El virus en los mercados

junio 18, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hace más o menos dos meses me anticipé a pedir a las autoridades que era urgente tomar medidas en los mercados de Comayagüela una vez que a principios de abril se sabía que ya habían muchos hondureños contagiados con el coronavirus y se empezaba la tarea de concienciar a la gente  para que usara mascarilla y guardara la distancia de al menos dos metros de otras personas. La avalancha humana que es una constante en la vida de nuestros mercados populares, especialmente en los de Comayagüela y el denominado Mercado Mayoreo, más la Feria del Agricultor, presagiaba que estábamos en un proceso de contagio indetenible ante la poca efectividad que en este caso mostraban las autoridades de salud y de nuestra comuna, que tiene el deber ineludible de colaborar en la aplicación de medidas sanitarias en el radio de la capital.



Dos meses después el resultado de este maremágnum que se da en los mercados es el contagio intempestivo que nos arrojan las cifras que cada noche ofrece SINAGER. Desde aquel momento que observamos aquel intenso hormigueo humano moviéndose en los mercados capitalinos, Tegucigalpa se descolgó de los controles del virus y gran parte de la ciudad quedó sumergida en la ola de contagio que está reventando hasta ahora en que se están aplicando una regular cantidad de pruebas, que nos impresionará aún más cuando se duplique la cantidad de tests.

En los mercados no solo abona el contagio por sí mismo, contribuye el estado de desaseo que favorece a la propagación de toda clase de virus que hay en el ambiente natural. Porque el mejor ambiente de los virus son las ciudades donde el ambiente antihigiénico acompaña la forma de vida de miles de personas que por su baja educación justifican vivir en la suciedad y en la porquería diciendo que son pobres, como si la pobreza y el desaseo nacieron del mismo seno para ir siempre de la mano. Pero vale decir que esto no es un problema de ahora o exclusivo de los hondureños, es una situación de siempre, histórica, porque las epidemias y las pandemias se conocieron desde las viejas polis o ciudades griegas, que fueron las primeras colmenas humanas, donde las fuerzas naturales y los malos hábitos de los habitantes fueron las incubadoras de las primeras pestes que registra la historia. Esos núcleos urbanos, como son ahora nuestras colonias más populosas, la Kennedy o el Hato de Enmedio y otras iguales, es donde por los malos hábitos de los vecinos nacen las pestes que nacen pequeñas hasta crecer y convertirse en amenazas para la salud de toda una población. Los griegos terminaron por expulsar de las ciudades a las personas que eran desafectas con el aseo, y hubo quienes se suicidaban por resistirse a salir de sus lugares. Sócrates prefirió suicidarse tras ser condenado por pervertir a la juventud, lo que fue considerado una amenaza para la ciudad, aunque en realidad lo que hizo el filósofo fue enseñarle a pensar a los jóvenes.

Pero volviendo al tema de los mercados, la verdad es que hay forma de ordenar tanto a los locatarios como a los compradores, la prueba es que en otros mercados de la misma capital se ha logrado establecer un orden apropiado para que las personas no se amontonen y los locatarios preserven con buen juicio un ambiente que transpire higiene y erradique la suciedad. Todo es cuestión de querer y de enseñarle a la gente, como dice el refrán el hombre es la medida de todas las cosas y si se logra penetrar en la mente de nuestros compatriotas con campañas más robustas, si se quiere hasta alienantes en forma positiva, es posible que en lugar de retroceder podamos avanzar hasta el momento en que se achique la propagación del virus y este no tenga más cuerpos accesibles donde alojarse. Porque los virus son semiseres que andan en la búsqueda de cuerpos humanos donde echar raíces para vivir como un parásito destructivo. Tengamos presente que  es la aglomeración, la multitud, y el hacinamiento junto a la falta de higiene lo que atrae las epidemias, provocadas unas veces por un bacilo y otras por un virus, muchos de los cuales aún no se han descubierto, pero que rondan por trillones en el ambiente. Hay que crear una cultura de cuidado de las personas que sea de reciprocidad, de tratar al prójimo como a ti mismo, esperando igual trato del prójimo para ti, es decir, yo me cuido pero tú también debes cuidarte. Y de acostumbrarnos a vivir en lo limpio.

Esta es la forma de cortar la propagación del virus y de atacar con el mejor espíritu la reducción del contagio hasta el punto en que la peste decaiga por si misma al no encontrar cuerpos donde alojarse. Esta es la clave que ha usado Nueva Zelanda primer país del planeta que ha proclamado haber vencido del todo al coronavirus.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 18 de junio 2020.

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