El Motagua nos inunda

septiembre 21, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Desde hace quince años una avalancha tóxica de toda clase de basura que ciudadanos guatemaltecos arrojan a las aguas del Río Motagua, inunda la gran Bahía de Puerto Cortés, almacenándose la mayor parte en la ensenada de Omoa, mientras el resto de la gigantesca inmundicia se dispersa hacia las playas del gran puerto y el resto penetra a las playas de Omoa que son mayormente afectadas por el perjuicio hecho basura que viene desde Guatemala.



Este es un fenómeno pernicioso que las autoridades hondureñas han venido permitiendo, porque desde un inicio, cuando empezaban a llegar las basuras desde Guatemala, se hubiera procedido en forma enérgica ante las autoridades de Guatemala para evitar que la mala costumbre de los guatemaltecos de tener al Río Motagua como su botadero de basuras, se repitiera dañando el ecosistema hondureño que lleva quince años de ser receptáculo de toda clase de desperdicios que las personas del vecino país arrojan al Río Motagua. Este es un mal hábito que hay en Guatemala y que provoca repugnancia hasta en las mismas personas conscientes de ese país, que han filmado el momento en que camiones recogedores de basura descargan su contenido inmundo en las aguas del Río que, paradójicamente, antes de 1930 era compartido por Honduras como línea limítrofe hasta que en la definición de la frontera fuimos separados de ese derecho al quedar el Río Motagua en su totalidad en territorio guatemalteco.

Hoy, el Río Motagua es un quebradero de cabeza para Honduras, porque sus aguas caudalosas están sirviendo para un fin bochornoso que pone en la picota pública a un país vecino con el que mantenemos relaciones cordiales, después que superamos la definición de frontera en los años 30. A los habitantes del interior de Guatemala se les ha vuelto una costumbre que el único lugar donde pueden deshacerse de todas sus basuras es el Río Motagua, convirtiéndolo en un torbellino de podredumbres, porque por más que las arrastre en un largo curso, las basuras no dejan de ser basuras, es más, por el proceso de degradación natural en contacto con las agua ensuciadas por ellas mismas, se convierte en una materia de lo más tóxico y nauseabundo.

Esa inmensidad de basura podrida, más los desperdicios de plástico que son tan nocivos, nos está llegando a la gran bahía de Puerto Cortés y a la rada de Omoa, que por tratarse propiamente de una ensenada, recoge el efecto de los vientos que direccionan todo lo que hay sobre la superficie marina a la pequeña Bahía de Omoa. Esta comunidad que por historia es digna de mejor suerte, por ahora tiene su defensa patrimonial en la pesca y la actividad turística, por lo que al inundarse sus playas con la vastedad de basura guatemalteca pierde sus encantos y se vuelve un muladar marino de espanto, porque entre los desperdicios hay desechos tóxicos de todo tipo, desde condones, biberones desechados, jeringas usadas, pañales podridos, prendas femeninas ensangrentadas y hasta cadáveres putrefactos.

Por qué las autoridades hondureñas han permitido que sus similares guatemaltecas no se interesen en evitar este fenómeno explosivo de suciedades que nos revienta en varios puntos de nuestro litoral, que son sensibles por tratarse de áreas turísticas, y que solo son apetecidas si el visitante encuentra belleza mezclada con pulcritud y aseo, y que si ve lo contrario, suciedad combinada con olores nauseabundos, se ausenta y deja de visitarlas. Es lo que ha pasado con Omoa y Puerto Cortés, donde toda operación de limpieza de las playas resulta inútil porque a las horas de nuevo están inundadas por las basuras que arrastra el Motagua.

Como las autoridades de Guatemala, haciendo sido advertidas de manera tibia por las autoridades hondureñas, han tomado a la ligera los reclamos de este asunto, no queda otro camino que acudir a una instancia internacional del medio ambiente para que por la vía coercitiva se obligue a Guatemala a implementar medidas para prohibir a sus habitantes arrojar sus basuras a las aguas del Río Motagua, porque el fenómeno va creciendo y ahora las basuras han infectado las aguas de Utila, Guanaja y Roatán. Cuando se viaja en el ferry desde La Ceiba a Roatán, es frecuente tener de compañía una inmensa mancha de basura en dirección a las Islas.

No podemos seguir consintiendo la indiferente actitud de las autoridades de Guatemala, que si fuera su país el perjudicado por Honduras, ya hubieran tomado medidas rigurosas para defender sus intereses, que es lo que no han hecho las autoridades hondureñas. Pero, como todo tiene su límite, el exceso de basura que sigue inundando la bahía porteña y la ensenada de Omoa, hasta llegar a Islas de la Bahía, nos sigue provocando un daño gravoso a nuestro ecosistema, que por el tamaño del perjuicio amerita que el gobierno de Guatemala indemnice a nuestras comunidades perjudicadas, Omoa y Puerto Cortés, que han tenido y siguen teniendo un lucro cesante al haber perdido el movimiento de las visitas turísticas por muchos años.

A grandes males, grandes remedios, contra la indiferencia de las autoridades guatemaltecas se impone que las autoridades hondureñas, en observancia de las leyes, acuda a un organismo internacional del medio ambiente, para que deduzca responsabilidades a Guatemala en beneficio de las comunidades hondureñas perjudicadas y se frene este fenómeno tan perjudicial.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 21 de septiembre de 2021.

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