El papa cumple su segunda jornada de visita a Ecuador

julio 6, 2015

En su segundo día de visita a Ecuador, el papa Francisco tiene previsto cumplir actividades religiosas y protocoles, las primeras en la ciudad portuaria de Guayaquil y luego en la capital, donde se reunirá con el presidente Rafael Correa.
Francisco llegó la tarde del domingo a Quito, donde fue recibido por decenas de miles de ecuatorianos que lanzaban pétalos, gritos de emoción y aplausos al paso de la comitiva papal. La única actividad que cumplió fue un discurso en el aeropuerto donde convocó al diálogo y compasión por lo débiles.
Ecuador es la primera parada del papa en una gira que lo llevará también a Bolivia y Paraguay, tres de los países más pequeños y pobres de Sudamérica.
El sumo pontífice tiene previsto viajar el lunes a Guayaquil, donde visitará el santuario de la Divina Misericordia, ubicado 27 kilómetros al oeste de esta ciudad portuaria. Allí orará unos 20 minutos ante 2.000 invitados: enfermos oncológicos, ancianos abandonados, niños con cáncer y fieles de algunos de los sectores más pobres de Guayaquil.
Enseguida se dirigirá al gigantesco parque Samanes para oficiar una misa campal ante al menos 1,2 millón de personas que desde la noche del domingo mantienen una vigilia en medio de cánticos y oraciones.
Tras caminar 40 kilómetros, Vicente Huilcatoma, un policía retirado y chofer de transporte escolar de 47 años, llegó a Samanes la tarde del domingo para buscar un buen lugar para ver al papa.»Estoy cansado, con hambre, no he dormido, pero también siento emoción y gozo en mi corazón. He llegado a la zona más cercana para ver a Francisco.
Vine a pedir por la salud de mi esposa y mis hijas. Ellas no pueden estar aquí conmigo», dijo a The Associated Press mientras mostraba orgulloso una camiseta con la leyenda «Con Cristo, el corazón nunca envejece».Guayaquil, ubicada a 270 kilómetros al suroeste de la capital y la más poblada del país con 2,5 millones de habitantes, no estaba en los planes iniciales de la visita de Francisco, quien alteró su agenda para encontrarse con los feligreses de esa ciudad.
La edad no es impedimento para nada, repetía Guillermina Aveiga Dávila, una contadora jubilada de 90 años que llegó a Samanes en la madrugada del lunes desde su natal Chone, 185 kilómetros al suroeste de Quito.
«No uso silla de ruedas aún. Hago mi esfuerzo y camino. Con la ayuda de este aparato, pero camino.  Veo todavía perfectamente gracias a los lentes, aunque estoy un poco sorda del oído izquierdo. Al papa le pediré que interceda para que Dios me dé más salud. Quiero llegar a los 100 años», añadió a AP.



Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *