El futuro del agua

septiembre 2, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando a mí alguien me dice que la tercera guerra mundial será provocada por la lucha que sobrevendrá entre las personas por hacerse del agua que necesitan para vivir, les señalo el cielo y les pido que miren la inmensa cantidad de nubes que no son más que agua en estado gaseoso. Intento explicarles ese ciclo maravilloso natural que es, que el agua cuando sube al cielo en forma de gas, es agua que la madre naturaleza nos reserva para que no la gastemos, desperdiciándola de una sola vez, porque lo que nos pasa a los hondureños, como sucede en muchos otros países es que hacemos una pésima gestión en el uso del agua.



Agua hay suficiente, siempre habrá agua mientras haya nubes. Lo que no hay entre los hondureños son los buenos hábitos para usar correctamente el agua y no desperdiciarla. Los hondureños hemos cultivado un contrasentido en el uso del agua; cuando la tenemos en cantidad suficiente la derrochamos y la desperdiciamos. Basta vernos en el espejo por la mañana cuando nos aseamos la cara y nos lavamos la boca con los enjuagues bucales, dejando la llave abierta, cuando lo correcto es tener a mano un vaso para hacernos el aseo empleando el agua necesaria.

Esta no es la cultura que hemos aprendido los hondureños, nosotros abrimos la llave y dejamos que el agua fluya por diez o más minutos que necesitamos para el baño, permitiendo un desperdicio de decenas de litros del precioso líquido. No tenemos noción del valor del agua, cuando abrimos el grifo o nos metemos al baño, nuestra imaginación divaga en todo, menos en que el agua preservada en las represas tiene la capacidad limitada para abastecer a toda una población durante un tiempo, hasta que viene el siguiente período lluvioso que abastece los ríos que nutren las represas. El agua puede escasearse por el mal uso que hacemos de ella, pero no desparecerá mientras exista ese maravilloso proceso natural que hace que el agua por si misma, evaporada por el sol, se preserve en el espacio en estado gaseosos, convertida en nubes.

Ahora bien, lo que debemos aprender los hondureños es conocer que la gestión del agua, que comienza desde el uso en nuestras casas, responde a períodos, que son dos: cuando llueve y cuando no llueve. Es más el tiempo que no llueve y entonces tanto autoridades como usuarios consumidores, debemos prevenir mediante el buen uso y ahorro del agua, que las cantidades almacenadas, que no son muchas, nos ajusten hasta el momento en que comienza el nuevo período lluvioso.

Como la población de nuestras ciudades aumenta cada año, es un deber imperativo de las alcaldías y del gobierno central, construir más represas que almacenen mayores cantidades de aguas lluvias o agua de los afluentes de los ríos, para procesarlas y volverlas aptas para el uso y consumo humano. Esto que decimos no tiene ciencia, es un proceso de precaución para no llegar a la escasez de agua que entre los hondureños termina por crear pánico, porque somos muy dados al pesimismo creado por nuestras pésimas costumbres.

Ahora bien, lo que si es cierto es que el régimen lluvioso en Honduras se ha vuelto más irregular por la tala de los bosques y por la infortunada costumbre de no sembrar árboles donde se puede hacer, basta ver los alrededores de Tegucigalpa y SPS, donde en lugar de sembrar plantas y arbolitos, cada vez hay más proyectos y lotificaciones de viviendas, que son desarrollos urbanos que deben destinarse a áreas determinadas, pero que ni siquiera deben acercarse a las zonas de amortiguamiento, donde están algunas de las fuentes de agua que surten el líquido a los habitantes de ambas ciudades. Sucede en Tegucigalpa, en el bosque de La Tigra, y en la montaña del Merendón del Valle de Sula, que cada vez son víctimas de la insensibilidad humana, no solo de empresarios, sino de personas que aducen su pobreza para vivir en esas zonas, descombrando para sembrar y para sacar leña.

Se necesita más conciencia de todos, de las autoridades para que no permitan ninguna clase de abusos, ni de empresarios “lotificadores desarrollistas”, ni de personas de cualquier nivel social que se acogen a las áreas boscosas para vivir de la venta de leña.

El agua es un régimen misterioso, nos llega por medio de la lluvia, la lluvia proviene de las nubles, y mientras haya nubes y el sol funcione con su calor para convertir el agua en estado gaseoso, habrá aguas lluvia. Lo que a los usuarios nos queda aprender es el buen hábito de ahorrar y usar correctamente el agua. El poeta argentino Jorge Luis Borges en su lírica dedicada a los ríos, dice con esa natural sabiduría que lo consagró como poeta de la vida: “quien oye caer la lluvia, recobra el tiempo en que la suerte venturosa le reveló una flor llamada rosa, la lluvia que cae como un racimo de negras uvas, de una parra caída del cielo”. Hay que apreciar el agua, como si fuera vino caído del cielo, como decía Borges.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 2 de septiembre de 2019