El Waterloo liberal

febrero 5, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS



La batalla, que a la vez es la derrota más famosa de la historia, Waterloo, en 1815, sirve para recordar que de los fracasos se puede levantar si se aprende que de los vestigios siempre hay un legado valioso, siempre y cuando al vencido no lo afecte el síndrome de Napoleón, o sea que el derrotado en el fondo sea un megalómano que no sepa como reorganizar sus fuerzas y lejos de eso, haga todo aquello que termine por hundirlas.

Napoleón Bonaparte, con sus aires de DIOS, aunque con gran capacidad estratégica y mucho talento, cayó derrotado en ese año frente al ejército del general Arthur Wellesly, conocido como el Duque de Wellington, que al vencer a Napoleón lo expulsó a la insalubre Isla de Santa Elena, donde murió víctima de una úlcera. Napoleón quiso poner una frontera histórica, haciendo que Francia flotara por encima de Europa, pero los ingleses lo pusieron en su lugar.

El Partido Liberal, que hoy celebra un nuevo aniversario, está cruzando su propia frontera histórica y muy delicada, en la que sus actuales dirigentes parecen no percatarse que sus últimas acciones están llevando a la gloriosa institución rojo-blanco-rojo a una situación harto compleja, y en que parecieran estar obstinados en ponerse a la cola de LIBRE y de Salvador Nasralla.

Sucede que todas las instituciones políticas después de tantos años de estar bregando en la lucha por conquistar el poder, en algún momento de su larga existencia tienen su Waterloo, su derrota estruendosa. El Partido Liberal lo empezó a sufrir en el 2009, prosiguió en su escala descendiente en el 2013 para casi llegar a la tumba en el 2017, con la derrota más humillante. Pero aún estando en tan precario estado sus dirigentes creen que hay razones para celebrar. ¿Celebrar qué? ¿Que el Partido Liberal está hoy casi convertido en un escombro político?

Siendo reportero de diario El Cronista, un día me tocó entrevistar al león del liberalismo, Modesto Rodas Alvarado, en su casa del antiguo Pedregal, donde hoy existe una colonia con el mismo nombre. Frente a su casa vimos dos novillos amarrados a un árbol. Le pregunté que si aquellos animales servirían para la barbacoa con la cual le celebrarían su cumpleaños. Y Rodas Alvarado me pidió que por Radio América, le dijera a los liberales que en lugar se celebrarle su cumpleaños se dedicaran a trabajar en los censos, a organizar el partido, porque los nacionalistas andaban de arriba a abajo censando a sus partidarios. Esa vez, Modesto Rodas Alvarado me pidió que les dijera a los liberales que las celebraciones en política solo se hacen cuando se está en el poder, en la llanura no hay nada que celebrar, salvo que los ingenuos quieran celebrar las derrotas y las calamidades.

El Partido Liberal sufrió su Waterloo el 26 de noviembre, cuando el equipo de campaña y el candidato creían estar acariciando la victoria, decían que JOH estaba estancando, que el candidato liberal estaba a dos puntos de distancia y que Nasralla había caído al fondo. Así lo creían y así se lo transmitían a su gente. Hubo personas que lo apoyamos pero sin dejar de conocer la verdadera realidad partidaria de los liberales. Dos meses antes de las elecciones, sabíamos que la situación del candidato liberal era de un tercer lugar abismal, frente a Nasralla y JOH.

No conocer su propia realidad para un político que aspira a la presidencia es padecer una falsa ilusión que lo aleja de la realidad para caer en una irrealidad ilusoria, que parece que todavía golpea al ex candidato liberal. Incluso una conducta así, golpea al Partido Liberal, porque el partido quedó devastado moralmente después del 26 de noviembre. Solo un pequeño séquito cree que el 26 de noviembre no pasó nada en el Partido Liberal y que, como manejan el Concejo Central Ejecutivo se pueden dar el lujo de hacer lo que quieran, incluso terminar de fragmentarlo disputándose nimiedades, como el hecho de hacer público su desacuerdo con el sector de diputados que nombró a Elvin Santos como jefe de bancada.

El Partido Liberal ha entrado en la fase de lo grotesco, en que su dirigencia apela al formalismo jurídico para poner de escudo los estatutos partidarios, frente a la necesidad de crear las condiciones de unidad, que es lo que se impone en estos momentos, y lo peor es que los líderes liberales actuales carecen del carisma hipnótico, del fulgor, de la polivalencia política y del eco que tuvieron los dirigentes y líderes que llenaron de gloria al PL. Y no hay una figura carismática en el horizonte liberal.

Entonces, ¿a qué debe dedicar el tiempo la dirigencia liberal? ¿A gastar los pocos recursos que tiene en celebraciones que no se justifican? En medio de su Waterloo, los liberales deberían estar trabajando en reorganizar a su maltrecho partido, porque como bien lo decía Rodas Alvarado, las celebraciones se hacen cuando el partido está en el poder. Después de la derrota, lo que queda por hacer es trabajar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 5 de febrero de 2018.

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