El horizonte del empleo

agosto 28, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La consecuencia económica de la pandemia que más está incidiendo en las familias hondureñas es el desempleo, porque el coronavirus ha castigado a las empresas, miles de las cuales dejaron de operar prescindiendo de igual cantidad de puestos de trabajo. El gobierno hondureño todavía no ha lanzado un plan de contingencia para reactivar la economía en base a mantener el empleo o generar nuevos puestos de trabajo, otorgando facilidades y concesiones posibles para que las empresas se reanimen y puedan seguir operando.



El derrumbe del empleo comenzó el pasado 15 de marzo, cuando el gobierno compelido por el avance de la propagación del coronavirus se vio obligado a prohibir el funcionamiento de casi toda la actividad industrial y comercial de nuestro país, una medida que se adoptó en cadena desde los países europeos, EEUU hasta América Latina. El virus acorraló al mundo y los gobiernos respondieron con la cuarentena como estrategia para evitar que el COVID-19 nos invadiera en forma masiva. Casi todos los países con los que tenemos relaciones comerciales reaccionaron con la misma estrategia, por lo que nuestro país se vio paralizado, incluyendo la industria maquiladora que es la que genera empleo masivo, y que igual que sus clientes en el exterior se paralizaron por la pandemia. El cierre de las maquilas fue un golpe demoledor contra el empleo, porque esta industria genera trabajo en cantidad como ninguna otra es capaz de hacerlo.

Cualquier movimiento que afecta a la industria maquiladora genera consecuencias que sacuden la estabilidad económica del país, especialmente cuando los gobiernos toman decisiones que inciden en la industria, porque estas empresas se caracterizan por aprovechar las mejores condiciones para producir sus artículos destinados a la exportación al extranjero, donde también hay variantes a cada momento dependiendo de la situación política y económica de los países. La industria maquiladora siempre está a expensas de estas variables del mercado, por lo que su estabilidad depende del tratamiento que le dan las autoridades de cada país.

Cuando los clientes de la industria de la maquila que radican en diversos países, principalmente en EEUU, cerraron operaciones por la pandemia, las maquilas en Honduras se vieron obligadas a suspender los contratos individuales de los trabajadores, situación que les es permitida por nuestras leyes laborales que equilibran la estabilidad de las empresas cuando ocurren hechos  de fuerza mayor. Es hasta que la mesa intersectorial consideró la reapertura de la economía de manera gradual que la industria de la maquila se ha reactivado con el mismo ritmo, debiendo tomar las medidas biosanitarias para los trabajadores, protegiendo sus condiciones de salud y para garantizar la higiene de los productos elaborados para exportar a los mercados, especialmente a los EEUU, lo que ha permitido que miles de trabajadores hayan retornado a sus puestos.

Las maquilas han demostrado toda la responsabilidad que el caso amerita, empleando protocolos de bioseguridad que resultan costosos en los centros de trabajo, lo cual además de ejemplar es digno de ser imitado en el resto de las empresas que tienen capacidad para hacerlo. Sin embargo, hay situaciones contempladas en los protocolos que emanan de las autoridades como el de no poder convocar a que se reincorporen al trabajo a todas las personas vulnerables por padecer dolencias crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedades respiratorias, enfermedad renal, extendiéndose la restricción a mujeres embarazadas, en período de lactancia y adultos mayores. Esta situación es aprovechada por personas que trabajan en el área de derechos humanos, que rechazan cualquier previsión contemplada en nuestras leyes, porque creen que están por encima de las mismas como si alguien del exterior se los ordenara.

Esta es una situación extraña que no debe ser soslayada por las autoridades hondureñas, porque ninguna ONG que se crea protectora de derechos se dedica a generar la cantidad  de empleo masivo que produce la industria maquiladora hondureña. La pandemia genera crisis económica en casi todos los países, aunque para este tipo de situaciones nuestras leyes contemplan medidas que por causa de fuerza mayor permiten a las empresas suspender los contratos individuales de trabajo o dar por terminada la relación laboral pagando los derechos que corresponden al trabajador conforme la ley laboral.

Afortunadamente, el sector sindical interpretando a conciencia la difícil situación, ha mantenido la prudencia que el caso aconseja, pero sobre todo porque el sector maquilador no ha despedido en forma masiva, sino que ha suspendido los contratos mientras duran los efectos de la crisis sanitaria, de manera que ni adultos mayores ni mujeres embarazadas han sido despedidos de sus puestos y si una empresa en forma aislada hubiera realizado despidos hasta ahora no se ha tenido conocimiento de ello.

Ahora bien, el asunto es que, siendo la industria de la maquila generadora por excelencia de empleo masivo, como ninguno otro sector, para situaciones imprevistas como la crisis sanitaria que nos afecta desde marzo, el Estado hondureño debe recomponer las leyes de seguridad social para que la institución que rige este ramo tenga capacidad para atender la situación económica de aquellos trabajadores a quienes se les prohíbe trabajar por razón de riesgos preexistentes como las enfermedades crónicas que vuelven vulnerables a las personas en una pandemia de tanto poder contagioso como el COVID-19.

La industria de la maquila soporta el horizonte generando miles de puestos de trabajo, pero a las autoridades les corresponde afrontar con visión problemas sociales como el que ha originado la pandemia, para evitar que el desempleo azote la vida de los trabajadores.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 28 de agosto de 2020.

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