El renacer de Honduras

agosto 17, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Reconfigurar la actividad económica del país, que eso es lo que hay que hacer después de cinco meses de paralización, es entrar a un renacer del país, reiniciando todas las actividades del aparato productivo que desde finales de marzo cayeron en una especie de tobogán, cuando todos los sectores se sometieron a la cuarentena como estrategia adoptada para frenar la propagación del coronavirus COVID-19. Una de las actividades más golpeadas ha sido la turística, que directa e indirectamente es una de las que más empleos venía generando en los últimos años, de manera que entre hoteles grandes, medianos y pequeños, negocios de todo tipo, comidas, agencias de viajes, restaurantes de todo tamaño, guías turísticos, pescadores, etc., el lucro-cesante calculado anda en varios miles de millones de lempiras.



Este día las autoridades de Turismo encabezadas por la ministra Nicole Marrder eran vistas, entre el alborozo y el nerviosismo, inspeccionando los aeropuertos, respecto a las medidas biosanitarias, que deben aplicarse al pie de la letra así como exigir su cumplimiento a los viajeros, tanto de ida como de ingreso, porque la reapertura de los vuelos locales e internacionales constituyen el punto más delicado en el área turística. Casi todos los países tienen activos sus aeropuertos, no con la intensa actividad que tuvieron en la normalidad anterior, sino respondiendo a la necesidad de abrir el tráfico aéreo para salir del aislamiento en que se mantenían desde finales de marzo pasado. La aviación comercial del mundo quedó paralizada casi en su totalidad en el mes de mayo, cuando las fotos que mostraban a miles de aviones estacionados en los aeropuertos impactaron con la imagen más conmovedora y patética; ver a miles, sino millones de aeronaves, estacionadas en fila en las pistas, era como ver una gran ristra de juguetes tal como se muestran en las vitrinas de las jugueterías de los almacenes. Esas fotografías impactantes mostraron que de verdad el mundo estaba paralizado, que nadie se estaba moviendo entre países, que por primera vez el cielo descansaba de la agobiante contaminación que al volar, las miles de aeronaves esparcen a cada momento en la atmósfera.

Casi seguro que los ambientalistas celebraron que por primera vez el cielo se miraba límpido, nítido y diáfano, que el aire se sentía puro y saludable al aspirarlo, haciendo las cruces porque los efectos de la pandemia durarán más tiempo y nos hicieran reflexionar que es la contaminación que hacemos los humanos lo que nos tiene como estamos. Pero la realidad es distinta a la ilusión de vivir en la pureza y en la descontaminación, porque son los avances de la tecnología los que han determinado el progreso de los países e infortunadamente los hombres de ciencia no han podido todavía encontrar la fórmula que nos permita vivir en el equilibrio ideal entre las ventajas de los avances de la tecnología y la descontaminación ambiental, por lo que a partir del momento en que los miles de aviones vuelvan a alzar vuelo con el rugido de sus potentes motores, volveremos a la realidad de ver el cielo como estaba antes de la pandemia y a respirar el aire viciado por la contaminación.

Sin embargo, los países no pueden vivir con el pensamiento primitivo, porque parte de la realidad es la reanudación de la actividad comercial, entre la cual la industria turística es una fuente generadora de empleos, de divisas y una fuerte impulsora de circulante en todos los ámbitos. Sin turismo no se concibe una economía dinámica, la prueba es que bastaron cinco meses de inactividad para que decenas de hoteles grandes, medianos y pequeños cerraran sus operaciones, igual que centenares de restaurantes pequeños y medianos cancelaran sus ventas, dejando en la calle a propietarios y empleados. En este sentido, si pudiéramos medir los efectos del daño que produce la contaminación con el perjuicio que la pandemia ha causado a la economía de miles de personas, la balanza se torcería en favor del estado de pobreza y hasta de calamidad en que han quedado miles de compatriotas que hoy están en el desamparo total.

Cómo reconfigurar entonces esa nueva realidad de la que hablan los economistas y los filósofos que reprochan el término » nueva normalidad», siendo que lo que tenemos que hacer es reconfigurar la realidad, porque ya nada volverá a ser normal, el solo hecho de saber que nos toca convivir con el COVID-19 posiblemente hasta mediados o finales del 2022, es indicativo que debemos adaptarnos a nuevos hábitos en todos los órdenes de la vida, sin dejar de hacer lo que tenemos que hacer para ser productivos, para sumar nuestros esfuerzos a la productividad del país y para disfrutar lo bueno que tiene Honduras, comenzando por tanta riqueza natural que nos dio el creador del universo, que son todos los parajes turísticos que tenemos en los cuatro puntos cardinales de nuestro país.

El mal que hizo la pandemia ya está hecho, el COVID-19 nos ha enseñado que no hay forma de contenerlo si no es cuidándonos con los tres pasos obligatorios: la mascarilla, la distancia física y el aseo frecuente de las manos con agua, jabón o alcohol gel. Estos consejos para evitar el contagio que incluye rehuir las concentraciones humanas, deben imperar en el turismo, pero no para prohibirlo ni reducirlo, porque si actuamos con recato y voluntad en nuestros desplazamientos a los sitios turísticos, los podemos seguir disfrutando en beneficio de nuestra salud. Por ejemplo, a las playas no es malo ir, lo malo es formar concentraciones de personas, pero siendo las playas tan inmensas en ellas caben miles de personas sin necesidad de amontonarse. No digamos los sitios y hoteles de montaña, donde ahora hay hoteles a cual más cómodo, donde se puede disfrutar un excelente fin de semana con el mejor aire puro.

Pero si el caso amerita viajar al exterior, usted ya sabrá que en los vuelos los cupos serán reducidos igual que la capacidad de asientos en los aviones, para mantener la distancia física que exigen las medidas sanitarias. Celebramos la energía con que las autoridades de turismo se empeñan por reactivar la actividad de nuestros aeropuertos. Vigilar que se cumplan las normas establecidas a los viajeros es parte de esa reconfiguración de la realidad que debemos enfrentar para convivir con el COVID-19, que por los augurios científicos de los virólogos llegó para quedarse por lo menos hasta mediados del 2022.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 17 de agosto 2020.

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