El juego de las mascarillas

junio 11, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Recuerdan ustedes que a mediados de marzo cuando apenas se empezaba a hablar del coronavirus en Asia y Europa, los burócratas de la OMS afirmaban que no tenía ningún sentido usar mascarillas en lugares públicos. El más encopetado de ese organismo que ha exhibido una inoperancia asombrosa, un personaje etíope que sigue robando cámaras con sus desaciertos, sostenía que si no se estaba enfermo lo mejor era no usar mascarillas, porque daban una falsa sensación de seguridad. Pasó todo el mes de marzo y luego transcurrimos abril, cuando el mundo empezó a ver la tendalada de muertos en varios países asiáticos, y luego en Italia y España, donde los hospitales colapsaron ante la imposibilidad de tratar a los contagiados por el coronavirus en forma efectiva, hasta que los médicos italianos convencidos que con las recomendaciones de la OMS no daban una, probaron sus propias normativas y con más acierto, dejando a un lado las directrices de la OMS.



Pero, el mensaje que resultó tan letal como el mismo virus, fue que no se usaran las mascarillas si no se estaba enfermo, lo que resultó un consejo espantoso porque como en ese momento no se estaban realizando en ningún país las pruebas de manera masiva, era difícil determinar quién estaba y quien no estaba enfermo. A los pocos días los burócratas de la OMS tuvieron que tragarse sus malos consejos, porque resultó ser que las mascarillas si son necesarias, no al punto de garantizar la seguridad total para no contagiarse, pero en gran medida usar esta pequeña pieza de tela especial es parte del cuidado que debemos tener frente al coronavirus.

Hoy las mascarillas son de uso obligatorio por disposición legal y por conveniencia sanitaria, y quien no la use se hace merecedor a una multa, aunque la pena mayor no es de carácter económico, sino más bien por el daño a la salud que le puede causar no usar la mascarilla, que ya se descubrió por la experiencia vivida en estos tres meses, que tiene un beneficio demostrado. Entonces, el «ni sí ni no» que expresaba el personaje etíope de la OMS pudo haber causado la muerte a miles de personas en el planeta que de haber usado la mascarilla posiblemente no se hubieran contagiado y no hubieran fallecido. Este no es un asunto simple, este personaje etíope de la OMS bien pudiera ser imputado dentro de poco por responsabilidad criminal, por haber dado la recomendación de no usar mascarilla al principio, cuando se pudo evitar que la propagación se extendiera y miles de personas fallecieran.

Hace poco más o menos un mes, el director de la OMS llegó a un evento en Italia, imaginamos que creyó sentirse adorado en ese país, cuando vio que decenas de médicos y enfermeras le formaban vallas a ambos lados de la calle para entrar a un edificio donde había un evento, pero al bajarse del vehículo, el etíope pudo notar que la recepción no era de gratitud mucho menos de admiración, cuando médicos y enfermeras se voltearon para darle la espalda en una expresión de repudio y de no sentirse agradados con su visita.

En Honduras, tres meses después de haber comenzado los efectos del coronavirus, la mascarilla se ha vuelto en un pequeño instrumento de mucho valor para ayudar a evitar el contagio, aunque estando en medio de la tempestad viral, los contagios siguen aumentando día a día, aunque gracias a las medidas adoptadas por el gobierno, la cantidad de hondureños fallecidos es mucho menor de lo esperado y hasta que no se disponga de la vacuna que pueda prevenir el contagio, los dos tratamientos más efectivos son los hondureños: CATRACHO Y MAIZ.

¿Qué es lo que viene ahora, cuando los científicos en el mundo predicen que el coronavirus permanecerá por mucho más tiempo y que hay que adaptarse a acostumbrarnos a una convivencia con el virus? Es saber que entramos a la cultura del uso de la mascarilla, y lo que desde miles de kilómetros de distancia nos parecía repugnante, el hecho que en China, Corea y Taiwán las personas usaran mascarilla como lo más normal, como cuando aquí la gente usa sombrero en la sombra; los hondureños en particular debemos acostumbrarnos a protegernos con la mascarilla, no por miedo a la multa, sino por el costo que podemos pagar con nuestra salud si no la usamos.

Es decir, el gran descubrimiento que tuvimos que hacer en contra de la recomendación de los personajes de la OMS es que la mascarilla si tiene un beneficio eficaz en favor de la persona, que no es ni lujo ni innecesaria, sino que su uso nos garantiza cierta tranquilidad especialmente para las personas que salen a la calle por necesidad o por cualquier cosa. El asunto es que, cuando se descubrió la utilidad de las mascarillas, estas se fueron por las nubes por efecto de los comerciantes especuladores. Hoy las mascarillas, incluso la que más recomiendan, la KN-95 está al alcance de la mayoría de la gente. Pero al haber impulsado el gobierno a la industria maquiladora a que fabricara sus propios diseños, las mascarillas hoy están al alcance de casi todos los hondureños. Y para los que dicen no tener para adquirirla, el gobierno ha donado millones de ellas a la gente de escasos recursos.

Entonces, ante la ineficacia y la inutilidad de la OMS, por cuenta propia, los países sabemos que los tiempos que vivimos y los que se vienen, sin usar las mascarillas pueden ser tiempos peligrosos de contagio por este coronavirus y por los próximos virus que están en camino.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 11 de junio de 2020.