El voto electrónico y la institucionalidad que lo usa

febrero 25, 2020

Honduras

No hay que confundir los medios con los objetivos. Y menos con la institucionalidad. Los medios son útiles o inadecuados, según las circunstancias y la forma como se manejan. Si se hacen las cosas bien, los resultados – es decir los objetivos — se logran fácilmente. Pero detrás de todo esto está la institucionalidad que es la que al final, responde; y nos da a los ciudadanos, la garantía correspondiente. Los errores del voto electrónico, que hemos visto en Estados Unidos, en Venezuela y recientemente en República Dominicana, no sorprenden. Los artilugios mecánicos están expuestos a fallar, en algún momento. De allí que lo importante no sea la falla misma, sino que la actitud institucional frente a ella. Cuando un avión falla, como es el caso del popular modelo de la Boing, se investigan las causas y se busca la forma para corregir el error. Y si no tiene solución, se descontinua su fabricación. Lo contrario, ilógico, perverso e irracional es, utilizar la falla para engañar al público o a la ciudadanía. El público difícilmente montara en un avión con un registro de fallas mortales frecuentes. La ciudadanía en cambio, sometida a un régimen autoritario, si el voto mecánico le sirve para lograr sus objetivos de engañar a la opinión pública nacional o internacional, puede ser objeto de la manipulación, escondiendo las fallas y dando los resultados como buenos, porque estos protegen o favorecen sus intereses. En Venezuela, el voto electrónico se ha usado en 20 elecciones en las que el régimen, pese a su escasa confiabilidad que le ha servido para alcanzar sus objetivos de consolidar al poder, lo sigue usando. Es útil para sus fines de engañar y consolidar un régimen autoritario.



De allí que no haya que hacer generalizaciones. Y convertir al voto electrónico en el artificio por el que se valora la institucionalidad de un país. Así de primas a primeras. No es lo mismo la institucionalidad venezolana – que lo ha usado veinte veces – que la institucionalidad dominicana que ha tomado conciencia de tales falencias que, sus líderes electorales, han anulado las elecciones municipales, a partir de la comprobación de la falla del voto electrónico.

En República Dominicana opera un sistema electoral ejemplar. Posiblemente de los mejores que hay en el caribe, incluyendo a los Estados Unidos. Sus magistrados son respetables, los partidos políticos no son sus jefes, sino que la ciudadanía en general, ante la cual rinde sus resultados y consagran todas sus energías. Por ello, frente al error del voto electrónico y sin que llegara la OEA a decir que lo que han hecho está mal, ellos – en el ejercicio de su soberanía – determinan que los resultados no son confiables. Y por ello, anulan las elecciones.

Los hondureños hemos aprendido mucho en el pasado de la República Dominicana y de su sistema electoral. En el presente, hay que estudiar que paso con el voto electrónico, donde estuvieron las fallas para no cometer los mismos errores que les llevaron a ellos, a esa situación en la que tuvieron que anular el proceso electoral municipal. Y tener la valentía, que exhibieron sus magistrados que, sabiéndose subordinados de su pueblo, anularon lo que no expresaba la voluntad popular de la ciudadanía. En Venezuela, en veinte veces, han hecho lo contrario. Por ello, las fallas de una práctica mecánica, debe ser un medio para valorar – no la práctica misma que es cosa de tecnólogos – sino que la confiabilidad de una institucionalidad democrática que, solo se rinde frente a la voluntad popular. Como acaba de ocurrir en la República Dominicana.