En el día de todas las mujeres

marzo 9, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La vida nunca sería vida sin las mujeres, nada de lo que somos y lo que hemos podido alcanzar en la vida hubiera sido posible sin la influencia y la ayuda de las mujeres, desde que llegamos al mundo, alumbrados y criados por nuestra madre, nuestro devenir no podría entenderse si no citamos a las mujeres que comenzando por nuestra madre, nos han moldeado e influido en la vida. Cuando nos llega la etapa grisácea de la existencia y las canas empiezan a aflorar en nuestra cabellera, nos asalta la nostalgia y en ella surgen en nuestras mentes los nombres de nuestras maestras, mujeres nobles que un día nos transmitieron las primeras letras del alfabeto, nos dieron las reglas elementales para andar en el mundo el mayor tiempo posible, hasta el momento que nos vieron formados y algunas de ellas nos dieron la bendición para desearnos tener una vida profesional para dicha de nuestros padres.



Conservo todavía en forma nítida en mi mente la imagen de nuestras maestras de escuela primaria, doña Rosita de Avella, doña Isabel Pavón, y doña Vicenta Zerón. Alguna todavía vive, la última, a la profesora Chentía como le decíamos a doña Vicenta Zerón, acostumbraba a visitarla en el asilo de ancianos San Felipe donde pasó por lo menos sus últimos 15 años, hasta el año pasado cuando queriendo verla en su cama las enfermeras del asilo me dieron la mala noticia que había fallecido en junio del año pasado. De la mano de esas maestras aprendimos a leer, las reglas de multiplicación, las primeras operaciones aritméticas, a conocer los libros de ciencias naturales, de estudios sociales, a dibujar, a conocer las nociones de agricultura en los arriates, a participar en pequeños cuadros de comedia, a recitar poemas. Eran maestras pura dulzura, con temple cuando nos volvíamos insolentes con las malcriadeces propias de los niños, por lo menos es la sensación que guardamos de ellas con el paso de los años.

En nuestra casa, nuestra madre nos exigían guardar todo el respeto a estas maestras, ellas eran nuestras segundas madres dentro de la escuela. Lamentamos la muerte de ellas y nos alegraríamos sobremanera si alguna aún vive. Y si en aquellos años infantiles no teníamos la suficiente conciencia para agradecerles lo que hacían por nosotros, hoy les expresamos todo nuestro agradecimiento, donde quiera que estén.

Ayer se celebró el Día de la Mujer; hace mucho tiempo las mujeres trabajan con una admirable constancia que no se les reconoce. Los esposos somos groseros con nuestras mujeres, porque como dice la escritora Elizabeth Dessaí, el hombre ha hecho de la mujer una criada, queremos que sea una súper esposa, una madrecita que esté metida en la cocina todo el día y pocas veces somos conscientes de darles el espacio para que desarrollen sus inquietudes en aquellas actividades y quehaceres que les satisfacen.

A mi me interesa que las mujeres desarrollen sus ideas, permitirles que hagan las actividades como las hacemos los hombres, y creo que las mujeres tienen derecho de levantar su voz para hacerse oír, como lo han hecho este lunes, aunque no como un levantamiento de las mujeres contra los hombres, como tampoco los hombres deben alzarse contra las mujeres, porque hombres y mujeres no somos enemigos naturales en el mundo, vivimos en la tierra para complementarnos, para gustarnos mutuamente y proporcionarnos mutua satisfacción.

Cuando vemos una acción como la que se dio este lunes, en que un grupo de mujeres manchó las paredes de la Catedral Metropolitana, una de nuestras riquezas arquitectónicas históricas, lamentamos que nuestras mujeres hondureñas sean utilizadas por sectores dominados por una ideología radical que todo lo politiza. La izquierda ha hecho bandera de la mujer con el modelo insultante de agredir y estropear todo aquello que no se pliega a sus ideas sectarias.

Sin embargo, es más relevante hablar del gran papel que las mujeres hondureñas están desempeñando en la vida cultural, intelectual y profundamente productiva por el bien de los hondureños. En estos momentos que surge la amenaza del coronavirus dos mujeres profesionales de la medicina están dirigiendo desde el Ministerio de Salud las estrategias para evitar una propagación masiva del virus. Una mujer brillante como es Mayra Falk está al frente de una institución bancaria del Estado dirigiendo una importante tarea de colocar recursos en los sectores emprendedores para multiplicar la producción hondureña. En las universidades las mujeres sobresalen por su capacidad, en las empresas las mujeres son infaltables en todos los departamentos donde brillan por su precisión, responsabilidad y disciplina.

Es posible que por estar en la edad en que hemos alcanzado la madurez, es que somos felizmente conscientes de que nada hubiéramos hecho y logrado en nuestra vida sin la influencia de las mujeres, desde nuestra madre, nuestras maestras hasta nuestra esposa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 9 de marzo de 2020.

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