Entre el desarrollo y la vida

septiembre 10, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hay obras que por lo bueno que pudieran parecer, inevitablemente deben ser pesadas en la balanza que mide los beneficios y los posibles perjuicios que pudieran ocasionar. Una obra que requiere de cuantiosas inversiones, generadora de muchos puestos de trabajo y de un movimiento económico que dinamiza el circulante, antes de ser ejecutada debe ser expuesta a la más importante de todas las estimaciones, que es aquella que sopesa todo lo positivo que de ella se deriva, versus los daños que pudiera ocasionar el impacto de sus obras. La lotificación que empieza a ser desarrollada en las proximidades de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional La Tigra, sin duda que es un proyecto notable, quizás un sueño de sus propietarios por lotificar un área con habitaciones y sus respectivas obras derivadas, que la harían una zona residencial privilegiada.



Nada más que en la proyección, los urbanistas excedieron sus propósitos, porque la extendieron hacia una zona de alta sensibilidad ecológica como es la preservación natural de La Tigra, donde está el enclave natural más importante de la capital, no solo por el nacimiento de aguas de montaña que abastecen el consumo de una buena parte de los habitantes de Tegucigalpa, sino también por la más apreciable reserva forestal que contiene un nutrido hábitat de especies silvestres, entre aves y demás animales que desaparecen cuando los descombros de los árboles para abrir espacios, y el surgimiento de las obras de cemento, cambian las condiciones climáticas.

Hay toda una problemática en esta lotificación, que aunque es una apreciable inversión, desde un principio no contempló los límites de la prudencia de parte de los proyectistas, quienes debieron someterla a un examen más riguroso en el aspecto ecológico, para no llegar al momento en que después de hacer un enorme movimiento de tierra, y haber descombrado un área apreciable que estaba poblada de árboles, se deba paralizar la obra con la consiguiente pérdida para los inversionistas.

Sin embargo, pesando la obra para diferenciar entre las bondades del desarrollo y los daños al entorno que la misma produce, merece mayor consideración la preservación de la vida, porque la destrucción de toda área que encierra reservas forestales y especies de vida silvestre, es un atentado contra la vida en general. Y en el caso específico del Parque Nacional La Tigra, que contiene fuentes de agua y que ha sido el principal referente de bosques de Tegucigalpa, es un descuido imperdonable de las autoridades centrales y municipales, tratar con un anacronismo inadmisible el otorgamiento de permisos de construcción, que no caben en una área que debe ser protegida por toda la vida.

No hay zona de amortiguamiento de ningún bosque natural que resista obras de gran penetración destructiva a tan corta distancia de 400 metros, de manera que los ingenieros y los expertos en la materia ecológica, si hubieran analizado de manera  consciente esta obra que avasalla el entorno de La Tigra a tan corta distancia, de antemano debieron haberse pronunciado recomendando la no viabilidad de la misma.

Lo que procede ahora, para evitar la pérdida de la inversión en desmedro de los empresarios, es readecuar el proyecto, porque el problema no se resuelve solo cargando la responsabilidad hacia un solo lado, que es donde falla el criterio desequilibrado de algunos ecologistas que solo andan en procura de levantar banderas de triunfo, que es propiamente lo suyo.

Importa la pérdida de la inversión, por lo que es recomendable que autoridades municipales y gobierno central, junto a los empresarios proyectistas, guardando la cordura, analicen un reacomodamiento de la lotificación, de tal forma que el desarrollo de la lotificación no afecte el entorno ecológico de La Tigra, y por ende no perjudique una importante fuente de vida que para los capitalinos es el Parque La Tigra.

Este es, entre muchos, un caso en que se impone el equilibrio entre el desarrollo y la vida, dos factores importantes que solamente pueden coexistir por medio de las regulaciones legales que toca aplicar a las autoridades responsables.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 10 de septiembre de 2019.