El reto que deja ETA a la ingeniería hondureña

noviembre 10, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La ingeniería es la actividad profesional que con los conocimientos facultativos posibilita la construcción de nuevas obras, además permite corregir los defectos iniciales hasta volver útil lo construido. La ingeniería ha sido fundamental a lo largo de la historia de la humanidad, pero lo es mucho más en esta era de la tecnología, porque todo aquello que fue construido en el reciente pasado y debe ponerse a tono con los adelantos científicos debe ser sometido a una reingeniería que es el proceso que se realiza para reparar o agregarle algo nuevo a una obra construida. Los aviones y los vehículos pueden ser remozados con solo cambiarles los motores aunque conserven el fuselaje o la carrocería. A base de reingeniería tanto los aviones como los vehículos pueden conservar su estilo clásico aunque sus motores sean de tecnología de punta.



La ingeniería hondureña se ha quedado dormida en sus laureles, porque tenemos buenos ingenieros, pero por las fallas de unos pagan como pecadores la generalidad de estos profesionales cuando al calificar la mala calidad de algunas obras se estila llamarlas despectivamente «ingeniería chapucera» que son aquellas obras que muestran fisuras de toda clase cuando son expuestas a la prueba más rigurosa que es la naturaleza. Hay alta y mediana ingeniería. Construir una vivienda común no requiere de la alta ingeniería, pero edificar una torre de 25 o más pisos es algo diferente, donde la ingeniería se juega una serie de factores de riesgo.

En obras de infraestructura la ingeniería requiere especialización, para las carreteras hay ingenieros que se especializan en estas obras, para las represas hay ingenieros con conocimientos puntuales igual para las obras de mitigación y alivio. A lo largo de nuestra experiencia periodística hemos sido testigos de debates entre ingenieros por obras que han exhibido serias deficiencias por malos cálculos de ingeniería. Cuando se construyó el Bulevar Comunidad Económica Europea o Bulevar Toncontín de Tegucigalpa en la década de los 70, a las primeras lluvias torrenciales se inundó al punto que nuestro recordado colega Herman Allan Padgett bautizó el bulevar como «la piscina Toncontín», pero la firma constructora hizo las rectificaciones y el bulevar ha prestado un servicio invaluable al tráfico pesado que tiene esa ruta.

En los años 70, el Hotel Honduras Maya era la obra de ingeniería más admirada, porque se construyó en un área de tierra complicada, en un borde donde de tierra roja que es más dura que una roca en verano, a las primeras lluvias se vuelve tan líquida como el chocolate. 40 años después el edificio del hotel no tenía una sola hendedura. El ingeniero estructural de esta obra fue uno de los mejores ingenieros hondureños que hemos tenido, el recordado Ing. Armando Sierra Morazán, profesional riguroso y además un hondureño patriota que no consintió que se hiciera comercio con la reputación de la ingeniería.

Infortunadamente, así como hablamos de la buena ingeniería, también hay ingeniería de mala calidad tal como se puede apreciar cuando las obras son expuestas a las pruebas de la naturaleza. El Valle de Sula está plagado de obras con fallas diversas donde la ingeniería es la responsable por la mala calidad de las construcciones. En este valle está un alto porcentaje de la producción industrial del país, que es víctima de los descuidos profesionales que salen a flote cuando ocurren los percanes ocasionados por las tormentas con lluvias torrenciales. En el margen de error, que existe en toda obra, no se concibe un defecto abultado como el de construir una gran extensión industrial en una área que ha sido inundable desde tiempos inmemoriales. La de Río Nance siempre fue marcada por las inundaciones provocadas por la aglomeración de aguas lluvias, por lo que es lamentable que los ingenieros que dirigieron esas obras de costosa inversión no tomaran en cuenta los antecedentes que están registrados en las oficinas de meteorología, donde llevan expedientes de las zonas inundables de nuestro país.

Aquí es donde la sociedad hondureña debe exigir al Colegio de Ingenieros de Honduras, a la Facultad de Ingeniería y al Colegio de Arquitectos, por qué tanta desidia para no aportarle al país un proyecto que establezca un blindaje ecológico con la ingeniería apropiada para evitar nuevas inundaciones en el Valle de Sula. Las tres instituciones, los dos colegios profesionales mencionados y la Facultad de Ingeniería deberían proponerse donarle al Estado un gran proyecto, en el que las firmas de ingenieros obtendrían los trabajos de construcción conforme sea su especialidad.

Que el Colegio de Ingenieros, el Colegio de Arquitectos y la Facultad de Ingeniería se llamen a un mutismo los hace correr el riesgo de verse como organismos de poca trascendencia en la vida del país, que solo apuestan a los contratos, pero insensibles al más importante de todos que es el contrato social con el Estado, al que estamos obligados todos los hondureños que hemos sido formados con el subsidio estatal que cada año le aporta el Presupuesto de la República a la Universidad Nacional.

Pero están a tiempo de reivindicarse, Honduras no puede seguir a la deriva teniendo sus zonas más productivas expuestas a los embates de la naturaleza. La ingeniería hondureña está obligada a través de sus organismos: el Colegio de Ingenieros, el Colegio de Arquitectos y la Facultad de Ingeniería de la UNAH a presentarle al Estado el conjunto de obras que se requieren ejecutar dentro del Plan de Nación para salvaguardar al Valle de Sula de futuras inundaciones. ¡Tienen la palabra los ingenieros y los arquitectos!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 10 de noviembre de 2020.

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