El libertinaje es el peor enemigo

noviembre 4, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La posición de la Corte Suprema de Justicia de mantener en el nuevo Código Penal delitos como la injuria, la difamación y la calumnia, penalizados con prisión, corresponde a la responsabilidad con que el Poder Judicial debe actuar para evitar que la sociedad de la nación hondureña corra el grave peligro de caer en una degradación tal, que pudiera hundir a Honduras, más de lo que ha estado, en un abismo de putrefacción social, que es cuando un país llega a ser un paraíso de la inmoralidad.



Permitir que los mencionados delitos queden sujetos solo al orden administrativo equivale a abrir las trancas para darle paso a un libertinaje pernicioso, en el que los individuos con mentalidad anárquica y criminal, carentes del mínimo sentido de respeto, al estar en un medio de comunicación electrónico, den rienda suelta a toda clase de insultos y atropellos contra los que consideren sus enemigos, denigrándolos de tal manera que consigan su destrucción moral y social.

Dejar sin castigo penal estos delitos que tienen un poder destructivo criminal, será una irresponsabilidad increíble que situará en la historia a los funcionarios que tuvieran la desdicha de apoyar esa decisión terrible, como ciudadanos sin conciencia social, a sabiendas que el libertinaje es el peor enemigo de la libertad. Defender el libertinaje como un baluarte de la libertad de expresión es un sofisma ingrato, porque nada resulta más falso que razonar en favor del libertinaje invocando la defensa de la libertad de expresión.

El derecho a la libertad de expresión está contenido de manera precisa en la Constitución de la República y en la Ley de Emisión del Pensamiento, como un derecho eminente que igual que todos los derechos ciudadanos es co-relativo, es decir que al mismo tiempo que una ley constituye un derecho, tiene como contraparte obligaciones y deberes que las personas deben cumplir conforme a la ley.

La libertad de expresión nos garantiza a los periodistas, a los medios de comunicación y a los ciudadanos en general, el derecho de poder expresar nuestros puntos de vista, críticas y señalamientos sin más restricción que el hacerlo en forma respetuosa, sin trasgredir los límites de la moral y la ética, sin incurrir en el campo del ataque personal de manera compulsiva, con insinuaciones y falsedades que socaven la imagen y la moral de las personas, al grado de aniquilarlas social y moralmente. Los últimos casos que se han dado en el campo periodístico retratan a Honduras como un país degradado, porque un país se degrada no solo por la violencia criminal, o por la corrupción incontrolable, también lo destruye el libertinaje que permite dejar hacer y dejar pasar todo a los delincuentes que usan las palabras impregnadas de calumnia, infamia y difamación, para destruir a terceros.

El Congreso Nacional, que es donde se elaboran las leyes de la República, debe tener en cuenta que su obligación al legislar es proteger los intereses y los destinos del país, y al hacerlo fundamentalmente debe favorecer a la sociedad en general y no pensando en crear disposiciones o interpretaciones legales que beneficien a un determinado sector, por muy importante que se considere. La sociedad somos todos los hondureños, por lo tanto, cualquier ley de la República que por omisión o por temor de los legisladores no contemple el aspecto universal del derecho, que es el de proteger a la sociedad en general, puede ser objeto de un recurso de inconstitucionalidad.

La sociedad hondureña no puede quedar indefensa ante la proliferación de calumniadores, injuriadores y difamadores de oficio, que se blindan de manera bribona con un micrófono o una cámara de televisión para enterrar el honor de las personas. Permitir el libertinaje pernicioso usando como argumento el sofisma de que al penalizar los mencionados delitos se atenta contra la libertad de expresión, es el más flaco favor que se le puede hacer a este grandioso derecho, porque, en nombre de la libertad de expresión se les daría amplias facultades a los delincuentes de la palabra para que hagan y deshagan con el honor de las personas.

A estos no habría porque llamarles ni periodistas ni comunicadores, habría que definirlos como “enterradores de honor”.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 4 de noviembre de 2019.