El respeto a las instituciones

mayo 14, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los peores tiempos para un país sobrevienen cuando las instituciones caen en tal estado de debilidad que cualquier ciudadano se mofa de ellas hasta llegar a hacer escarnio, situación que solo sucede en un país donde existe la vida democrática y las personas usando el derecho a la crítica pueden discrepar y hasta faltarles el respeto. Sin embargo, hay instituciones como las Fuerzas Armadas, que por su naturaleza tiene en la disciplina su columna vertebral. Desde que empieza la carrera militar una persona sabe que ingresa a un mundo donde muchas cosas que se pueden hacer en el ámbito civil no son permitidas en el campo militar. Los militares se forman para hacerse líderes en la disciplina, el que no cabe en este concepto, porque desde que nació le inculcaron el ejercicio a la discrepancia, no tiene futuro en la milicia.



Cabe esta breve introducción para entrar en materia sobre la decisión de separar al joven militar que adoptó el alto mando de las FFAA, por lucirse como un perfecto bailarín en las redes sociales, demostrando más virtudes artísticas que militares, un don que genera simpatía en todos los niveles, lo cual descubrimos desde que éramos estudiantes cuando nuestros amigos que bailaban con una asombrosa magistralidad de movimientos cadenciosos eran más populares que los que nos movíamos apenas en un mismo ladrillo.

Los hondureños tenemos mucho que aprender sobre la importancia de respetar a una institución que dentro de la Carta Magna es la que tiene los deberes más complejos para la salvaguarda del Estado en todas sus concepciones. En las FFAA se impone una idea de unanimidad que está por encima de cualquier precio y quien no la comparte es porque no tiene idea de lo esencial que es la disciplina en la vida militar. A las FFAA la podemos criticar los demás ciudadanos, pero dentro de sus esferas el que pertenece a ellas con alto o bajo rango está supeditado a las normas disciplinarias militares. Y si en algún momento un militar se da cuenta que no puede sobrevivir apegado a la disciplina que imponen las FFAA; tiene todo el derecho a solicitar su baja para retirarse a la vida civil en la cual puede respirar a sus anchas y actuar de forma libertina y hasta desenfrenada como lo hacen muchos civiles.

Quizás el joven bailarín-militar no tuvo la intención de ridiculizar a la institución castrense, pero su aparición en las redes bastó para que de inmediato hiciera lo mismo otra persona, esta vez una jovencita de buen aspecto que no tenía planta de militar sino más bien de cabaretera, por los guiños y los movimientos azarosos de hombros, más propios de gladiadores de lucha libre que de una bailarina. Esta ya fue una consecuencia del desatino del joven bailarín separado, que a manera de cascada se desató en las redes sociales donde todo lo malo recibe el ensalzamiento y los mayores elogios posibles que se les niega a las tantas cosas buenas que se hacen en Honduras.

Decimos todo esto, porque en términos generales, una persona que entra a una institución consagrada debe hacerlo con la convicción de que en ella está su futuro, y que es un deber consagrarle el respeto y la admiración para contribuir a engrandecerla. El que entra a una institución solo para pasar el agua, como dicen en el argot popular, no tiene ningún compromiso con ella y no le importará hacer cualquier cosa que exponga el honor y el prestigio de esa institución si esta no representa mayor cosa para él que percibir un sueldo.

Y con esto no estamos diciendo que todos los militares son virtuosos o deban serlo por naturaleza, porque hay muchos oficiales que han sido separados en forma deshonrosa por conducta bochornosa, pero esa es la condición para pertenecer a las FFAA, o se es disciplinado y absolutamente respetuoso con la institución o el camino que le depara para vivir es el orden civil. No hay espacio en las FFAA para los indisciplinados, y en el momento que la institución se abra a la jerga pública, permitiendo que sus miembros actúen como payasos o exhibicionistas dejará de ser una institución militar para pasarse al campo circense. Esta es la condición natural de las FFAA y hasta ahora no admite una modificación de conducta disciplinaria porque siendo una institución que se rige por la disciplina, nada que se aparte de ella puede tener cabida.

Ahora bien, todas las personas que le han disparado ráfagas de críticas a la institución castrense por sancionar al joven bailarín que puso en la picota de las burlas a las FFAA, tienen sus razones sobre todo de orden político y algunas que otras de orden sentimental, especialmente los bailadores, que tienen en el baile el máximo de sus ideales. A todos les respetamos su opinión, igual que les decimos que no todos podemos celebrar la libérrima concepción de que los militares deben disfrutar el derecho al libertinaje para hacer todo lo que se les ocurra como si lo hacemos los que pertenecemos al orden civil. Y esto lo demuestran los ex militares que una vez fuera de las FFAA piensan como civiles, pero estando en el orden castrense no pueden salirse de la esfera disciplinaria so pena de ser sancionados conforme sus normas internas.

Los que quieren ver destruidas a las FFAA porque ven en esta institución el impedimento para consumar sus propósitos políticos totalitarios son los que mayormente han hecho comparsa con la cadena de críticas que condenan la separación del joven bailarín, especialmente la izquierda hondureña que no desaprovecha cualquier oportunidad que se presenta para acelerar su agenda de desprestigiar a las FFAA que en el 2009 les impidió poner a Honduras en la órbita del socialismo del siglo XXI.

El que las FFAA mantenga su disciplina no debe motivar a ciertos políticos y políticas idiotas a sumarse a la campaña de desprestigio, porque a la larga se ve que ignoran que las FFAA no es una academia de baile ni un círculo de bailarines. Es como su naturaleza lo dice, una institución castrense, donde la norma invariable para pertenecer a ella es la disciplina y los que no son capaces de mantener esta cualidad, tienen a su favor el campo de la civilidad que es mucho más amplio que el de la milicia, pero si se quiere hacer carrera militar, crecer y prestigiarse en ella, la disciplina es el único camino para lograrlo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 14 de mayo de 2020.