El legado del papa Benedicto XVI quedó escrito en sus encíclicas

marzo 11, 2013

Por FRANCISCO JAVIER MEJÍA

• POR ENCIMA DE LAS ESPECULACIONES, LA HERENCIA DEL SANTO PADRE SE RESUME EN SUS TRES ENCÍCLICAS.



• SU LEGADO ABARCÓ TODOS LOS TEMAS DE LA VIDA ACTUAL SIN PERDER DE VISTA LA RELACIÓN PERSONAL DE LOS CRISTIANOS CON DIOS.

Benedicto XVI concluye su papado en sus propios términos, dejando atrás las especulaciones de conflictos entre poderosos cardenales, de filtraciones vergonzosas y toda la contaminación que los tiempos actuales provocan en las instituciones.

No obstante, Benedicto XVI ha sido un papa ejemplar, un hombre que se sacrificó por la iglesia aceptando su papel de líder de transición, ofreciendo disculpas por los errores y defectos de los miembros de la iglesia y protagonizando ocho años de solidez y apego a la fe.

Su herencia, sin embargo, poco tiene que ver con las mundanas acusaciones en su contra y mucho con un legado trascendente, impreso en sus tres encíclicas, estas son, la Deus Caritas Est, Spe Salvi y Caritas et Veritate.

Dios es amor

La encíclica Deus Caritas Est o Dios es amor en español, responde dos preguntas muy concretas para la vida cristiana: ¿Es posible amar a Dios? y ¿podemos realmente amar al prójimo, cuando nos resulta extraño o incluso antipático?

La respuesta a la primera pregunta es un rotundo sí, podemos amar a Dios.

El Santo Padre explica que podemos amar a Dios porque Él no se ha quedado a una distancia inalcanzable para los humanos, sino que ha entrado y entra en nuestras vidas.

Dios sale al paso de cada uno de nosotros, en los sacramentos, a través de los cuales actúa en nuestra existencia, con la fe de la iglesia a través de la cual se dirige a nosotros, haciéndonos encontrar personas tocadas por Él, que nos transmiten su luz, con las disposiciones a través de las cuales interviene en nuestra vida y también con los signos que la creación nos ha regalado.

Él no solamente nos ha ofrecido su amor, ante todo, lo ha vivido primero y toca la puerta de nuestro corazón en muchos modos para suscitar nuestra respuesta de amor.

La respuesta a la segunda pregunta es también un definitivo sí, sí podemos si somos amigos de Dios.

Si somos amigos de Cristo, la amistad con Dios se convierte para nosotros en algo cada vez más importante y decisivo, entonces comenzaremos a amar a aquellos a quienes Dios ama y que tienen necesidad de nosotros.

Dios quiere que seamos amigos de sus amigos y nosotros podemos serlo, si estamos interiormente cerca de ellos.

La encíclica Dios es amor también explora los temas del eros, y la justicia y los contextualiza en “un mundo profundamente herido”.

“El mundo espera el testimonio del amor cristiano que se inspira en la fe. En nuestro mundo, con frecuencia tan oscuro, con este amor brilla la luz de Dios”, escribió el papa.

Salvados en la esperanza

En el texto Spe Salvi o Salvados en la esperanza, Benedicto XVI escribió “según la fe cristiana, la salvación no es simplemente un dato de hecho”.

Se nos ofrece la salvación en el sentido de que nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente y el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva a una meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”.

Llegar a conocer a Dios, el Dios verdadero, eso es lo que justifica la esperanza, dice el papa.

Y Benedicto XVI nos recuerda que eso es algo que entendieron muy bien los Efesios, que antes de su encuentro con Dios tenían muchas deidades, pero no tenían esperanza.

El papa recuerda que Jesús no traía un mensaje “socio-revolucionario”, lo que Jesús trajo era algo totalmente distinto, el encuentro con el Dios vivo, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello se transforma desde dentro la vida y el mundo, aunque las estructuras externas permanezcan igual”.

El error fundamental de Marx ha sido que olvidó al hombre y olvidó su libertad, creyó que una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error fue el materialismo, escribió el Santo Padre.

Luego explica, “digámoslo ahora de manera muy sencilla, el hombre necesita a Dios, de lo contrario se queda sin esperanza. El hombre nunca puede ser redimido únicamente desde el exterior, el hombre es redimido por el amor”.

La caridad en la verdad

La encíclica Caritas in Veritate, La caridad es la verdad, nos recuerda que la caridad “es la vía maestra de la doctrina social de la iglesia. Por otra parte, dado el riesgo de ser “mal entendida o excluida de la ética vivida, el papa advierte que un cristianismo de caridad “sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales”.

El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza, dice el papa.

Enseguida enumera algunas distorsiones del desarrollo, como una actividad financiera en buena parte especulativa, los flujos migratorios frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra.

Frente a estos problemas, el papa invocó una nueva “síntesis humanista” porque el “cuadro del desarrollo se despliega en múltiples ámbitos, crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades y nacen nuevas pobrezas”.

La encíclica también trata del desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente, gobiernos y organismos internacionales no pueden olvidar la objetividad y la indisponibilidad de los derechos. A este respecto hace énfasis en la problemática relacionada con el crecimiento demográfico.

Las encíclicas son textos largos, de varios capítulos, y su contenido es denso, en ocasiones extremadamente complejo, aunque el papa siempre insistió en que sus líneas fueran sencillas y fáciles de comprender.

No obstante, la variedad de los temas abordados por el papa que van desde la política a la economía, los derechos humanos, la bioética, la clonación, la cultura, el absolutismo, la reforma de la ONU, “ese fenómeno perverso del turismo sexual”, la pobreza, la ética y el mercado entre otros muchos, necesitan de un estudio detallado y profundo para poder ahondar en todos sus significados.

Una conclusión, sin embargo, si fuese posible resumir alguna es la que sirvió a Benedicto XVI para cerrar la Caritas in Veritate, en la que el papa subraya que el desarrollo “tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración, de amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz”.

Ese es Benedicto XVI, el papa teólogo, un papa valiente, un hombre de Dios. Los demás son chismes y tonterías.

“El mundo espera el testimonio del amor cristiano que se inspira en la fe. En nuestro mundo, con frecuencia tan oscuro, con este amor brilla la luz de Dios”, escribió el papa.

Las encíclicas son textos largos de contenido denso, en ocasiones extremadamente complejo, aunque el papa siempre insistió en que sus líneas fueran sencillas y fáciles de comprender.

 

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