El General COVID-19

abril 6, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Nunca habíamos estado en una lucha tan especial, por lo menos en el ámbito sanitario, como es estar combatiendo contra una pandemia tan poderosa, con capacidad para poner al mundo entero de espaldas al paredón. El COVID-19 es una verdadera borrasca viral con un factor multiplicador de cepas que está dando mucho trabajo a la ciencia cada vez que aparece una nueva variante con efectos más contagiosos y letales, de manera que no hay una previsión exacta para saber que vacuna será tan efectiva para inmunizarnos. Los científicos, aunque trabajan con toda la intensidad que pueden, todavía no encuentran la fórmula para contener esta tormenta viral, calculando que hay miles de investigadores trabajando en los laboratorios las 24 horas del día, siguiendo la evolución de la pandemia y observando los resultados de las vacunas.



Las personas, en todos los países, estamos siguiendo cada noticia que sale sobre los resultados de la vacuna, a veces nos llenan de esperanza los avances que tienen los programas de vacunación en los países desarrollados, porque en la medida que en EEUU y Europa se vacune a la mayor parte de su población, habrá excedentes para países como Honduras, donde todavía estamos en pañales en materia de vacunación. A El Salvador está llegando en buena cantidad la vacuna elaborada en China Continental, pero hay que recordar que esa vacuna no pasó por el rigor de los protocolos serios como el de la FDA, y aún la misma OMS, organismo que ha dejado mucho que desear a lo largo de la pandemia desde el inicio del año pasado hasta hoy, tampoco ha tenido una declaración que sea un aval contundente a la vacuna hecha en China.

Lo que ha ocurrido con la vacuna de la firma AztraZeneca, ha hecho estremecer a varios países europeos donde han reportado varias personas muertas atribuidas a efectos secundarios de esta vacuna, por lo que los países bajos europeos han prohibido la aplicación de AztraZeneca. Esto no es  soliviantar los ánimos en contra de la mencionada vacuna, pero no es ético ocultarle a la población los posibles efectos perjudiciales para el bienestar que puede causar un fármaco en el que se deposita la esperanza y la fe para inmunizarnos contra el COVID-19.

En Honduras apenas hemos regresado de una semana de feriado en que una parte de la población se aventó a disfrutar sin cuidarse, sin cubrirse con una mascarilla, mezclados en grupos numerosos y posiblemente sin llevar a mano alcohol gel para desinfectarse las manos. Es muy probable que de todo este conglomerado que se desplazó a las playas, a los balnearios y a otros lugares donde había concurrencia de numerosas personas, resulten centenares por no querer exagerar y decir que podrían resultar miles de nuevos contagiados con el coronavirus.

Los médicos de los hospitales están temerosos igual que las enfermeras y ellos son los que saben el peligro que representa estar en un ambiente con una enorme carga viral como es un hospital atestado de personas contagiadas con el virus.

Creo que los médicos no alarman por el deseo de poner a la población en un hervidero de nerviosismo, cuando dicen que no hay garantía de atención para una avalancha de contagiados hablan con la realidad, si los hospitales antes de la Semana Santa ya estaban a más de un 90 por ciento de su ocupación un rebrote masivo producirá un colapso en que, habrá una cantidad de personas que podrían morir por la falta de atención médica, no por negligencia o indiferencia, simplemente por la incapacidad en los hospitales y por el escaso número de doctores y enfermeras disponibles para proporcionar atención.

Esto es lo que podríamos llamar una lucha desigual, un combate donde un general llamado COVID-19 tiene tantos regimientos a su favor, debido a la multiplicidad y a la gran velocidad con que se propaga el virus, en la medida que más personas se contagian y que al no recibir atención médica crearán una corriente de propagación a manera de un tsunami viral que podría dejar un resultado trágico en muertes porque el sistema de salud habrá perdido capacidad de respuesta.

Sin embargo, no se puede menospreciar el optimismo de las autoridades de Salud que dicen tener un plan organizado para enfrentar y contrarrestar una posible oleada del COVID post Semana Santa. Ojalá que fuera así, y que puedan demostrar lo eficaces que pueden ser en un momento que por imprudencia de una parte de la población, el personal médico no se deje sobrepasar por la sobrecarga de contagiados que pueden ir llegando a los hospitales en los próximos días después del gustazo que han tenido en las playas y en los balnearios.

Si se llegara a cumplir una creencia de mi madre, que nos obligaba a bañarnos en el mar cuando las epidemias de gripe y tos ferina azotaban la costa norte, porque según ella «el mar tiene un enorme poder, que lo puede curar todo» entonces, los veraneantes habrán descubierto que bañarse en el mar no fue una imprudencia sino una especie de vacunación con agua marina. Desde luego, se salvarán los que fueron al mar a bañarse y no así los que fueron a emborracharse.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 6 de abril de 2021.

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