El poder real de un Presidente

febrero 6, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Uno de los libros que he leído en los últimos tiempos y que me ha ilustrado a profundidad es EL FIN DEL PODER, del respetado analista internacional y filósofo Moisés Naim, en el que describe la lucha entre los grandes actores que dominan el poder en un país, con los nuevos micro-poderes que han surgido y que desafían a los presidentes, menguándoles el poder que antes tenían. En «El fin del poder», podemos explicarnos porque ahora un presidente de cualquier país, comenzando con el presidente de Honduras, ya no tiene el poder inmenso que tenían los presidentes de hace unas cuantas décadas, que los volvía la persona más poderosa del país, que gobernaba en un ámbito presidencialista por encima de los demás poderes, incluso, decidiendo como debían resolver ciertos asuntos.



El poder ahora está repartido entre un número cada vez mayor de actores nuevos, que han ido apareciendo de distinto origen, en la medida que la sociedad ha reclamado participación, volviéndose una plataforma equilibradora. Esto lo explica Moisés Nahim, de manera que podemos ver que el poder se ha ido degradando, al grado tal que ni el presidente de EEUU puede imponer una decisión como la de construir un muro fronterizo si las cámaras no le aprueban el dinero que se necesita para esa obra.

Antes en Honduras un Presidente era un decisor de grandes quilates, que con solo enviarle un mensaje al presidente de la Corte Suprema de Justicia, bastaba para acomodar el tratamiento en un juicio donde estaba involucrado algún amigo o correligionario. Eso ahora ya no es posible, porque hay otras instancias ajenas a la institucionalidad, que funcionan vigilando la actuación y el proceder de los altos funcionarios. Hoy funciona el Ministerio Público, que en representación de la ciudadanía le cuenta las costillas a todo funcionario electo o nombrado, para presentar acusaciones en los tribunales cuando les encuentra actuaciones ilegales. Y de remate están el CNA, ASJ, y la MACCIH, todas con una pequeña cuota de poder que les fluye en el momento que dicen representar a un sector de la sociedad, que es la sociedad civil. Son organizaciones no gubernamentales que se sostienen con recursos que les envían gobiernos y organismos extranjeros, que dicen estar interesados en combatir la corrupción en nuestro país.

Lo que sucede es que los hondureños por lo general ignoramos la magnitud de la transformación que está sufriendo el poder, en lo que inciden las nuevas tecnologías de la comunicación, que escapan a las medidas regulatorias. Por esto es que el poder de un presidente ya no es lo que era antes, y quien ha sido presidente de un país e ignore esta situación, de repente es porque pasó por el ejercicio del poder pero no se enteró que durante su tiempo muchas de sus órdenes no tuvieron cumplimiento y no se dio cuenta que muchos de los favores que solicitó para favorecer a sus amigos y correligionarios, se quedaron en promesa.

Cada vez un presidente va perdiendo poder, porque entre más micro poderes surgen, impulsados por la sociedad civil, a través de las organizaciones no gubernamentales, el poder se esparce, alterando el comportamiento de las personas sobre las que un presidente ejerce el poder. Sucede entonces que un presidente pierde potencia, quedando cada vez más débil, por lo tanto con menos capacidad para hacer favores a los amigos o para hacer daño a un adversario. Un ejemplo que nunca antes se había visto es que un personaje político adversario, se da el lujo de mantener un ataque sistemático de lo más grosero y a veces injuriante contra el presidente. Y este, quizás guiado porque el mundo entero reclama que, para que un presidente se considere demócrata debe permitir la absoluta libertad de expresión, aun cuando esta transgreda las normales legales y morales, prefiere no demandarlo en los tribunales.

Estos ya no son tiempos en que los correligionarios de un presidente podrían esperar que este actúe como si Honduras viviera como hace 40 años, cuando un Presidente de la República tenía la manija de todos los poderes del país. Hoy el poder es fácil de ganar, pero una vez obtenido es muy difícil de utilizarlo porque los micro-poderes, llámense CNA, ASJ, MACCIH, están presente investigando en todos los ámbitos, y lo que se le escapa al Ministerio Público, cualquiera de esas organizaciones lo descubre, y lo primero que hace es llevarlo a la palestra pública para crear presión popular y después poner los casos en manos de los fiscales.

Y ante estas organizaciones, el poder del presidente queda reducido a no poder intervenir para interceder, ni por sus correligionarios ni amigos, ni siquiera por sus parientes. En gran medida esta transformación del poder va a contribuir a la larga a que la lucha contra la corrupción tenga éxito. Pero con el peligro de que estas organizaciones sustituyan a las instituciones, corriéndose el riesgo de que el país quede en manos de las ONG, dirigidas por personas que no ocultan una sed de figuración que obedece a su apetito político.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 6 de febrero de 2019.