En la metafísica de las desgracias

noviembre 16, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Mientras reflexionamos en las horas de incertidumbre viendo y escuchando los informes meteorológicos que nos indican que el huracán IOTA entre más se acerca a tierra firme más crece en su potencialidad con vientos descomunales, pensamos que este año hemos tenido la adversidad de las desgracias sobre nuestro país.



El vocablo desgracia se compone de los términos des y gracia, es la suerte adversa, es el suceso funesto que crea motivo de aflicción debido a un acontecimiento contrario a lo que se deseaba, en general, desgracia es no tener fortuna. Tanto caemos en desgracia porque las adversidades se juntan y se nos vienen encima, como cuando por nuestras malas decisiones terminamos desgraciados por diferentes razones, sea por lo que hacemos mal o por lo que dejamos de hacer.

Esta vez las desgracias en línea que se nos han venido encima a los hondureños son tan poderosas que si en Honduras no hay un liderazgo con la capacidad suficiente para conducir al país por la ruta de las soluciones, sufriremos consecuencias mayores a las que ya nos infringieron la pandemia y los dos huracanes consecutivos. Para tanta desgracia seguida diríamos que no se necesita ser amigo de la desdicha, porque con la pandemia y los dos huracanes Honduras se enfrentará a una larga etapa de reconstrucción en todo sentido, tanto en el aspecto material como en lo más complicado de todo, que es el aspecto moral, porque miles de hondureños que a estas alturas lo han perdido todo, desde el empleo, familiares queridos y sus empresas, medianas o pequeñas, que eran el fruto del trabajo de toda una vida, si el Estado no recibe el apoyo internacional que se necesita, podríamos entrar a la condición de Estado fallido.

En estas desgracias no se puede buscar culpables ni traidores ni desleales, cuando la naturaleza desata sus fuerzas no hay humano sobre la tierra que pueda enfrentarlas, lo que cabe es la prevención como cultura para vivir sin tener que estar lamentando cuando la furia de la naturaleza se suelta en tempestades o de otras formas. En el papel de observadores que nos toca, vivimos observando la actuación de las autoridades y el resto de la sociedad. Y como los hondureños hemos cultivado el hábito de encontrar culpables por todo lo que nos pasa, esta vez es imperativo olvidarnos de las mezquindades y concitarnos a conciencia para actuar como hondureños para enfrentar como nación unida los tres avatares.

Pero para que la desgracia sea mayor, hay que sumar a la pena de tener que lamentar la muerte de varios compatriotas las pérdidas materiales que le restan a la economía nacional, como la caída del café que no pudo ser recogido, primero porque en la pandemia no se encontraron los cortadores necesarios para recoger la cosecha y cuando se buscaban paliativos para ese trabajo, para que la desgracia fuera mayor se desataron dos huracanes de gran intensidad lluviosa. Desgracia de padre y señor mío, cuando se tenía la fe sólida de que este año la caficultura nos salvaría del abismo se vinieron las tres desgracias consecutivas. Es como para pensar que uno de esos chuchos malolientes, vio a Honduras en cuclillas y la encontró como el mejor receptáculo para descargarle sus orines.

Pero, como dice el refranero popular, al mal tiempo buena cara. No es con llanto que se arreglarán las tres desgracias, es con fe, esperanza y mucho trabajo como los pueblos acorralados por las desgracias se levantan y caminan de nuevo hacia adelante. No siempre un país que logra avanzar es porque camina por la senda del triunfalismo, los países que sufrieron mucho en las guerras mundiales son ahora los que más han prosperado, porque después de la incertidumbre, a sus habitantes, guiados por líderes con visión, no les quedó más que trabajar duro. Recibieron apoyo internacional y lo supieron aprovechar hasta salir a flote y ser hoy potencias económicas admirables.

Sufrimos tres desgracias, una tras otra, pero ni aunque quedemos mañana con el agua hasta el copete y con la pandemia rondando las esquinas, los hondureños debemos bajar la moral; no somos partidarios de arrodillarnos toda la vida, hagámoslo para rezar pero con la misma levantémonos para trabajar, Dios nos ayudará pero primero debemos ayudarnos nosotros manteniendo el espíritu de trabajo. Ni con estas tres desgracias consecutivas Honduras se va a acabar, el creador del Universo nos dio inteligencia para pensar y musculatura para trabajar. La metafísica de la desgracia no consiste en que una vez que los males se agolpan contra nosotros es para echarnos a llorar a mares, como si el agua lluvia no bastara, para terminar de incrementar las inundaciones con nuestro llanto.

La metafísica de la desgracia no es para morirnos antes de tiempo, las lluvias destructivas no las originamos directamente los hondureños, pero sí de manera indirecta contribuimos con nuestros malos hábitos a que las aguas del cielo sean más destructivas cuando estas caen y como por la deforestación hay pocos árboles que son los amortiguamientos naturales, el agua erosiona las montañas los cerros y las colinas deforestados originando los deslizamientos, aludes y avalanchas que destruyen obras materiales y acaban con muchas vidas.

No atribuyamos todo el daño de las lluvias a la furia de la naturaleza, la lluvia y las tormentas son cíclicas, nos visitan cada seis meses, lo que pasa es que los seis meses anteriores nos olvidamos de hacer las obras de alivio y de amortiguamiento, y las reparaciones necesarias causadas por las lluvias anteriores. Y especialmente porque la mayoría de los hondureños no hemos olvidado de la preciosa costumbre que tenían nuestros antepasados, que era sembrar árboles todos los días. Pero también porque muchas personas se asientan con sus viviendas en zonas que no son habitables.

Como no esperar que una montaña sin arboles pueda ser capaz de mantenerse intacta con la caída de las lluvias si su tierra no tiene la protección de las raíces de los árboles para evitar el proceso erosivo que es el que finalmente arrastra  la tierra y acaba con toda una montaña. Como no esperar desgracias humanas si hay personas que se obstinan en vivir en las áreas que son proclives a los deslizamientos. No le echemos la culpa a la naturaleza de todas nuestras desgracias. En la pandemia ya se sabe que hubo una mano temeraria que permitió en un laboratorio militar de China Continental que una persona por acción o por error, vertiera el letal virus para que se propagara.

Pero huracanes siempre ha habido, que causen más o menos daño, depende de cómo nos preparemos los hondureños y demás habitantes del mundo para que cuando venga el ciclo de tempestades estemos listos tanto para rezar pero también para trabajar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 16 de noviembre de 2020.

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