¡En la emergencia, unidos!

noviembre 5, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El paso de la depresión tropical ETA como es natural está provocando pérdidas normales que ocasiona cualquier período lluvioso, pero tampoco es como para maldecir las lluvias. La guerra que debemos librar en todo caso es contra nosotros mismos, contra nuestra desidia por acostumbrarnos a vivir con la cultura de la indiferencia, en la que apenas da la vuelta el invierno y volvemos a las andadas del olvido, de creer que las lluvias que pasaron y que nos inundaron, no las volveremos a ver nunca más. Este es el eterno problema de la sociedad hondureña, darle vuelta a la tortilla apenas la ponemos en el comal, la comemos y luego nos olvidamos.



Las tormentas tropicales siempre estarán en la temporada de junio a noviembre, y cuando las lluvias llegan, solo somos carreras pero no registramos nada y pronto nos olvidamos de lo que debemos hacer como prevención para las próximas tormentas. Los hondureños nos aferramos a vivir con la eterna indiferencia, pensando que lo que hoy nos pasa no nos volverá a pasar mañana. Y tratándose de lluvias debemos tener presente que los períodos de tormentas son cíclicos anualmente, pero tan pronto pasa diciembre y entramos a enero, se nos olvida que las siguientes lluvias llegan entre junio y julio. Y este olvido permanente no solo es de las autoridades, todos los hondureños actuamos igual, por eso es que cada temporada lluviosa nos sorprende sin haber hecho las prevenciones necesarias. Ningún período de tormentas es igual a otro. Hasta ahora ETA no llega a la cantidad de daños que nos ocasionaron los cuatro días de lluvia del terrible huracán Mitch.

Pero los daños siempre afectan y hay que atenderlos con prontitud. Los mayores daños que tenemos en cada temporada ocurren en el sector agrícola y en las infraestructuras, y tenemos que lamentar que todavía no ha aparecido una mentalidad previsora en nuestra sociedad. Si de antemano sabemos que las tormentas anegan y ahogan los sembradíos y destruyen muchas infraestructuras lo que dificulta las actividades de transporte entre las áreas productivas y los mercados, debemos prepararnos para los futuros eventos. Pero pasan los años y no hacemos lo necesario para precavernos para la siguiente temporada lluviosa.

Para el caso, en el Valle de Sula las medidas de alivio que se tomaron hace varias décadas no se han mejorado, y tenemos que lamentar que ni el Colegio de Ingenieros Civiles ni la Facultad de Ingeniería de la UNAH se han preocupado por hacer méritos con el Estado, presentando en carácter de acción social un proyecto de ingeniería que sea su gran aporte para el Estado, lo que demuestra que el sector profesional de los ingenieros civiles no tiene compromiso ni afecto social con el Estado hondureño del que tanto han recibido igual que los demás sectores del país.

Hace algún tiempo, uno de los mejores ingenieros que ha tenido Honduras, don Armando Sierra Morazán (QEPD) mientras visitábamos las obras de alivio a las carreteras del Aguán me decía que era necesario que los ingenieros, que es un gremio que hace mucho negocio con las obras de gobierno, le aportaran una cuota social a Honduras, presentando como contribución proyectos de alivio en todas aquellas áreas donde construían o reparaban carreteras importantes, pero su clamor que ofrecimos en los noticieros de la radio no encontraron eco ni aceptación en los funcionarios de gobierno que a la vez eran socios de las firmas constructoras.

Esto es lo que sucede en Honduras, cuando los intereses políticos se cruzan e interfieren con los agentes activos que trabajan por el desarrollo y los que llegan solo a «desmanear» para sacar provecho personal. Hoy estamos lamentando los daños que nos ocasionan las lluvias causadas por la depresión ETA, que han tenido una respuesta oportuna de las autoridades de gobierno, actuando con una reacción precisa ante los daños. Y en ciertos casos las autoridades chocan con la ignorancia de compatriotas que se aferran a sus humildes posesiones aun viendo que la catástrofe se les viene encima, una clásica reacción del que menos tiene pensando que si abandona su chocita ya nunca más la volverá a tener, por lo que prefiere morir soterrado antes que abandonarla.

Esta es una parte interesante de la filosofía del hondureño pobre en todo sentido, que prefiere enterrarse con su pequeña posesión material antes que salvar la vida, lo cual demuestra que hay centenares de hondureños que están chalados a las costumbres de sus padres y abuelos, que les enseñaron a defender lo poco que tienen con las uñas, con los dientes, y que es preferible morir antes que abandonar lo poco que han acumulado, conscientes de que en un soterramiento es casi imposible sobrevivir, como pudimos observar a una compatriota que rechazó el llamado que le hicieron voluntarios en el instante que la tierra se desmoronaba sobre su vivienda.

Frente a todas las consecuencias de la depresión ETA a los buenos hondureños se nos impone actuar unidos y en forma solidaria en apoyo a las autoridades y a las organizaciones que juegan un papel de auxilio para miles de personas que han quedado a la intemperie al haber perdido su vivienda mientras dura la inundación provocada por las lluvias que deja la depresión tropical. Todos debemos ser solidarios con los que han sufrido los efectos de la depresión ETA. El gobierno y sus organismos están haciendo lo que les corresponde, pero se necesita de mucha ayuda para que la respuesta en favor de los damnificados cubra la mayoría las necesidades.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 5 de noviembre de 2020.

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