El laberinto de los 14 partidos

septiembre 8, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Es posible que la gran mayoría de hondureños se pregunte de dónde y por qué salen tantos partidos políticos, y no faltará quienes cuestionen el sentido que tenga la aparición de tan variadas entidades políticas. No son pocos los que piensan que la democracia no se fortalece con la proliferación de partidos, más bien la gente supone que no existiendo en nuestro país una diversidad de pensamientos políticos, porque aquí estamos bien clasificados entre los partidarios de la democracia, los antidemócratas y la última corriente que ha surgido contra el sistema, deberíamos estar aglutinados alrededor de las dos corrientes de pensamiento: demócratas y antidemócratas. Pero no es fácil lograr una cohesión de tal forma, porque los dos principales partidos políticos, PL y PN, se mantuvieron en inercia por mucho tiempo, sin refrescar sus respectivos idearios, actuando como dos instituciones caudillescas, hasta con nombres y apellidos. Así entre los nacionalistas había «cariístas», «galvistas», «zuniguistas», «callejistas» y últimamente «juanorlandistas», mientras que en los liberales pesó mucho el movimiento «villedista», el «rodista» «los reinistas», «los floristas» y los «rosenthalistas». En ambas instituciones existía el denominador común de ser partidos eminentemente democráticos, los liberales se han considerado progresistas y acusan a los nacionalistas de ser conservadores, pero en el fondo el gran basamento que los liga es que ambos son partidarios de la democracia.



Hasta que apareció LIBRE, el primer partido que se homologó con el socialismo del siglo XXI, más por comodidad que por afinidad ideológica, porque el fundador de este partido tiene un precedente de tránsfuga que sigue manteniendo una tufareda de traición que no se la podrá limpiar ni con un mar de excusas. A Mel Zelaya los liberales lo hicieron presidente de la República y él les pagó con el más ingrato de los favores: cortándoles la posibilidad de un segundo triunfo que los liberales tenían más que asegurado con el entonces candidato liberal Elvin Santos Ordóñez. Sobre todo, fue por ese desgraciado incidente político del 2009, provocado por el propio Mel Zelaya, que la atmósfera política se atomizo con las consecuencias que hoy tenemos, de contar con una multiplicidad de pequeños y variados partidos, que si bien no robustecen la democracia, creemos que tampoco le harán mucho daño, porque lo peor que podría ocurrirnos es que aquí nadie quisiera participar en política.

Supongamos que aquí se hubieran mantenido dos partidos, los liberales y los nacionalistas, y que las nuevas generaciones de ciudadanos rechazaran militar en alguno de ellos y no existieran más espacios para colmar las aspiraciones ciudadanas, la estacionalidad política tampoco sería gran cosa ni le haría un gran beneficio al país. Después de 2009, la restauración de la democracia, en medio de un fervor antisistema propagado por la dirigencia de LIBRE, le ha costado mucho mantenerse a los dos partidos tradicionales, y parece mentira, pero partidos pequeños como la Democracia Cristiana que se ha ganado inmerecidamente el despectivo sobrenombre de «partido remolacha o partido bisagra» contribuyeron a atenuar lo que parecía un derrumbe de la democracia. Se lograron acuerdos de alto nivel que permitieron el reconocimiento, fuera del marco legal, del partido LIBRE, para quitarle a Mel Zelaya la bandera trasnochada de adherir Honduras, como un pequeño eslabón a la cadena del socialismo del siglo XXI, sueño con el que Hugo Chávez pensaba unir un bloque de países contra Estados Unidos.

En la política hondureña ha habido una especie de clase sacerdotal que cree que la política debe seguirse practicando al estilo antiguo, al más puro caudillismo familiar. Mel Zelaya tiene a LIBRE como una empresa de familia, los nacionalistas navegan con los vientos del caudillismo, mientras los liberales son los que están más dispersos que nunca. El nuevo partido “Salvador de Honduras”, surgido por un fuerte respaldo antisocial que lo apoya, nació con el reflejo caudillista más extraño, con el de Salvador Nasralla, persona con un pensamiento impenetrable por cualquier idea democrática, donde el que no obedece sus órdenes queda excluído, como acaba de ocurrir con Tony García, uno de los principales lugartenientes del «nasrallismo» que, a las primeras de cambio al contradecir al dueño del partido, tuvo que liar sus bártulos para pedir posada en LIBRE.

De todo esto, lo positivo que queda es la fidelidad a la política que como decíamos ayer es la plataforma que sostiene la democracia, porque si viniera en Honduras una oleada de antipolíticos que buscaran darle vuelta al sistema por la ruta de la violencia, como sucedió a partir de los años 60, estaríamos arreglados al revés, porque la violencia no lleva a ningún lado, cosa que los mismos marxistas entendieron bien, refugiándose en la democracia, aunque con ropajes falsos para llegar al poder. Los partidos políticos son el ascensor que funciona y  por el cual los ciudadanos con aspiraciones de dirigir el país pueden concretar sus deseos.

De manera que si lo vemos desde este ángulo, el laberinto que pareciera ser la cantidad de 14 partidos, que para un país con un censo electoral pequeño resultan catorce entidades políticas, cuatro con suficiente caudal electoral y 10 con militancias modestas, en lugar de considerarlo una maldición hay que verlo como un gran escape que elimina todas las censuras y discriminaciones que ha habido en los dos partidos tradicionales. Lejos de verlo como una chorrada de partidos, yo diría que 14 partidos políticos es el festival partidario más interesante con el que jamás habíamos imaginado los hondureños. Eso sí, para que el sueño y la alegría sean completos, desearíamos que los nuevos partidos y los tradicionales eliminen las muletas mentales, siendo más proactivos en favor de una sola causa que es Honduras. Por lo demás, de los 14 partidos solo sobrevivirán los que reciban el respaldo de los electores.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 8 de septiembre de 2020.

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