El papa visitará una Ciudad Juárez sin violencia

enero 20, 2016

El polvoriento patio de una cárcel donde los reos sueldan la campana de una torre con miras a la visita del papa Francisco del 17 de febrero es un símbolo de los cambios que ha habido en la infernal Ciudad Juárez, tanto dentro como fuera de los muros del penal.
Algunos ven la visita del pontífice como un reconocimiento a la transformación registrada en uno de los sitios más violentos de la tierra; para otros, en cambio, es una forma de llamar la atención a los problemas que todavía hay que resolver en esta metrópoli de la frontera con Estados Unidos.
El papa hará una inusual visita a la Prisión Número 3, que supo representar el poderío de las pandillas. Bandas enemigas ejercieron alguna vez un control total sobre el penal, se mataban entre ellas a tiros y puñaladas, vendían drogas y se recluían en celdas para las que solo ellos tenían las llaves. Ellos imponían la disciplina carcelaria y llenaron de grafitis la instalación con capacidad para 3.000 reos.
«Este era el mayor picadero de Ciudad Juárez», dijo el director de las cárceles del estado de Chihuahua Jorge Bissuet Galarza. Las cosas no estaban mejor en otros centros carcelarios: En el 2010, el año de mayor violencia, 216 reos fueron asesinados en los penales estatales.
«No podías entrar a un centro penitenciario del estado de Chihuahua sin la autorización de los internos. Ellos gobernaban», expresó Bissuet Galarza.
Agregó que las autoridades finalmente recuperaron el control y que hoy reina una calma tal que el papa podrá ingresar y hablarle a los presos, a unos 250 familiares y a un centenar de trabajadores religiosos, bajo la mirada atenta de guardias enmascarados.
El recluso Juan Salazar recordó que cuando llegó al penal en el 2011 para cumplir una condena a siete años por robo de autos, estalló una batalla entre pandillas y que 17 reos murieron en un día. «Está más tranquilo» ahora, expresó mientras ayudaba a soldar vigas en la capilla del penal.Juárez todavía lucha por dejar atrás un período en el que hubo miles de muertos. La mayoría cayeron víctimas de las batalla entre traficantes, mientras que otros, sobre todo numerosas empleadas de fábricas, simplemente desaparecieron y sus cadáveres fueron hallados tiempo después.



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