El otro virus

abril 23, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los hondureños nos enfrentamos por lo menos a tres virus: a la pandemia COVID-19, a la andanada de falsedades que inundan las redes sociales y a la corrupción que es una erosión permanente que socava la estabilidad democrática, y que es el más peligroso porque se ha entronizado en la sociedad hondureña haciéndonos daño desde tiempos inmemoriales. Aún ahora cuando casi todo el país está encerrado, cuando estamos capeando un virus con gran poder contagioso, no faltan los vividores que hacen su agosto comerciando con los utensilios y medicamentos que se requiere en los hospitales para atender a los contagiados. Es un marketing que se maneja en forma oculta, tras bastidores, bien ejecutado por ejecutivos que se las conocen todas gracias a los lazos de amistad que tienen con los funcionarios que dirigen organismos a los que se les ha encomendado la compra desde mascarillas hasta hospitales móviles.



Y lo asombroso es que hay numerosas empresas que han surgido de la nada con una plantilla societaria formada por conocidos personajes del mundo empresarial y la política, que manejan una experiencia bárbara en el suministro de toda clase de enseres que requieren los hospitales en los difíciles tiempos de una pandemia. Estas empresas privilegiadas hacen los mejores negocios con el gobierno porque los funcionarios que están al frente de organismos como COPECO dirigen toda su atención hacia ellas, donde están sus amigos, que tienen derecho una vez que se han declarado comerciantes a venderle sus bienes y servicios a las instituciones del Estado, pero cuando sobre valoran los precios de los artículos cometen un crimen, porque se aprovechan de la alarma y la atribulación que produce la pandemia en la población.

Los hondureños nunca habíamos vivido nada parecido a lo que nos está pasando, estamos encerrados desde hace un mes y nos esperan varios meses de encierro que pueden ser muchos si los compatriotas que se lanzan desesperados a las calles no están conscientes del peligro que representa el contagio para ellos y para todos los demás que guardamos las normas sanitarias permaneciendo en nuestras casas. Desde aquí podemos percibir que Honduras sufrirá un cataclismo económico, porque cuando cualquier economía se paraliza por tres o más meses las consecuencias son inevitables, excepto para los afortunados comerciantes que han encontrado una mina de oro, vendiéndole al Estado a sobreprecio los utensilios médicos que requieren los hospitales.

¿Qué confianza podemos tener los hondureños en un organismo que está destinado a asumir la más alta responsabilidad en momentos de una grave contingencia que nos puede llevar a un infarto económico, si su principal ejecutivo se confabula para brindar en bandeja de plata a sus amigos el negociazo de vender insumos y utensilios de hospitales a precios desorbitados, muy por encima del normal de los precios que existen en ese mercado tan específico?

La prioridad absoluta son las vidas y el bienestar de las personas, pero el ex director de COPECO, que se atribuía función ministerial no lo consideraba así, y por lo visto su prioridad era facilitarle a las empresas de sus amigos que le vendieran a precios que estuvieran a sus anchas, es decir, que se cebaran comercialmente con COPECO, porque esta era una oportunidad única, cuando la tribulación y el miedo impulsan a tomar decisiones arrebatadas, como las de comprar artículos a precios sobrevalorados.

La Iglesia Católica fue la primera institución que dio la voz de alarma cuando saltó a la vista este proceso de compras tan sospechoso, pidiendo que se estableciera un mecanismo de compra que tuviera la suficiente supervisión para evitar el escamoteo de los dineros públicos en compras millonarias a varias empresas de composición accionaria más política que comercial. Para el gobierno será un alivio contar con un mecanismo de composición mixta que impida que los tramposos entren al ruedo de los negocios en tiempos de angustia, aprovechándose de la urgencia de dotar a los hospitales de los implementos médicos que la urgencia demanda.

La Iglesia Católica no hizo la advertencia porque le toque el papel de auditor social, pero cuando empezó a trascender el tufo de las compras sobrevaloradas el olor apestoso del aprovechamiento inundó los cuatro puntos cardinales de la capital. Y como al tratarse de este tipo negocios, los aprovechados no solo son los que han hecho las primeras ventas sino también los que momentáneamente se han quedado por fuera, poniendo el grito en el cielo, pero al mismo tiempo ofreciendo las ventajas de sus representados. Algo así como cuando Juan se queja ante su mamá que su hermano Pedro se aprovecha de la olla. «mamá, Pedro está lamiendo la olla ¿se la quito para lamerla yo?

Esta pandemia como todas cesará, más pronto o más tarde, ojalá que fuera más pronto, todo dependerá de lo consciente que seamos los hondureños para responder con sensatez a las medidas sanitarias que aunque muchos las rechacen y las vituperen, su único objetivo es evitar la propagación del virus que es la forma de contener al COVID-19. Los funcionarios de gobierno que decidan compras de productos o artículos a precios sobrevalorados, igual que los comerciantes aprovechados de las circunstancias, se tendrán muy merecido el calificativo de «malnacidos» que les recetó el presidente JOH.

A ambos, funcionarios descarados y empresarios aprovechados, les deseamos que se vuelvan chicharrón, al consumar operaciones donde han ganado dinero fácil a manos llenas, dinero que se les convertirá en cenizas y se les escabullirá más pronto de lo que un confite le dura a un niño malcriado. Porque el destino de los tramposos es ese, no poder saborear por mucho tiempo sus dineros mal habidos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 23 de abril de 2020.