El paradigma periodístico

mayo 24, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

No se concibe que en la fecha consagrada al periodista, los que ejercemos el oficio nos ausentemos para eludir referirnos al campo de responsabilidades que contraemos frente a la sociedad y la nación en general, siendo que, los periodistas somos por excelencia comunicadores y aunque nuestro papel fundamental es informar al público sobre los hechos que acontecen en el país y en el mundo, a los periodistas nos toca, además, aportar una gran cantidad de servicios al país. En estos tiempos, los periodistas somos una especie de servidores que no nos limitamos a informar, nos incorporamos a diversas tareas que inciden en el desarrollo de Honduras.



Algunas veces, personas lisonjeras que buscan darles a los periodistas un sitial inadecuado, han dicho que el periodismo es el cuarto poder del país, lo que ha bastado para que algunos colegas que no resisten el mínimo elogio, se lo crean y caigan en un estado de bravuconería que los hace sentirse los dueños de la verdad, dejando el papel periodístico para creerse que desde las cámaras, desde los micrófonos y las páginas de los periódicos, pueden hacer y deshacer con la dignidad y la honra de las personas. Esta falsedad impregnada de petulancia, de decirnos que somos el cuarto poder, indujo a crear una corriente anti-periodística donde el principal arma ha sido el insulto, la injuria, el vituperio descarado, la calumnia hecha institución y la difamación proclamada como derecho a denigrar de manera impune.

El paradigma periodístico no es sentirse dueño de la verdad, no es mentir a diario por la desesperación de hacer creer al público que nuestro medio es el único que da las grandes exclusivas, que pareciera ser la obstinación en ciertos medios, aunque después vengan los desmentidos. El atrevimiento periodístico de tener los datos de una gran noticia que expone aspectos de seguridad nacional, es el desafío que enfrentan los periodistas, cuando les toca poner en la balanza de su conciencia ¿qué es prioridad? Ganarse el interés de su público y tener más audiencia o lectores, o ponerse del lado del país, llegando a reservarse ciertas primicias que pudieran causar un perjuicio nacional. Aquí es donde prevalecen los valores, hay periodistas que no escatiman y lanzan al aire todo lo que pescan, pero también los hay quienes curtidos por la experiencia, sopesan con serenidad como dar una noticia de contenido grave, o no darla si este fuera el caso, porque crean que entre el efecto de esa noticia en el público y el daño que esta podría producir al interés nacional, por sus valores, les pesa más lo segundo.

Es cuestión de valores, que entre los periodistas los hay, incluso hay celebridades del periodismo mundial que pecaron de injustos y hasta pisaron el territorio de la mentira por dar una noticia sensacional. Uno de ellos, el gran maestro polaco Rizard Kapusinski, vino a Honduras en 1969 para ver el escenario de la guerra entre Honduras y El Salvador y terminó haciendo un relato alejado de la verdad, al calificar aquel conflicto como la ‘Guerra del Fútbol’, que en verdad fue motivada por otras causas.

Los periodistas ni somos dueños de la verdad ni somos un cuarto poder, somos relatores de sucesos, hechos y acontecimientos, los trasladamos al público que es el que decide, si quedarse con la información, con una parte de la información o rechazar la información que le hemos dado. En el periodismo hay varios tipos o formas de dar la información, puede ser una crónica, un reportaje, y en la forma particular nuestra, hacemos un periodismo de opinión, donde toca exponer nuestro punto de vista sobre determinados hechos, lo que nos obliga a tomar posición, que puede ser o no compartida por nuestros público, cosa que resulta lo más natural, porque no siendo dueños de la verdad, al opinar nos exponemos a que una parte de la audiencia comparta nuestro punto de vista, mientras otros disientan.

Puede que un sector de la sociedad acepte el periodismo chocarrero, que injuria, ofende y calumnia, porque le gusta, y entonces esa parte de la sociedad le dará validez a ese periodismo de baja estofa o periodismo de alcantarilla; lo que no debería aceptar ningún sector de la sociedad es el periodismo de ultratumba, aquel que mata y asesina, no con puñales ni con pistolas, sino con los tres delitos que acaban con el honor y la dignidad de las personas: la difamación, la calumnia y la injuria.

El paradigma periodístico es tener la conciencia de ejercer el oficio de una forma correcta, evitando romper las ataduras que nos impone la ley para no transgredir con el abuso verbal o escrito, el derecho que tienen las personas de defender su integridad. Y cuando por equivocación informemos sobre un acontecimiento, de manera incorrecta, tener la gallardía y la caballerosidad de dar cabida a la aclaración, con la disculpa que exige el agraviado. Porque al final de cuentas, los periodistas no somos infalibles, y por mucha fama que tengamos, que solo es una satisfacción, no somos ni poderosos ni dueños de la verdad. Es la manera de dignificar el oficio periodístico.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 24 de mayo de 2019.

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