El trumpismo, populismo de derecha, en Honduras

noviembre 24, 2020

Juan Ramón Martínez

Si había algunas dudas, Barack Obama se ha encargado de disiparlas. Trump, es un gobernante que le ha hecho mucho daño a Estados Unidos y al mundo. Y como nosotros – contrario a los que creen que somos una isla colgada en el espacio – somos parte del mundo, es indudable que de conformidad a lo anterior hemos recibido daños de su administración, en forma directa e indirecta. Los directos son obvios y creemos que no vale la pena insistir. Apenas conviene señalar el área de la migración y sus efectos más dañinos; la conversión de nuestro país, en un instrumento colocado al servicio de USA y de espaldas, trabajando en contra de su pueblo, al que se debe y al cual debe consagrarse permanentemente. Sobre este tema, hay muchos dolores, resentimientos y agravios acumulados, por lo que no vale la pena que nos ocupemos de él en esta oportunidad. Comparando incluso la “obra” de Obama y la de Trump, para entender las cosas y extraer lecciones.



Lo que nos preocupa más en este momento es el “trumpismo” en Honduras, en donde amplios sectores del liderazgo nacional están afectados por sus visiones. Al fin y al cabo, como Chávez, nos afectó mucho con daños todavía sin estudiar, así también el populismo de derecha de Donald Trump nos ha afectado en forma más aceptada, incluso celebrada; y en consecuencia, muy poco criticada y cuestionada desde el interior de los grupos cuestionadores de nuestro país. Tanto porque se trata del mismo discurso, como porque los grupos que apoyan a Trump en Estados Unidos son grupos o sectores que en Honduras forman parte del gobierno, de iglesias y de grupos económicos, cuya arrogancia a irrespetuosa conducta del estadounidense coincide con sus visiones ideológicas, religiosas y psicológicas.

Así como Castro y Chávez fueron obra de la fatiga y el rechazo de las poblaciones cubanas y venezolanas, Trump es fruto del resentimiento de una gran parte de la población de los Estados Unidos, afectada por las fallas de la globalización y la lentitud del capitalismo para ajustarse a las nuevas realidades. El nacionalismo de Trump, el resentimiento en contra de las instituciones y la amenaza a las formas esenciales del individualismo, también tienen en Honduras seguidores que, incluso, siguen con alguna vergüenza el curso de los acontecimientos y encienden velas a la virgen de Suyapa para que se reviertan los resultados electorales del 3 de noviembre.

La mayoría de la derecha política hondureña comparte las mismas ideas con Trump. Con mayor brusquedad, rechazan la democracia; se sienten incómodos con las instituciones públicas y privadas. Y están disgustadas con la amenaza que representan las exigencias crecientes de los más pobres que nunca se satisfacen con lo que les da el gobierno. En Estados Unidos habrían votado por Trump, tanto nacionalistas – la mayoría—y también los liberales, los seguidores de Zelaya Rosales y Salvador Nasralla. Cada uno de ellos, cuando sean grandes, quieren ser como Trump. El fracaso de este, ha entristecido a muchos de ellos. En tanto que a otros le preocupa la deriva socialista y el miedo al comunismo que Trump alentó con mucho éxito entre los electores que le dieron su respaldo. De la misma manera que el éxito de Biden ha llenado de esperanza a los grupos que desde hace años han dejado de creer en la soberanía popular. Y esperan que desde Washington dejen de apoyar a JOH y entonces de esa manera sacar a los nacionalistas del poder de legislar y manejar el presupuesto nacional.

Los grupos religiosos evangélicos (Solorzano, Canales y otros) – muy inclinados a la derecha – que reciben orientación de Estados Unidos, están adoloridos por lo que ha pasado en las elecciones del 3 de noviembre. Sus colegas en Estados Unidos son la base del respaldo electoral de Trump y rechazan a las minorías que consideran irresponsables e injustas. Y por supuesto, están preocupados por los grandes temas que dividen a la derecha y a la izquierda en USA: el aborto, el apoyo a las clínicas que hacen planificación familiar y la negación que Trump, no sea fruto de la voluntad de Dios, para salvarlos de los impíos. También algunos católicos hondureños, situados más a la derecha, —abiertamente anti Papa Francisco–, apoyan a Trump. Están de acuerdo con su análisis de la realidad y comparten el mismo criterio de la peligrosidad de la vicepresidente Harris, por su apoyo al aborto y por haber casado a homosexuales. No ven incluso que la elección de la nueva magistrada ante la Suprema Corte sea nada positivo. Porque, aunque católica, está inclinada a un movimiento de avivamiento sospechoso por la derecha tradicional católica. Cuando les he dicho que Kamala Harris está casada con un judio, vacilan, porque casi no tienen información de lo que son las cosas en Estados Unidos.

Igual que allá, en Honduras el trumpismo seguirá vivo, moviéndose como pez en el agua, en los partidos de derecha. Todos. Porque aquí, desde 1991, solo hay marxistas nostálgicos y solitarios que a muy pocos convocan; y que, también, les interesa poco lo que el trumpismo haga en Honduras. Incluso, creen en un mecanicismo oxidado que en la medida en que la derecha abuse de sus ansiedades, el pueblo llegará un momento a levantarse contra los gobernantes. Y entonces a ellos, les llamarán al poder. Así de ingenuos, ven las cosas así de fáciles, los izquierdistas que hace poco eran abiertamente anti estadounidenses. “Obras de Trump”.

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