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El fenómeno de contar mentiras

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Tenemos en la actualidad un reto que jamás imaginamos que tendríamos que enfrentar. Gracias a la vomitadera que circula en las redes sociales, que comunican toda clase de inmundicias, a través de ellas los cerebros desquiciados del espectro político están filtrando toda cantidad de noticias falsas, sin que haya forma de regular de alguna manera los más feroces atropellos contra cualquier persona. Los ‘fake news’ son un verdadero fenómeno que buscar validar falsedades de todo tipo, y que alcanzan más difusión cuando los ingenuos contribuyen a propalarlos entre sus contactos.

El fenómeno de difundir mentiras, dando la sensación de que son situaciones reales, ha adquirido un poder enorme en el mundo de la falsedad por el cariño que mucha gente le tiene al morbo, porque este es el quid del asunto, como en el país de los ciegos, los tuertos se creen reyes, la morbosidad se ha convertido en la corriente de moda que cada vez gana más adeptos. Vaya usted a ver ciertos medios, donde la morbosidad es lo medular, y vea que aceptación tienen en la gente de ciertos niveles, donde el morbo es una especie de alimento para sus espíritus pobres, porque entre más pobre de espíritu es la gente, más se deja carcomer por el morbo y la morbosidad.

Pues bien, gracias a ese espacio notable que ha ganado el morbo, los ‘fake news’ producen una especie de deleite, entre la gente que se nutre de ver y escuchar chismes y mentiras. Resulta que una mentirota o una mentira vulgar, contada en un ‘fake news’, una vez que llega al más simple de los ciudadanos, en el momento en que este decide compartirlo con sus contactos, la mentira empieza un recorrido infinito en  que raras veces se detiene, sino hasta que alguien con el uso de la buena razón decide borrarlo y no darle pase a otros, para que la mentira no se extienda.

Decimos que la clave para parar el efecto chocarrero de un ‘fake news’, es que. en el momento que usted lo recibe haga lo que una persona correcta debe hacer: bórrelo, bórrelo de inmediato, no le de tráfico al ‘fake news’, porque al borrarlo se interrumpe el efecto de la maldad que hay en los malandrines sociales, que son los que crean las noticias falsas que tienen toda la apariencia de veracidad. Somos un país con una población altamente analfabeta, pero por desgracia, entre los que saben leer hay una inclinación alarmante por ilustrarse leyendo solo lo que aparece en las redes sociales, donde el 90% del contenido se ha comprobado que dista mucho de la realidad y de la verdad.

No hay forma de control de las vomitaderas que circulan en las redes sociales, lo único que queda es la autoregulación que podemos hacer los ciudadanos cuando vemos que en nuestro aparato aparece un ‘fake news’ anunciando supuestas situaciones que a primera vista brotan por su falsedad. Alguna vez los medios y los prestadores de servicios de internet deberían de recapacitar en el daño social y emocional que crean al preservar el derecho a transmitir la falsedad y la mentira. Nadie puede invocar el majestuoso derecho a la libertad de expresión para decir y transmitir mentiras y falsedades. Quien defienda un seudo derecho de esa magnitud es porque tiene retorcida la mente y porque es un abierto partidario de la mentira y la falsedad como arma para atacar cuando no se tiene elementos ni argumentos verdaderos.

En Honduras se requerirán las medidas que están tomando países serios como Alemania, donde está vigente una ley que penaliza a cualquier persona que se compruebe usa las redes sociales de manera deleznable para difundir ‘fake news’ o cualquier tipo de mentiras.

Esa ley multa la no eliminación inmediata de determinados mensajes o noticias falsas, igual medida ha tomado el gobierno francés, que llega al extremo de penalizar como delito grave, a quien transmita mentiras en las redes sociales. Y en ambos países no se habla de que hay una violación al derecho constitucional a informar con libertad, porque quien escribe mentiras a través de los ‘fake news’ no es un comunicador, es un falseador de la verdad que denigra la misión informativa.

Tenemos enfrente un desafío que tarde o temprano debemos encarar, pero debemos tratarlo con seriedad y valentía, comenzando por las organizaciones periodísticas que hay en Honduras, que deben entender que no se defiende la libertad de expresión concediéndole carta de ciudadanía a las falsedades y mentiras que se comunican por los ‘fake news’.

Hay que establecer una política pública, entre el sector privado y público, que en forma decidida combata la difusión de noticias falsas por las redes sociales. Es una necesidad para garantizar la salud social y mental de los hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 5 de diciembre de 2018.