El fin de un país y dos sistemas

agosto 21, 2019

Tegucigalpa, Honduras

Cuando, en 1993, Inglaterra de la señora Teacher le devolviera a Hong Kong, se aceptó que era factible que en China, pudieran coexistir, dos sistemas políticos contrapuestos: la democracia liberal y el totalitarismo marxista. Para entonces China era una país pobre  y nadie pensó que, en tan poco tiempo, experimentaría un desarrollo económico tan rápido que es un ejemplo – que admite muchas críticas – que impresiona a la mayoría de los países del mundo. Ahora en cambio, en Hong Kong, mayoritariamente los capitalistas son chinos continentales; los compradores de los productos que desarrollan y producen, son comprados por empresas chinas y  el capital con que operan sus empresas, es chino. Es decir, una realidad inesperada que no solo fue difícil de imaginar siquiera, sino que además, compromete el futuro de la juventud de Hong Kong que, ha descubierto, que su futuro, el único antes de emigrar hacia occidente, se encuentra en China. Y que allí, no tienen posibilidades, porque el sistema no permite la libertad y la acción en la que han nacido y educados. Por ello, ante la excusa de la extradición hacia China, cuya dureza penal solo anuncia la pena de muerte para la mayoría de los delitos penados con cárcel en Hong Kong, se ha rebelado en una forma tan masiva que, nunca antes habíamos visto en ninguna otra parte del mundo. Poniendo en peligro no solo la estabilidad de la ex colonia inglesa, sino que además, colocando a China en un predicamento en que, cualquiera cosa que haga, saldrá perdiendo. Si les impone la fuerza a los manifestantes, perderá prestigio ante occidente. Y si no lo hace, trasmitirá a otros enclaves de bienestar dentro de su amplio territorio, un mensaje que pueden animar una cadena de protestas que pongan en precario, el difícil equilibrio de lo que más que un modelo político, parece una metáfora poética: un  país y varios sistemas.



Y, cuando todo parecía ir tan bien. Porque el acuerdo de devolución de la ex colonia a China por parte de Gran Bretaña, tiene un plazo de cincuenta años. Es decir que en 2047, China absorberá a Hong Kong y lo integrará, en igual de condiciones con el resto de su territorio, poniendo fin al extraño modelo de un país y dos sistemas económicos y políticos antagónicos.

Entonces, la revuelta es un intento de volver atrás. Los jóvenes buscan, antes del 2047, recuperar de forma plena, la libertad para evitar ser absorbidos por un modelo político autoritario, contrario a los principios liberales de la libertad, la inversión y la felicidad, sin depender del control del gobierno. Los que pactaron, jamás creyeron que China tendría tanta fuerza económica y capacidad política para impedir que este sueño se volviera una pesadilla con fecha precisa de realización.

Pero como siempre ocurre, el fracaso de la relación entre la ex colonia y la segunda potencia del mundo, tiene su lado bueno. Siempre hay lecciones, incluso hasta en las más dolorosas tragedias. Taiwán, que ha sido tentada por este modelo, que tiene su lado flaco en la fortaleza y las dimensiones continentales de China, ha demostrado que además de ser inconveniente para sus intereses, constituye una entrega de su población que ha nacido y crecido en libertad, a un sistema político que por su naturaleza arbitraria, la niega, la rompe de raíz e impide que retoñe.

Por ello, como lo pensaron los antiguos habitantes de Taiwán que nunca fueron colonia de occidente; pero que se desarrollaron desde una costilla herida por el sistema político y económico establecido por Mao en 1948, con China  no hay otro arreglo que la lucha o la sumisión. Y que ellos, prefieren la muerte – igual que los rebelados jóvenes de Hong Kong – antes que la pérdida de la libertad, porque sin ésta no serán más que esclavos de un sistema totalitario que controla incluso el pensamiento de sus ciudadanos a los que espía, dirige y domina.

Es natural entonces que Taiwán se arme para defenderse. Y que los Estados Unidos le dé el respaldo que merece, porque en su defensa y firmeza, está la línea de la libertad, ante un imperio que crece en forma desmesurada y que no tiene otro interés más que el de la unificación como fórmula de dominación. Total y absoluta

Hong Kong, continuará resistiendo. Pero al final China se impondrá. Incluso pactando algunos acuerdos favorables que les de paz y tranquilidad a una o dos generaciones más, de la antigua ex colonia británica. Pero al final, en el 2047, China se engullirá a Hong Kong de manera inevitable. Así los pactaron con los ingleses que, nunca creyeron que China crecería tanto y dominaría a casi todo  lo que se llamó la joya del Pacífico. Solo hay una salida: la resistencia, la independencia  cosa difícil en este momento – excepto que occidente se las juegue y libre una guerra contra China–, antes que ésta, haga del mundo, un solo país y un solo sistema: el autoritario que domina el Partido Comunista Chino. Y niega la libertad de todos.