El imperio de la sinrazón

julio 17, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La sinrazón debe ser familia de la insensatez porque se deja seducir por la falta de cordura, es el estado de las personas que las induce a actuar divorciadas del sentido común y aferradas a un sentido trastornado en la aplicación de la ley. La sinrazón desequilibra las decisiones especialmente aquellas que deben tomarse en momentos cruciales para salvaguardar el interés supremo de una sociedad que es la salud de la población. La sinrazón condena muchas veces a los pueblos por las malas decisiones o por la indecisiones de sus autoridades, especialmente cuando en tiempos electorales los políticos que nos gobiernan dejan de hacer y tomar decisiones por el temor al terrible «qué dirán», que es uno de los elementos perversos que lanzan al ruedo individuos que no quieren que se tomen las determinaciones que deben adoptarse para solucionar una crisis.



Tenemos que retomar el asunto de los hospitales móviles porque es una absoluta grosería que por esas disquisiciones inútiles que han surgido en torno a la incoherencia de cifras y datos en los documentos que amparan las pólizas de importación de las dos estructuras hospitalarias, estas deban estar expuestas al efecto de oxidación por el salitre que acompaña a las brisas marinas del puerto. Y estar expuestas además a la intemperie, sin protección alguna, mientras la burocracia estatal e institucional, más los cuestionadores de oficio que abundan en Honduras, impiden el desaduanaje de los hospitales que ya cumplieron una semana de estar sometidos a los daños de la naturaleza.

Desde luego que la sinrazón no es un mal ni un defecto propio de los hondureños, que somos un imperio de la sinrazón es otra cosa, pero la sinrazón fue la causante de echar a perder poderíos antiguos, de llevar a la derrota a los generales en las batallas. Un ejemplo moderno lo dieron los Estados Unidos en la guerra de Vietnam, que por empecinarse en una guerra absurda tuvieron que soportar la derrota más humillante que les hizo morder el polvo  al resultar vencidos por un pequeño ejército que se defendió y atacó con estrategias primitivas que superaron al moderno armamento de los estadounidenses.

Aquí en Honduras no estamos luchando contra un ejército bien armado, estamos en una lucha contra un enemigo casi invisible que tiene capacidad de hacer mucho daño, al que no debe dársele treguas con el descuido o con la ineficiencia. Estamos advertidos por los expertos que la pandemia apenas comienza y lo estamos viendo en los resultados de las pruebas, que aún son insuficientes, pero que empiezan a mostrarnos una realidad llena de contagios. Para enfrentar los avances del coronavirus  se compraron los hospitales móviles, que por las referencias que hemos leído, son obras de arte en la medicina, que vienen a reforzar a los hospitales tradicionales y a los triajes, que son centros de atención improvisados con camas y equipos más el personal correspondiente.

Pueden haber muchas irregularidades en la documentación que ampara la importación, pero este es un asunto que los organismos como el TSC y el MP pueden solventar con las investigaciones pertinentes que realicen, sin que esto implique que los hospitales no puedan ser desaduanados para que los técnicos procedan a instalarlos para lograr su funcionamiento. Y ahora resulta que un montón de neófitos están preocupados porque si los hospitales se desaduanan se perderán las garantías. ¡Habrase visto tanta abundancia de idiotez! Si lo que urge no es el rigor legal de la documentación, eso se puede subsanar o dilucidar en materia de culpabilidad o responsabilidad en cualquier momento.

Los dos primeros hospitales ya están en Honduras, mientras que a Marco Bográn basta que le dicten una orden de detención precautoria para que no se escape y por otra parte trabajar en las providencias del caso contra el proveedor de origen mexicano. Ambas diligencias no deben impedir el desaduanaje de los hospitales, hay mecanismos legales para hacerlo sobre todo por tratarse de una emergencia nacional. Todos los que han salido a defender que los hospitales no pueden salir de la aduana de Puerto Cortés para no violar la ley son leguleyos, son personas que conocen escasamente de leyes y que hablan sin saber del sentido de justicia. Esta vez no se trata de una aplicación común de la ley, por si no lo saben estamos cruzando en medio de una pandemia que cada día revienta con más fuerza entre nuestra población. Basta ver los resultados de las pruebas que se realizan a diario para tener idea que la pandemia está bien metida en nuestro territorio hondureño, lo cual es indicativo que habrá más personas contagiadas, por lo que todos los hospitales que puedan operarse son la plataforma para que el personal sanitario pueda atender a los hondureños que resulten contagiados.

Las autoridades del país deben tomar una decisión, y si es necesario, ordenar que los hospitales sean desaduanados de ser posible este mismo día para que los ingenieros que conocen como armar estas estructuras procedan a la instalación, de manera que los hospitales empiecen a funcionar cuanto antes. Botados como están en la aduana de Puerto Cortés los hospitales son inservibles, pero una vez armados serán de mucha utilidad para nuestros compatriotas. No es posible que no haya una autoridad competente en el país que tome la iniciativa, y que ordene que las estructuras pasen de la aduana del puerto a los sitios donde serán instalados.

Todo lo demás para dirimir cualquier situación irregular en la documentación compete al TSC y al MP manejarlo conforme los protocolos legales, que no deben permitir que el o los responsables de cualquier acto doloso en contra del estado hondureño quede impune. Pero, por la saña que se le ha orquestado a la compra de los hospitales no hay razón para penalizar la salud de los hondureños que necesitan de estas y más instalaciones hospitalarias, llegado el momento que la crisis sanitaria explotara como aconteció en Italia, España, y ahora en Brasil y EEUU, donde hay varios hospitales colapsados.

Por el momento histórico-crítico que vive Honduras no podemos permitir que la ceguera de un montón de individuos leguleyos que parecieran no querer darse cuenta de la delicada situación de salud que enfrenta la nación, impida que los hospitales móviles sean sacados del abandono para proceder a su instalación. La locura y la insensatez a que lleva la sinrazón no deben prevalecer  en este momento, lo sensato es poner a funcionar los hospitales. Para deducir responsabilidades a los autores de cualquier irregularidad en esta compra hay tiempo más que suficiente, en cambio para atender a los contagiados el tiempo apremia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 17 de julio de 2020.