en la tierra. Para limpiar los males materiales y espirituales, Dios envió lluvias constantes durante todo ese tiempo con el deseo de producir una limpieza de todos los males. Fuera de las controversias surgidas entre los religiosos y los científicos, que han puesto en duda que el diluvio, de haber existido, no fue otra cosa que una catástrofe ambiental, lo cierto es que las lluvias torrenciales que son consecuencia de los huracanes y las tempestades en cierta forma cumplen el precepto bíblico.



El paso del huracán IOTA por el territorio nacional está dejando lluvias en abundancia, y como la anterior tormenta ETA había provocado inundaciones en casi todo el país, es seguro que la recuperación de todas estas tierras para volverlas aptas para vivir y sembrar tardará más tiempo de lo normal, así como se requerirá el doble de recursos y de esfuerzos para poner ese territorio en situación aprovechable. Si los hondureños tuviéramos la actitud y la mentalidad de los egipcios esta situación no nos preocuparía, más bien la estuviéramos celebrando, porque los aguaceros intensos responden al mecanismo natural del planeta para equilibrar los sistemas de vida, para fortalecer el caudal de los ríos y hasta para limpiar la basura que las personas lanzan sin el menor cuidado por donde caminan. En los videos que hemos visto estos días en la televisión, las correntadas de agua que les dan a las calles y avenidas la apariencia de quebradas montañosas, arrastran una cantidad de basura que asusta. Gracias a las lluvias toda esa basura que se ha ido acumulando por la desgracia humana de las personas que tiran los desperdicios por dondequiera, se desliza y posiblemente va a dar a algún afluente de un río que finalmente la expulsa al mar. Por eso es que la costa caribeña de nuestro país está recibiendo una cantidad inmensa de basura arrastrada por las corrientes de los ríos de Guatemala.

Entonces, las consecuencias de los huracanes no son malas del todo, si bien la Biblia les da un origen divino, si no hubieran huracanes los ríos y las quebradas se secarían, la basura se volvería una carga peligrosa por la fetidez acumulada que se vuelve energía explosiva y los mares y océanos no tendrían el enfriamiento que necesitan para que sus materias y sus recursos como los peces, las demás especies y los arrecifes no mueran por el calor de las aguas marinas. Hasta los bosques se benefician de los huracanes, porque con tantas leyes que se han inventado  ahora es prohibido derribar los arboles viejos, que por ley natural deben ser derribados para que no sean un peligro. Un árbol viejo es una amenaza si al haber cumplido su tiempo no se le utiliza de manera racional. Con estas lluvias y sus vientos los árboles viejos se caen derribando cercos, muros y viviendas, exponiendo la vida de las personas.

Sin los huracanes, el aire de la atmósfera que es el que respiramos las personas, estaría más cargado con todas las sustancias tóxicas que producen los aerosoles que son causantes de muchas enfermedades que nos llegan cuando aspiramos el oxígeno que necesitamos para alimentar los pulmones. Si hacemos una radiografía del espacio atmosférico una vez que ha pasado un huracán, veremos la atmósfera más nítida, más limpia y más respirable. Por estas razones es que, aunque en el momento los huracanes nos parecen una amenaza, la verdad es que sin ellos el planeta estaría en peores condiciones y propenso a desaparecer.

Lo que nos corresponde a los hondureños es aprender de una vez por todas a cultivar una cultura de prevención y adaptación. El problema de los deslizamientos en Tegucigalpa es un desastre para las familias que habitan en las laderas más frágiles de la ciudad porque las autoridades municipales han actuado con suma irresponsabilidad al permitir asentamientos y lotificaciones en puntos escabrosos como El Reparto, El Edén y otros sitios que han sido registradas con nombre propio en las oficinas del catastro municipal, en contravención a una ley que fue creada para evitar esta clase de territorios fueran poblados por los riesgos que contrae habitarlos siendo tierras frágiles en zonas escarpadas. La Ley de Ordenamiento Territorial se hizo en parte para evitar que sucedieran estas situaciones, no permitiendo que la gente habite zonas que no son aptas para vivir con el suficiente margen de seguridad. Las ambiciones políticas de los funcionarios municipales, es lo que ha hecho añicos la importante ley de ordenamiento territorial, porque no solo han permitido las invasiones a esas tierras, sino que en tiempos de campaña han incitado a grupos a que se posicionen en ellas, dándoles con el tiempo los títulos correspondientes para que legalicen las áreas invadidas.

Si los hondureños nos empeñamos en seguir viviendo contra la corriente de los procesos naturales tendremos que resignarnos a sufrir las consecuencias, porque los huracanes seguirán llegando en la misma temporada de todos los años, de junio a noviembre, y si no nos preparamos los seis meses anteriores para prevenir las lluvias y aprovecharlas en lugar de que nos perjudiquen, es porque como parte de esta civilización moderna nos hemos resignado a ser el rescoldo entre lo peor que existe en el planeta.

Por ahora es un deber reconocer el ahínco con que las autoridades, los diferentes organismos y los voluntarios han actuado para socorrer y apoyar a todos los hondureños que han estado expuestos a los efectos de la lluvia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 17 de noviembre de 2020.

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